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CAPÍTULO 14 de "El Restaurador", -BRUNO LOHSE EN MILÁN

CAPÍTULO 14 de "El Restaurador", -BRUNO LOHSE EN MILÁN

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09/27/2012

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El restaurador y la madonnina della creazione
 
Salvador Bayona_________________________________________________________________________ 
 
XIV.- BRUNO LOHSE EN MILÁN
En Milán, Bruno Lohse se había encontrado en el propio consulado alemánde via Solferino con aquella burocracia italiana que tanto temiera durante eltrayecto desde Francia, y que le hacía morderse los nudillos con rabia cuando,hora tras hora, el secretario repetía que no, que no habían llegado todavía lostelegramas de Roma, y aunque a primera hora de aquel miércoles la confirmacióndel permiso de exportación ya se encontraba allí, el tema de los pagarés en divisasuiza se estaba eternizando, y resultó tanto más desesperante cuanto que amediodía el vagón, cargado de preciosos muebles y obras de arte estuvodispuesto y su mente no tenía otra cosa que hacer que maldecir la tardanza.Por supuesto, hubiera podido partir sin la tabla de la Madonnina DellaCreazione la cual, al final, quedaría unos días más tarde en custodia en elconsulado hasta que fuera posible su traslado, pero se resistía a concluir laoperación sin aquella obra, especialmente después de haber llegado con Scarampaa un acuerdo ante las mismísimas narices de Phillip de Hessen, principalmenteporque el trofeo suponía la evidencia del triunfo, y necesitaba esta evidencia tantopara afianzar su nuevo puesto ante Hans Posse, el Referent für Sonderfragen, aquien seguramente le agradaría conocer sus dotes como negociador, como paraque éste consiguiera ante Göring una posición de privilegio en detrimento delEinsatzstab Reichleister Rosemberg.Y ahora, tras haber enviado por la mañana un telegrama confirmando laadquisición de la Madonnina, ya no había marcha atrás.La negociación le había llevado toda la mañana del día anterior, lo cualpodía ser poco o mucho tiempo, dependiendo de si se tenía en cuenta lanaturaleza de la obra, la resistencia a la venta, y las gestiones previas de Phillip deHessen, de manera que para conseguir un acuerdo inmediato había tenido quedesplegar toda la batería de amenazas que le permitía el informe sobre Scarampaque el príncipe facilitara en su momento a Rosemberg y que ahora obraba en supoder, y aún así no había podido conseguirlo sin plegarse a ciertas exigencias dela otra parte en lo referente al pago.Aquel día, mientras sus arrítmicos pasos de tullido recorrían arriba y abajoel pequeño despacho del consulado en el que aguardaba, se lamentaba de habercedido ante Scarampa en aquello, y analizaba los motivos que le habían llevado a
 
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El restaurador y la madonnina della creazione
 
Salvador Bayona_________________________________________________________________________ 
 
hacerlo. Sin duda, la presión de la inmediatez en el pago había jugado un papeldecisivo, pues de ninguna otra forma el silencioso y desconfiado propietarioparecía estar dispuesto a desprenderse de la tabla en tan solo un día, perotambién, pensaba ahora, había consentido en ello a sabiendas de que aquellapotestad era un símbolo del poder que él ostentaba, en detrimento del de Hessenquien, de haber negociado con su propio dinero bien hubiera podido hacerlo, peroque, actuando en nombre de la Einsatzstab carecía de autoridad suficiente comopara pagar en otra moneda que no fueran los marcos alemanes. De aquellamanera había dejado claro ante su rival que únicamente él podía haber cerradoaquel trato.
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¡Le felicito sinceramente! –había dicho éste en el coche, durante su breveretorno a Como-. Ha conseguido usted doblegar a Scarampa. Por mi parte,creo que le había juzgado mal. Definitivamente me equivoqué con usted,de manera que debo presentarle mis disculpas.Aunque sentía un orgulloso acaloramiento cuando recordaba este episodio,sucedido el día anterior, no dejaba de inquietarse por el inesperadocomportamiento del de Hessen, el cual se había mantenido en un absolutosegundo plano, con una sumisión casi perfecta a su autoridad tan cercana a lahumildad que era absolutamente incompatible con la idea que se había formadode él desde la famosa reunión con Rosemberg y von Behr. Esta cuestión distraía supensamiento mientras esperaba la llegada del cónsul con los pagarés en uncontinuo debate consigo mismo.
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Es posible que yo también estuviera equivocado respecto al príncipe. Al finy al cabo, únicamente le había visto una vez antes que ahora y en aquellaocasión no estuve precisamente... “afortunado”. Es probable que él ni tansiquiera se enterara de lo que pasó con el informe de la Einsatzstab hastaalgún tiempo después.
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Sin embargo, no cabe ninguna duda que entre Rosemberg, el barón y élexistía un acuerdo para sacar tajada en las adquisiciones de artedegenerado, y, por tanto, sin duda debió conocer que mi informe resultabaopuesto a sus intereses casi al mismo tiempo que los otros dos.
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Pero, por otra parte, él actuaba como agente libre y, por lo tanto, nocometió ninguna falta moral, puesto que su obligación como parteinteresada, y muy probablemente yo hubiera hecho lo mismo en suscircunstancias, era conseguir que aprobaran el mayor número de suspropuestas.
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Aunque no lo hubiera podido conseguir si no hubiera existido aquellaconnivencia.
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Pero si yo hubiera de vivir de mis intermediaciones ¿acaso no intentaríavalerme de todos los medios a mi alcance para conseguir un granbeneficio?, ¿acaso o habría sido faltar al deber conmigo mismo el dejar de
 
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El restaurador y la madonnina della creazione
 
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poner en juego todos los recursos aún cuando supongan aprovecharme dela debilidad ética de terceras personas?
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Si bien es cierto que, muy probablemente esa ética no se habría fracturadode no ser por la intervención de quienes se pliegan a los juegos decorrupción, como si quien tirara una piedra contra una vidriera pretendierano ser culpable de su rotura.
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Cabe considerar también que si la naturaleza de Rosemberg y el barón estan mezquina como parece, habrían acabado haciendo exactamente lomismo con otro intermediario, y, al fin y al cabo, él únicamente se valió desu debilidad para sacar provecho, lo cual es perfectamente compatible conel principio de supervivencia del más fuerte, que es un principio universal.Recordó la irritación que había sentido aquel domingo contra la irracionalobstinación del general que hacía atravesar los Alpes a sus hombres paraembarcarlos en otro puerto, distante cientos de kilómetros del lugar más lógico y,aunque ahora consideraba que tal vez el general tuviera poderosas razones que éldesconocía para ordenar aquella marcha, se resistía a ser similar a él dejándoseaconsejar por la soberbia que tanto le había disgustado, de modo que decidióaplazar su particular juicio contra Phillip de Hessen.Así, finalmente, resolvió que debía sobreponerse a su animadversión contrael príncipe, la cual seguramente procedía de su asociación con los acontecimientosque se derivaron de su informe y que, si aquel había sido capaz de reconocer elerror que había cometido al juzgarlo prematuramente, él no había decorresponder con menos.Miró nuevamente el reloj: las siete y media de la tarde. Supuso que elcamión ya hacía tiempo que debía de haber cargado los dos muebles del palazzoVolpi y se encontraría esperando órdenes. De pronto, al pensar que la lentitud delconsulado le había impedido estar allí para supervisar la carga, aquel generaldesconocido le volvió a parecer un estúpido que ostentaba galones inmerecidos yel príncipe un peligroso ser de manejos oscuros.Sin embargo el margen de tiempo se reducía cada vez más y se vioobligado a admitir que, en caso de no contar a tiempo con el pagaré, no podríacerrar la operación de no echar mano de los servicios de Phillip de Hessen. Así,decidió poner a prueba las conclusiones provisionales acerca de él a las que habíallegado anteriormente y le llamó desde el teléfono de la embajada.El príncipe se encontraba en su casa y, aunque su voz al aparato sonó tancordial como cabía esperar, Bruno no consiguió quitarse de la cabeza que estabahaciendo mal al concederle aquel margen de confianza. Sin embargo sabía que nopodía hacer otra cosa que encomendarle algunos asuntos menores que, sinembargo, habrían de hacerle ganar un tiempo precioso, como eran enviar unmensaje a Scarampa, y esperarle en casa de éste con el camión y el notario, quien,a pesar de haber sido avisado el día anterior, bien podía escabullirse y dar al trastecon toda la operación.

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