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Lunes, 14 de agosto de 2000. AÑO XII. NUMERO 3.913. PRECIO: 125 PTAS. / 0,75 EUROÚLTIMAS NOTICIASTU CORREOSUPLEMENTOSSERVICIOSMULTIMEDIACHARLASTIENDALOTERÍAS
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Cuando llega el tiempo en que se podría, ha pasado en el que se pudo (Marie von Ebner-Eschenbach)
UVE
UN VERANO «A» / UN VERANO «Z» / BENIDORM
El Manhattan mediterráneo
JUAN BONILLA
Benidorm, «Beni-York», «Beni Hill»... Cada uno llama como le da la gana aesta torre de babel de rascacielos, arena, sexo y pasta, mucha pasta,que cada año recibe cuatro millones de visitantes. Aquel pueblito depescadores de la década de los 50 sufrió la metamorfosis de laespeculación y hoy es una meca esquizofrénica del turismo nacional y,sobre todo, internacional.
Algún ocurrente bautizóBenidorm como Beni-york, pero muchos de losturistas británicos que loatestan todo en esta yamítica localidad costeraprefieren denominarlaBeni Hill, en unaestupenda anfibologíaque permite haceralusión a las colinas de laciudad (los rascacielos) yal más soez de loshumoristas ingleses.Desde luego, situviéramos que elegir aun humorista para querepresentara lo quesignifica Benidorm,ninguno mejor que BeniHill o cualquiera de sus traducciones castellanas (Juanito Navarroy gente así). De hecho, en los clubes que contratan a humoristascasi se les exige el carné de filiación: si ven que saben quién eraJacques Tati no se le contrata. Si se acompaña de una hembraexplosiva, esta noche a las diez empiezas muchacho, vas ahacerte de oro.
¿Puede definirse a una ciudad, a una criatura, a cualquier cosa con unsolo detalle? Es improbable, pero estaremos de acuerdo en que si noscuentan de alguien que es de los que consideran una mariconadaestrechar la mano a otro sin partirle un par de huesos, nos podremoshacer una idea aproximada de qué clase de persona es. De Benidormpodríamos contar un detalle en apariencia banal: aquí se celebra unFestival de la Canción en el que hace unas temporadas ganó un grupollamado Romero y sus amigos, compuesto por el tal Romero, unos músicosy un coro de treinta niños ciegos. A partir de ahí, pueden ustedeshacerse una idea del lugar. Pero para completar la imagen les ayudarédiciendo que en Benidorm también abundan en verano los que consideranuna mariconada estrechar la mano de otro sin partirle un par de huesos.Alvaro no es de ésos. Tiene 19 años y es un soldado profesional del
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04.01.2010 EL MUNDOelmundo.es/papel//877308.html 1/3
 
Ejército español. Se ha pasado unos meses en el desierto de LosMonegros y allí un compañero le habló de Benidorm. Le dijo: «Es unapasada, tío, tenemos que ir en las vacaciones». Así que aquí están, conmucho apetito. Los ojos se le van de un lugar a otro con una velocidadque da vértigo: allí un culo magnífico, allí una megatienda de videojuegos,una discoteca con gente apelotonada en la puerta, a pesar de que sonlas cuatro de la tarde, allí un colega que está levantando un dinosauriode arena en la orilla (y es lo que le faltaba a la playa para estarcompleta: un dinosaurio de arena ocupando el lugar de los cuatro o cincobañistas que le faltan para que reviente). Alvaro lleva sólo unas horas enBenidorm y ya sabe dos cosas: una, que debería haber venido antes, ydos, que no querrá irse nunca.La leyenda quiere que Benidorm, pueblo de pescadores, se despertó unamañana de la década de los 50 e, influido por lo que había oído del PlanMarshall, les susurró a sus vecinos: «Dejad las barcas, comprad ladrillos ycemento, este sol y esta playa harán el resto». Y entonces, lospescadores pusieron manos a la obra y empezaron a construir la, segúnno se cansan de repetir los propagandistas de la zona, capital delMediterráneo, una metrópolis cuya estatura crece conforme lo exija lademanda: siempre cabe un turista más, basta con poner unos ladrillosque hagan crecer alguno de los rascacielos.Hoy, aquellos visionarios de los años 50 son multimillonarios, porsupuesto, pero de aquel pueblito para pocos elegidos no queda más queel nombre. En su lugar, más de 100 hoteles, otras tantas discotecas, nosé cuántos millones de tiendas, y los harapos de una playa cansada deque no haya un milímetro de su extensión, unos 12 kilómetros, que nosoporte el peso de un pie, o el arpón de una sombrilla. El agua estáirremediablemente pegajosa: el sudor humano que recibe ha debidoformar una especie de balsa sobre ella. A las horas punta, el de Benidormda la sensación de haber sido escenario del naufragio de un trasatlánticocuyos miles de naúfragos flotan agarrados los unos a los otros.La visión nocturna de Benidorm desde la carretera es sobrecogedora:¿qué hace un barrio de Manhattan trasplantado en el Mediterráneo?, sepregunta uno. Pero una vez dentro se comprende que más que aManhattan a lo que imita Benidorm es a Las Vegas, así que es más fácilencontrar un casino y gastarse una fortuna en máquinas tragaperras,que una frutería de madrugada.Se jacta Benidorm de poseer la torre más alta de Europa y se jactatambién de que su imparable popularidad se debe a que aquí todo elmundo tiene un sitio, un motivo para disfrutar.«Hooligans» y «snobs»El urbanista José Miguel Iribas comparó este coloso del turismo de masascon una botella de Coca-Cola de dos litros, de la que beben por igual elhooligan, el snob, el marchoso italiano, el fornido teutón, el siempreexquisito francés, el liberal holandés, el niño, el adolescente, elmatrimonio y hasta la abuela. No de otra manera podría explicarse elhecho de que cada año visiten Benidorm cuatro millones de personas,cifra espeluznante si tenemos en cuenta que sólo están censados en las4.000 hectáreas de este pueblo unos 50.000 vecinos.Dos horas después de encontrarme con él en uno de los centroscomerciales atestados a los que la gente viene a pasear cuando ya se hacansado de playa y necesita consumir para sentir que sigue existiendo,vuelvo a tropezar con Alvaro. Está radiante: le han regalado una entradapara una discoteca que se inaugura esta noche. O puede que no seinaugure, y que sólo quiera celebrar que sigue tan exitosa como el día dela inauguración. Además el gran aliciente de la fiesta es que va a ir unapareja de famosos, dos concursantes de Gran Hermano, de esos quecobran kilo y medio por cada aparición en un acto social.El joven militar español no se puede creer su suerte: esto es vida, dicensus ojos. Ya sólo le falta ligar. Y ligará, sin duda: a Benidorm se vienemayormente a eso. Pero para quien quiera ahorrarse los esfuerzos de la
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