Por Javier Das
Se ha escrito mucho y se sigue haciendo sobre qué mueve a una personaa crear un poema. Yo me siento muy identificado con esa rama depoetas que buscan contar cosas. Historias que les han ocurrido, que leshan marcado, incluso que han vivido en sus propias carnes en muchosde los casos. Me gustan los poemarios escritos desde la necesidad decontar, de compartir con el que lo lee una serie de experiencias,vivencias o pensamientos con unas raíces muy terrenales. ÁngelRodríguez (Voltios para los que le conocimos en el mundo de los blogs)nos abre las puertas de su vida, de lo que ha sido y de lo que esactualmente, y también pedazos de vidas de otros que, mediante suspalabras, se nos hacen visibles.Se ha escrito mucho y se sigue haciendo sobre qué mueve a una personaa crear un poema. Yo me siento muy identificado con esa rama depoetas que buscan contar cosas. Historias que les han ocurrido, que leshan marcado, incluso que han vivido en sus propias carnes en muchosde los casos. Me gustan los poemarios escritos desde la necesidad decontar, de compartir con el que lo lee una serie de experiencias,vivencias o pensamientos con unas raíces muy terrenales. ÁngelRodríguez (Voltios para los que le conocimos en el mundo de los blogs)nos abre las puertas de su vida, de lo que ha sido y de lo que esactualmente, y también pedazos de vidas de otros que, mediante suspalabras, se nos hacen visibles.El poemario está escrito en su totalidad con un lenguaje claro, muy “dela calle”, que nos facilita el protagonizar, por ejemplo, imágenes de lainfancia en el barrio de Leganés, porque es justamente con esosrecuerdos con los que abre el poemario, recopilados en un capítulotitulado Antaños. Drogas, peleas y regaliz conviven como un extraño tríoen estos primeros versos, donde la mirada de un niño es la que nosacerca muchas veces a la realidad de ese barrio hace ya más de treintaaños:
“sabías que robaba / calderilla / del monedero de mi madre / paracomprarte regalices”.
El poemario está escrito en su totalidad con un lenguaje claro, muy “dela calle”, que nos facilita el protagonizar, por ejemplo, imágenes de lainfancia en el barrio de Leganés, porque es justamente con esosrecuerdos con los que abre el poemario, recopilados en un capítulotitulado Antaños. Drogas, peleas y regaliz conviven como un extraño tríoen estos primeros versos, donde la mirada de un niño es la que nosacerca muchas veces a la realidad de ese barrio hace ya más de treintaaños:
“sabías que robaba / calderilla / del monedero de mi madre / paracomprarte regalices”.
Interesante también en esta primera parte es el acto de “echar la vistaatrás”, cómo se ve el pasado una vez que uno ha crecido y se da cuentade muchos detalles que siendo niño pasaron desapercibidos:
“desde micasa / caigo / en que fueron dos tardes / enteras / las que tardó mimadre / en forjar los versos / que me hicieron / injusto vencedor deldiploma”.
Interesante también en esta primera parte es el acto de “echar la vistaatrás”, cómo se ve el pasado una vez que uno ha crecido y se da cuentade muchos detalles que siendo niño pasaron desapercibidos:
“desde micasa / caigo / en que fueron dos tardes / enteras / las que tardó mimadre / en forjar los versos / que me hicieron / injusto vencedor deldiploma”.
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