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EL PRIMER VIRREINATO AMERICANO -Roberto Cassá

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HISTORIA DOMINICANA
HISTORIA DOMINICANA

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EL PRIMER VIRREINATO AMERICANO
 Roberto Cassá* Raymundo González**Genaro Rodríguez Morel***
Esta ponencia está orientada a retomar el debatido tema del primeremplazamiento español en América, establecido en la isla de SantoDomingo (Haití o La Española) a fines de 1493. Como es bien sabido,los contornos del proyecto de expansión de la monarquía castellana seperfilaron inicialmente de manera exclusiva dentro de los marcos de lasociedad mercantil establecida entre la corona española y CristóbalColón y de las atribuciones acordadas por la primera a este último.Colón se encontraba de tal manera en una doble condición de sujetoprivado y funcionario investido de prerrogativas inherentes a laautoridad española en las nuevas tierras.Esta posición de Colón dio lugar a una situación
sui generis
comocaracterística de la etapa en que la presencia española
 
estuvo vinculada asu persona. Recibió atribuciones de autoridad
 
prácticamente omnímodasy una participación exclusiva
 
dentro de los beneficios económicos delproyecto. Tal tipo de
 
posición, si bien todavía se estilaba entre figurasprominentes
 
del aparato de la monarquía absoluta, provenía de laatribución
 
de dignidades gubernamentales a nobles que conmutaban
 
derechos. Reconocido como “grande”, en la cúspide de la nobleza deCastilla, Colón quedó investido, en forma vitalicia
 
y hereditaria, de lacondición de virrey y almirante. De la
 
misma manera, se le otorgaba lapotestad para conocer los casos de apelación en el sistema judicial. En elaspecto económico, recibiría una décima parte de los beneficios enmetales y piedras preciosas y especies, y hasta un octavo de losbeneficios comerciales, siempre y cuando aportara los recursoscorrespondientes para la empresa.1
 
Estos puntos ponen en evidencia que existía un doble propósito en laempresa proyectada entre los reyes y Colón: el mercantil y el territorial.El fortalecimiento de la monarquía absoluta retroalimentó los
 
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requerimientos para una expansión ultramarina de la cual se derivan eningresos extraordinarios, especialmente en metales preciosos y otrosartículos que arrojasen valores elevados. Desde su fase de definición,estaba claro que la empresa traspasaba los marcos de la experienciaportuguesa en África, limitada a fortificaciones concebidas para entablarrelaciones comerciales con las formaciones socia les cercanas. Elacuerdo entre las dos partes presuponía implícitamente la posibilidad dela expansión militar, por lo que empezó a plasmarse con la fundación delfuerte de La Navidad.Más allá, sin embargo, era casi nada lo que estaba predefinido. Laempresa colonizadora, como cualquier otra, estaría sujeta aespecificaciones y concreciones, pero en mayor grado que en un entornocomún, puesto que tenía como referencia un espacio brumoso, lo que seconocía, entre confusiones y errores, del Asia oriental. En la práctica, elcontacto con un panorama desconocido conllevaría redefinicionesobligadas en el corto plazo.Lo más importante dentro de este ámbito de indefinición fue que lasociedad mercantil excluía a los españoles, como entes privados, de laparticipación en los beneficios. La explotación de los recursos de lasnuevas tierras debería quedar reservada en lo fundamental a la sociedadmercantil.Con un primer conocimiento del espacio antillano, a fines de 1492, elescenario inesperado, magnificado por la distancia y la precariedad delas comunicaciones, iría a redundar en beneficio de la ratificación de laautoridad omnímoda de Colón. Los amplios márgenes de autoridad quese le ratificaron en los primeros meses de 1493 significaban que losmonarcas españoles captaron que el futuro de la empresa seguía sujeto ala capacidad excepcional de Colón.Tal interés compartido no fue óbice para que, desde sus orígenes, laempresa en realidad albergara dos proyectos, en retroalimentaciónobligada y creciente tensión. La monarquía apuntaba, aun fueseconfusamente en sus inicios, a instaurar un orden similar al que había yalogrado en la Península dentro del absolutismo. Colón, por su parte, selimitaba a tratar de detentar la mayor concentración posible deprerrogativas vinculadas a su persona. El beneficio de una de las partes
 
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se hacía necesaria mente a costa del perjuicio de la otra. A la larga, apesar de las coincidencias iniciales de obtención de beneficioscompartidos y de la extensión de la soberanía castellana a las tierras“descubiertas”, se desprendían dos esquemas de sociedad. El virreinatode Colón iría tomando forma en una rápida evolución determinada por el juego de los intereses involucrados.La situación excepcional impuesta por Colón como condición paraintegrarse a la empresa, tuvo que ser aceptada por los monarcas, noobstante contravenir el designio absolutista. Así consta, además de lascapitulaciones –ratificadas con el privilegio de sello rodado en mayo de1493–, por las instrucciones del segundo y tercer viajes, además demúltiples cédulas en las que se recalca la autoridad del Almirante. Porejemplo, después de las primeras quejas sobre el gobierno del Almirante,los reyes señalan que don Cristóbal Colón “es nuestro virrey egobernador (…) por virtud de nuestras cartas de poderes que para ello lemandamos dar e dimos”, ordenando que se le obedeciere en todo “comosi nos en persona vos lo mandásemos, so las penas que vos pusiere emandare poner de nuestra parte, las cuales por la presente vos ponemos ehabemos por puestas; e para las ejecutar en los que lo contrario hicieren,damos poder cumplido al dicho almirante don Cristóbal Colón o a quiensu poder hubiere”.2Hasta cierto punto, a Colón se le dejó carta abierta, aunque suautoridad quedó con múltiples áreas indefinidas, sujetas a resolucionesulteriores, e incluso a cuestionamientos velados. Los monarcas en todomomento procuraron restringir los alcances de la autoridad del molestosocio y funcionario, con el fin de prevenir cualquier tentación feudal; enlos hechos, sin embargo, los controles del aparato estatal metropolitanono podían operar, de lo que Colón mostró esmero, con el fin deperpetuar su control. El virrey-almirante pudo detentar un margencrucial para definir los contenidos y los procedimientos de la empresa ydel ordenamiento global de la expansión castellana. Tal potestad lepermitió operar en el sentido exclusivista de privilegiar su interéspersonal en desmedro de un diseño global, como era lógico en laperspectiva de los monarcas.3

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