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Manuel Muela 2

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12/28/2009

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UNA PROPUESTA REPUBLICANA PARA ESPAÑAMANUEL MUELA(Presidente del CIERE)El mes de abril se ha convertido en la referencia temporal de la República yel republicanismo, porque fue un 14 de abril de 1931 cuando se proclamó laSegunda República Española. Pero, sin menoscabo de la memoria y de lahonra del pasado, es importante señalar que la evolución política de Españay la defensa de los intereses generales de los españoles justifica que elrepublicanismo espol, heredero de la mejor tradicn liberal ydemocrática de nuestro país, se resista a quedar encasillado en la memoria ylos libros de historia sin nada que aportar al devenir político de España.Especialmente, en un tiempo en el que el fracaso del régimen constitucionalde 1978 pone sobre la mesa la necesidad de articular un nuevo ordenconstitucional, que recupere para todos los españoles los valores de lalibertad y la igualdad.La Constitución de diciembre de 1978 fue, en mi opinión, el producto deuna circunstancia muy especial que, posiblemente, no permitía otrasalternativas teniendo en cuenta la desertización política de la España deaquel momento y la práctica ausencia de la sociedad civil. A los españolesde entonces, nada familiarizados con la libertad, se nos otorunaconstitución formalmente democrática, que ha procurado afianzar unsistema político caracterizado por la protección absoluta a sus integrantes endetrimento del desarrollo y fortalecimiento de la sociedad civil: losespañoles somos convocados periódicamente a las consultas electorales,bastante ahormadas por los partidos con sus listas cerradas y bloqueadas, ypoco más. A pesar de ello y del alejamiento de los ciudadanos de la política,es una evidencia que la sociedad española ha ido enriqueciéndose con losvalores de la paz, la tolerancia y la secularización, lo que no es poco; perotodavía es deficitaria en la educación, en la exigencia cívica y en el sentidoparticipativo de la vida pública, valores todos que deben conformar unproyecto democrático nacional. Es lógico que haya sido así, porque hemoscarecido de las semillas de las que había de surgir el árbol de ese orden civilsuperior.Ningún trauma histórico es gratuito y España es ejemplo de ello. Todavíahoy existen aspectos de nuestra vida pública, la propia monarquía entreellos, sustraídos a la crítica y a la controversia, porque predomina unsentimiento totémico que no es propio de un país moderno y libre. Es lo queel profesor ViceNavarro ha denominado, con expresn feliz, “lademocracia incompleta”. Por eso, sin perjuicio de otras consideraciones,pensar que el carácter instrumental, y por ello transitorio, de la monarquíarestaurada en 1975 y la constitución otorgada por ella puedan trascender aun orden permanente se nos antoja una pretensión desmedida, tanto desde elpunto de vista doctrinal como desde unas mínimas exigencias de plenituddemocrática.España pretende y tiene derecho a madurar en la libertad, razón por la quelos españoles hemos de procurar la recuperación de nuestra integridaddemocrática, sin apasionamiento pero con decisión. No somos deudores denada ni de nadie, y lo único que resulta incuestionable es la defensa firme dela constelación de libertades civiles y derechos políticos, que hacen posible
 
el ejercicio de la democracia. El resto, en todo caso, será prólogo, pero nadamás.Por eso resulta conveniente y urgente que, ante la crisis constitucional –quees proclamada casi a diario por los partidos garantes del régimen de 1978–,la sociedad española pueda debatir sin cautelas ni cortapisas sobre elproyecto que debería sustituir al ya caduco de 1978, que fue producto deuna circunstancia singular. Porque España es hoy una potencia económicarelevante en el seno de la Unn Europea que, sin embargo, aparecepolíticamente como un país desvertebrado que puede terminar siendofagocitado por esas nuevas satrapías en que se van convirtiendo lasComunidades Autónomas, que han vaciado al Estado de recursos paraejecutar y dirigir las políticas de interés general.Tres ejes fundamentalesLa realidad espola y la exigencia civil y democrática justifican queEspaña se dote de un orden nacional e integrador, la República, que vele porla libertad y la igualdad de los españoles. Tal orden se construiría alrededorde tres ejes fundamentales:El Jefe del Estado sería elegido por sufragio universal directo y secreto detodos los españoles, asignándole facultades ejecutivas suficientes paracontribuir al equilibrio y separación de poderes, convirtiéndolo en garantede la unidad nacional y referencia clara de su soberanía.Las Cortes serían unicamerales, constituidas por un Congreso de losDiputados elegido mediante un nuevo sistema electoral concircunscripciones más reducidas, en el que los electores se conviertan en losverdaderos árbitros del proceso. Los partidos políticos serán parte de él,pero no los protagonistas casi absolutos como lo son ahora. Eso es propio deregímenes caciquiles que no son admisibles en un país desarrollado del sigloXXI. La situación española actual y los recientes y clamorosos fracasos delos últimos referéndum autonómicos nos ahorran mayores explicaciones.El desarrollo autonómico a lo largo de 25 años ha dejado al Poder Centralcasi vacío de medios y facultades para ejercer su papel de gobernar al país,hasta el punto de que, con la mayor frivolidad, se pone en tela de juicio launidad de la nación, que fue uno de los grandes logros de los liberalesespañoles en el siglo XIX. Por ello, es obligado insistir en el valor de launidad nacional si se pretende lograr la igualdad, la libertad y el bienestar delos españoles. Desde el republicanismo hay que denunciar el error que hasupuesto considerar la unidad como algo propio de los sectores más ranciosy retardatarios de la política española, desdeñando toda una tradición dedefensa del Estado y de la nación que lo sustenta, enlazados ambos por losprincipios de la democracia.Dada la situación creada, y ése sería el tercer eje de la propuesta, valdría lapena recuperar la concepción republicana del Estado Integral, construcción jurídica inteligente y respetuosa con los derechos de las regiones, paraestablecer límites claros y precisos a su derecho a la autonomía, delimitandoy cerrando su marco de competencias. La regulación de ese nuevo marcocompetencial habría de basarse en la idea de reforzamiento de los poderesdel Estado, como garante de la libertad y la igualdad de los españoles,recuperando la mayor parte del poder perdido en educación, sanidad yvivienda, por citar algunas materias sensibles, junto con el enriquecimiento

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