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Roberto Arlt
Los Lanzallamas
Presentación por MIRTA ARLT
Compañía General Fabril Editora S. A.Buenos Aires
 
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Primera edición : julio de 1968Segunda edición: enero de 1972Ilustración de la tapa:SEGUNDO J. FREIREDigitalización y corrección: InaRevisión final y notas: abur_chocolat jul2004Impreso en la ArgentinaQueda hecho el depósito que previene la ley número 11.723.© 1968 COMPAÑÍA GENERAL FABRIL EDITORA S. A., Bs. As.
 
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PRÓLOGO
 Los lanzallamas
, gran fresco expresionista, que produce en lo literario la ruptura devolúmenes exteriores y visuales de las cosas, injerta en 1931 aquel grito de Büchner: “Seamosesenciales”. Pero fuera de las coordenadas tempoespaciales de esa primera mitad del siglo
XX
 
que marcha hacia la segunda Guerra mientras se gesta el existencialismo sartreano
 Roberto Arlt carece de sentido.En cambio, si conseguimos figurar la coherencia del marco histórico, los fantasmagóricoshabitantes de esta porteña Corte de los Milagros, que aparecieron ya en
 Los siete locos
y aquíviven los episodios finales de sus vidas, pueden llegar a entusiasmarnos: nos enfrentan con un precursor tan caótico como único.En su quinta de Temperley, el Astrólogo monologa con Hipólita; “con”, pues si bienmonologa, la motivadora, Hipólita, no puede faltar. El replanteo esencial fluye: el sentido dela vida, nuestra civilización, la felicidad del hombre, el hombre frente a la verdad, el sentidodel conocimiento, Dios, la mujer.Y ese planteo esencial está continuado en esta serie de “conversaciones” por Erdosain,cuya expresión clave podría ser: “Estoy monstruosamente solo [...] No me importa nada. Diosse aburre igual que el Diablo”. Es un Erdosain que nos remite al existencial personaje deYank en
 El mono velludo
de O'Neill; como él, se siente desprotegido por el autor de sus días,arrojado a la existencia. Como él, la incapacidad de escindir el volumen geométrico de losseres, de las cosas, del hombre y del mundo, impidiéndole llegar a la realidad última yverdadera, lo devuelven a sus orígenes, y “como las grandes fieras carniceras da un gran saltoen el vacío, cae sobre la alfombra y despierta en cuclillas sorprendido” (
Op. Om. Fabril, pág.35, T. II 
).Y ese simio triste que es el hombre pasa de la angustia al humor; de pronto se divierteconsigo mismo, como cuando le dice a la primaria Doña Ignacia: “y algún día, cuando yo mehaya muerto, la vendrán a ver a usted y le dirán: «Pero, díganos, señora, ¿cómo era esemozo?»”Y del humor pasa a la necesidad de humillación, y de ahí al “deseo inconsciente devengarse de todo lo que antes había sufrido”; entonces no ríe con sus personajes, sino que losdescarna en un realismo impío, soberbio, resentido e impenitente, que para autocastigarseafecta el cinismo, o apela al naturalismo del “cajón de basura” a lo Zola.Y la
conversation series
continúa. El monólogo subraya la radioscopía interior, aunquecaiga de pronto en el artificio de hacerle leer a un Haffner 
 La Conquista de la Nueva España
,de Bernal Díaz del Castillo.Este hombre, Erdosain, sufre: su sentido religioso de la vida se ha ahuecado de nada, y lalibertad que sobrelleva no lo deleita, porque al “igual que las fieras enjauladas va y viene por su cubil frente a la indestructible reja de su incoherencia” (
Op. cit., pág. 51
).Entonces, constantemente gira en su
ritornello
: “Es necesario que a nosotros nos sea dadoel cielo, concedido para siempre. Hay que agarrarlo al terrible cielo” (
Op. cit., pág. 53
). Hayque dar “El gran salto, pero ¿cómo darlo? ¿En qué dirección? […] y sin embargo, yo necesitoamar a alguien, darme forzosamente a alguien”, y la conclusión: “estoy muerto y quiero vivir.Esa es la verdad” (
Op. cit., pág. 59
).Y aquí surge la revolución como sucedáneo de entrega, como parodia de heroicidad; la política como canalización catártica de las sobrecargas criminales del hombre.
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