Pedro Ortiz Cabanillas
Ante los hechos, no será difícil percatarse del porqué de lassimplificaciones y de los simplismos en la atención de losproblemas de salud y educación, por ejemplo. La existencia de lavía directa entre el síntoma y el medicamento, o entre unanecesidad y un refuerzo, sólo puede ser resultado de una especiede ausencia o falta de uso de sentimientos, conocimientos ynormas morales realmente consecuentes con la realidad de cadahombre. Con esto no pretendo decir que haya una actitudconscientemente tomada para evadir la realidad de la vidahumana. Por el contrario, la diversidad de hipótesis y teoríasacerca de la naturaleza humana, la existencia de por lo menossesenta mapas de la mente que pretenden resolver el problema dela relación mente/cerebro, son claros ejemplos del interés defilósofos y científicos por encontrar una salida que dé sustentocientífico al ideal de la unidad integrada del ser humano; paraque el respeto por la dignidad de la persona no sea sólo unaaspiración sino una realidad efectiva.Fue justamente al revisar este estado de cosas, que nosencontramos con una primera conclusión inesperada: que elproblema nuclear de todas las concepciones intrínsecamentedualistas del hombre, como las que día a día orientan el trabajopráctico de educadores, médicos, psicólogos, por ejemplo, sóloreflejan la estructura vigente de la sociedad dentro de la cual noshemos formado como sus miembros. Fue por esta razón que altratar de eludir esta limitación -en sentido estricto impuesta porla realidad objetiva- no , tuvimos otra salida que modificarsubstancialmente nuestros conceptos de psiquismo y depersonalidad, para sostener que los animales superiores son, enrealidad, psiquismos, y que personalidad es cada individuohumano tal como ha sido transformado por la información socialque codifica en su corteza cerebral en el curso de su vida.29