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COMEDIA-DRAMA-TRAGEDIA

COMEDIA-DRAMA-TRAGEDIA

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05/08/2014

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¿DÓNDE VAS ALFONSO XII?
Luca de Tena
Con el telón de boca corrido y la sala apagada, se ilumina con uno o dos focos azules el pasillocentral del patio de butacas, que finge ser una calle de Madrid, donde el rey 
ALFONSO XII
encuentra a un
TRANSEÚNTE
y se pone a hablar con él. Hablando y andando despacio avanzanlos dos hacia el escenario. Cuando el diálogo esté mediado, se levantará el telón. Detrás de él habrá una perspectiva de la plaza de Oriente. Cuando el diálogo termina, los dos personajesestán ya en el escenarioEl rey va embozado con una airosa capa. El transeúnte llevará abrigo.
ALFONSO.– Usted perdone, caballero. Estoy desde hace pocos días en Madrid, dedonde salí muy pequeño, y esta noche, al volver a mi casa, me he extraviado. ¿Podríausted indicarme por dónde se va a la plaza de Oriente?TRANSEÚNTE.– Sí, hombre, sí; está muy cerca. Yo también vivo por allí. Si quiere, leacompaño.ALFONSO.– Con mucho gusto.
(Echan a andar.)
TRANSEÚNTE.– ¿De modo que es usted forastero?ALFONSO.– Forastero, no. Yo nací en Madrid, precisamente en la casa donde vivoahora, pero he pasado en el extranjero muchos años.TRANSEÚNTE.– Muchos no serán, porque es usted un chiquillo.ALFONSO.– No tanto.TRANSEÚNTE.– ¿No? ¿Pues cuántos tiene usted?ALFONSO.– Los suficientes.TRANSEÚNTE.– Los pollos de ahora están ustedes muy pagados de sí mismos. Yo, amis hijos, no les dejo salir de noche hasta que cumplen los veinticinco. ¿Usted no tienea nadie que le riña?ALFONSO.– Pues verá usted..., sí. Hay un señor, malagueño por más señas, que mesuele reñir bastante. En cambio hay otro, madrileño este último, que me deja hacer todolo que yo quiero.TRANSEÚNTE.– ¿Y qué son, sus tutores?ALFONSO.– Algo así...TRANSEÚNTE.– ¿Y hace pocos días que está usted en Madrid?ALFONSO.– Sí, señor, muy pocos.TRANSEÚNTE.– Entonces no habrá visto usted todavía a nuestro reyALFONSO.– Pues no, aún no.TRANSEÚNTE.–– ¡Yo sí!ALFONSO– Le vería usted de muy lejos.TRANSEÚNTE– Le aplaudí, el día que llegó, desde un balcón de mi casa. Y grité,¡Cristo!, "grité más que el día que echamos a la madre".ALFONSO.– Vaya!TRANSEÚNTE.– Dicen que por las noches se escapa de palacio y se dedica a pasear por Madrid, completamente solo.ALFONSO.– No haga usted caso, ¡habladurías de la gente!...
 
TRANSEÚNTE.– Y hasta dicen que corre sus aventuras. Se habla de cierta tabernaen...
(Le habla al oído.)
¿Eh...? ¿Eh...?ALFONSO.– ¡Jé! ¿Ah, sí?TRANSEÚNTE.– Pues ahora sentará la cabeza. Dicen que se casa.ALFONSO.– ¡No me diga!TRANSEÚNTE.– ¡Sí, hombre, sí! Con la princesa Mercedes de Orleans; una hija deaquel mal bicho de Montpensier.ALFONSO.– Pues no había oído nada. ¿Y a usted, qué le parece esa boda?TRANSEÚNTE.– Pues, mire usted, la verdad: a mi muy bien, aunque la novia sea hijade ese franchute ambicioso. Dicen que la muchacha es preciosa.ALFONSO.– ¿Ah, si? A lo peor no tanto.TRANSEÚNTE.– ¡Sí, hombre, sí; qué me va a decir usted a mí! Es preciosa. Yencantadora. Y dicen que es muy inteligente. Y, además, española. ¿No le parece austed que es mejor a que nos traigan una reina de extranjis? Y, además, católica. Ymuy piadosa.ALFONSO.– ¡Vamos, que lo reúne todo!TRANSEÚNTE.– ¡Todo! Y, además...ALFONSO.– ¿Todavía tiene más cualidades?TRANSEÚNTE– Para mí, la mejor.
(Dándole con el 
codo.) Dicen que la reina Isabelestá furiosa con la boda, ¡ja, ja! Y a Cánovas, parece que tampoco le gusta, ¡ja, ja!
(Sedobla de risa.)
ALFONSO.– (Sin
 poderse contener.)
¡Pepe Alcañices es genial!TRANSEÚNTE.– ¿Cómo dice usted?ALFONSO.– Nada, reflexiones mías.TRANSEÚNTE.– ¡Bueno, caballero, pues ya hemos llegado! Esta es la plaza deOriente. He tenido mucho gusto en conocerle...ALFONSO.Y yo le quedo muy agradecido por haberme acompañado.
(Presentándose.)
Alfonso XII... Aquí, en palacio, tiene usted su casa.TRANSEÚNTE.– (
Sin
 
inmutarse.) ¡
Muchas gracias, hombre! Yo, o Nono. En elVaticano, a su disposición...
Séptima estampa
LA BARCA SIN PESCADOR
Despacho del financiero Ricardo Jordán. En escena RICARDO, abismado en un sillón. Seabre lentamente una puerta corrediza, dando paso al CABALLERO DE NEGRO. Esteviste chaqué y trae al brazo su carpeta de negocios. Avanza en silencio y habla sobre el hombro de RICARDO con cierta solemnidad confidencial.
CABALLERO.- No lo pienses más, Ricardo Jordán. Tu amante te ha traicionado. Tusamigos, también. Estás al borde de la ruina. Tal vez de la cárcel. En estas condiciones, elúnico que puede salvarte soy yo.
(RICARDO mira, sorprendido, a su alrededor y luego al desconocido, como si tardara en darsecuenta).
RICARDO.- (
Se levanta
). ¿Quién es usted?
 
CABALLERO.- Un viejo amigo. Cuando eras niño y tenías fe, soñabas conmigo muchasnoches. ¿No te acuerdas de mí?RICARDO.- Creo que he visto esa cara alguna vez..., no sé dónde.CABALLERO.- En un libro de estampas que tea tu madre, donde se hablabaingenuamente del cielo y del infierno. ¿Recuerdas? Página octava..., a la izquierda.RICARDO.- (
Mirándole fijamente
). ¿Entre una nube de humo? ¿Con una capa roja y unapluma de gallo?CABALLERO.- Era el traje de la época. Ha habido que cambiar un poco la tramoya y laguardarropía, para ponerse a tono.RICARDO.- (
No queriendo creer 
). ¡No!...CABALLERO.- Sí.RICARDO.- (
Se restriega los ojos
). Hablemos en serio, por favor... No pretendehacerme creer que estoy tratando con..., con...CABALLERO.- Dilo sin miedo. Con el diablo en persona.RICARDO.- ¡Demonio!CABALLERO.- También. Todos mis nombres se usan como exclamación.RICARDO - (
Tratando de reaccionar 
). Desconocido señor, yo no sé de qué manicomio seha escapado usted ni qué es lo que se propone. Pero le advierto que ha elegido muy malmomento.CABALLERO.- Malo, ¿por qué? ¿No estabas desesperado cuando llegué?RICARDO.- Eso, sí; puedo jurarlo.CABALLERO.- ¿Entonces...? Yo siempre elijo para los hombres ese mal cuarto de horaque vosotros elegís para las mujeres.RICARDO.- Pero, ¿se da cuenta de lo absurdo de esta situación? Usted no puede estar ahí, aunque lo crea. El diablo no es un personaje de carne y hueso. Es una ideaabstracta.CABALLERO.- Y, sin embargo, aquí me tienes. De cuando en cuando, hasta las ideasabstractas necesitamos salir a estirar las piernas.RICARDO.- No puede ser. Una aparición en estos tiempos... ¡y con esa facha!CABALLERO.- (
Ofendido, mirándose
). ¿Facha?RICARDO.- Perdón; quiero decir, con ese aspecto provinciano, de pequeño burgués.CABALLERO.- Te diré: en realidad hay tres diablos distintos, según la jerarquía de lasalmas. Hay uno aristocrático y sutil, para tentar a los reyes y a los santos. Hay otroapasionado y popular, para uso de los poetas y los campesinos. Yo soy el diablo de laclase media.RICARDO.- Ahora me explico el chaqué, y hasta la carpeta de negocios. ¿No le parecedemasiada naturalidad?CABALLERO.- La naturalidad siempre esbien. Incluso para lo sobrenatural. Conpermiso. (
Se sienta tranquilamente y se sirve un vaso
).RICARDO.- Ea, basta de bromas estúpidas. O usted se retira ahora mismo, o haré que lopongan en la calle.CABALLERO.- Creo que vas a perder el tiempo, pero inténtalo. (
Se sirve soda. Bebe.RICARDO aprieta en vano el timbre y luego trata de llamar por teléfono. El CABALLERODE NEGRO comenta sin mirar 
). Es inútil. El timbre no sonará. El teléfono tampoco.RICARDO. - (
Llamando en voz alta
). ¡Juan!... ¡Juan!...CABALLERO.- No te canses; mientras yo esté aquí, nadie se moverá ni escuchará tu voz.El tiempo mismo se quedará dormido en los relojes.
(RICARDO mira el reloj. El péndulo se detiene).
RICARDO.- Pero entonces... es verdad. ¿No estoy soñando?CABALLERO.- Pronto te convencerás del todo. Siéntate tranquilo y hablemos como dosbuenos amigos.RICARDO.- Eso de amigos...

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Andrea Janeth Rodriguez added this note
REPRESENTANTES DE LA TRAJEDIA Y LA COMEDIA
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Yordany Jerez added this note
kiero k medigan un drama una trajedia y una comedia
Susy Ledesma liked this

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