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Vida Cotidiana en Tiempos Del Quijote

Vida Cotidiana en Tiempos Del Quijote

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04/27/2012

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Vida cotidiana en tiempos del
Quijote
.
 Personajes, espacio y reflexionesen el contexto de la realidad transformada.Detrás de cada uno de los personajes del
Quijote
, hay una palpable realidad que se resiste a dejar sulugar a la fantasía; esta realidad lucha tenazmente con el mundo inventado por el creador y -muchasveces-, termina por reflejarse en los diferentes momentos en que se articula el mensaje poético.Cuando Cervantes compuso la novela aquí analizada, su intención prioritaria era de carácter irónico,sarcástico casi; pretendía denunciar la hipocresía del mundo que lo rodeaba, subrayar la inevitablecontradicción que existía entre el buen decir literario y la falsa prosa de las novelas de caballería; en fin,desentrañar la vieja polémica instaurada desde siglos entre lo cursi y lo sublime.Para lograr esto, el autor de la Mancha se vio obligado a confrontar la realidad con la fantasía; mejoraún, se vio en la necesidad de arrancar la verdad que estaba oculta en las raíces de lo cotidiano; poreso logró ver gigantes donde sólo había molinos, y doncellas en la desteñida figura de pobres rameras.Es quizá el fenómeno de la transmutación de la realidad inmediata lo que más ha conmovido a loscríticos subjetivos del
Quijote
, a aquellos que se sintieron profundamente involucrados con el mensajecervantino y que llegaron a sostener, como el propio don Miguel de Unamuno lo hizo, que Cervanteshabía vislumbrado apenas el mundo simbólico del hidalgo de la Mancha, que se había acercadotímidamente a la inmensa fuente de poesía que representaba su tema sublime, pero que no había sidocapaz de entender en lo más profundo el sentido del sufrimiento humano, la denuncia de la miseria decada día, la manifestación de la necesidad de luchar por imponer una cosmovisión basada en labúsqueda constante de los ideales perdidos. Ajeno a este profundo sentido, el autor llegó a revelar sólouna parte, y dejó supeditada al paso del tiempo la interpretación de la otra, la oculta, la significativa, lasublime.Por todo ello, Unamuno, inmerso en la cosmovisión quijotesca y lleno de la inconmensurable locura quecaracterizara al hidalgo de la Mancha, propone una nueva empresa para los hombres contemporáneosque realmente lo sientan así:Creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro de don Quijote del poder de losbachilleres, curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado. Creo que se puede intentar lasanta cruzada de ir a rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de laRazón.
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Si nos ubicamos en el contexto del
Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
, podremos observar lossiguientes aspectos que nos permitirán un análisis literario involucrado directamente con el temapropuesto en el presente ensayo.En primer lugar hablarenos de los personajes relacionados con un doble planteamiento: Realidad-cotidianidad vs. idealización.Los personajes escogidos han sido: el ventero, encargado de armar caballero a don Quijote; las dosrameras que estarán junto al hidalgo en este momento sublime de su existencia (capítulo 3, de la 1a.parte); y los mercaderes toledanos que iban a comprar seda a Murcia (capítulo IV, de la 1a. parte),Es dado observar que los términos de referencia en que nos apoyamos en el presente contexto,responden a elementos cotidianos, que en su necesario devenir chocan con la figura idealista delcaballero. El ventero es el símbolo de un afincamiento en su tiempo real, constituye la manifestaciónburlona que sólo sabe esbozar una sonrisa irónica ante la presencia del hidalgo; las prostitutas son lastristes mujeres del mundo de cada día que comercian con el preciado cuerpo, que lo entregan en manosdesconocidas para satisfacción del instante; en fin, los mercaderes se entronizan como losrepresentantes de un universo económicamente organizado, los que están completamente inhabilitadospara acceder al perfecto mundo ideal que defiende el hidalgo con argumentos ilógicos e irreales.Ubiquémonos por un momento en la venta manchega en donde Alonso Quijano ha decidido que loarmen caballero, en donde vive la necesidad impostergable de ser habilitado para llevar a cabo la granempresa imposible en la que se sumaban "agravios", "tuertos", "sinrazones", "abusos" y "deudas", queno son más que la síntesis y representación de las angustias del hombre cotidiano, oprimido a cadaminuto por el dolor de vivir en un universo lleno de injusticias. Es el sublime instante en el cual elhidalgo de la Mancha arrodillado ante el ventero le dice su propia verdad, le explica en un lenguajehermético, fundamentado tan sólo en el valor de la palabra dada, lo que necesita de él:—No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía me otorgueun don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano.
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Los exhortamos a reflexionar acerca de los pensamientos que llegarían -en este momento- a la mentedel obeso anfitrión. He aquí la más grotesca oposición entre el ideal y la realidad cotidiana. El venteroestá oyendo un discurso en el que no puede creer, aunque se lo proponga; Alonso Quijano está
 
colocando a su huésped en una posición que le resulta particularmente incómoda, le está pidiendo queprometa algo, sin saber qué, ni cómo, ni por qué.Es perfectamente explicable la confusión del ventero; y, finalmente, ya sea para lograr que se levantaseo, quizás, accediendo, porque nada le costaba prometer si no pensaba cumplir, le dice que sí lo hará.Veladas ya las armas en el perentorio lapso que la locura del hidalgo lo permite, está todo dispuestopara llevar a cabo la improvisada ceremonia.Estamos así frente a aquella escena conmovedoramente barroca que se inicia con el discurso delnarrador:Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que dabaa los harrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, sevino a donde don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas.
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Están enfrentadas dos opuestas concepciones del mundo; es, la figura grotesca del ideal ante larealidad picaresca -como lo señala Joaquín Casalduero-; es el pensamiento soñador que se solaza en susreflexiones imaginadas ante el mundo cotidiano con toda su carga de ironía y malicia.Esto último ha hecho decir al autor anteriormente mencionado:De aquí que el voluminoso ventero, más que malo parezca malicioso, y que todo su cuerpo rezumesocarronería. La biografía del ventero, descrita de una manera muy esquemática, nos presenta a unpícaro completo. La descripción nos da el envés de la vida del caballero andante, y de aquí su ironía:"Haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañandoalgunos pupilos..."
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El ventero procede con toda la seriedad que la situación permite. Apartado momentáneanente de losquehaceres de ese día y. como dice el texto, "por tener que reír aquella noche", decide iniciar algo quea él, desde el comienzo, se le antojaba como absurdo. Pero -subrayamos de manera particular-, queesto que resulta absurdo para el ventero, es trascendente para Alonso Quijano; son dos mundos que seencuentran en el reducido espacio de aquella venta, son dos almas completamente distintas queestarán unidas por breves momentos: de diversión para uno, y de realización plena para el otro.Queremos llamar la atención acerca del ventero, quien, en este instante, trae un libro de cuentas en susmanos; este libro es simulación y apariencia, ocupa el lugar de un manual de oraciones, al mismotiempo que permite la unión de los dos grandes espacios en los cuales se mueve la narración: el real, elcotidiano, en donde hay un ventero gordo que mientras repasa sus ventas, está parodiando unaoración; y el mundo ideal, el de la transformación, el del cambio radical, en donde un caballero flacolleva a cabo su promesa grandiosa de entregarse a la humanidad que sufre.Entre risas burlonas apagadas por el temor, se lleva a cabo la mencionada ceremonia. El ventero leecomo si dijera alguna devota oración y cumple con los pasos señalados en los libros de caballería.Después de la pescozada y el espaldarazo, toca el turno a las dos rameras, quienes procederán a ceñirlela espada y calzarle espuela respectivamente.Con ambas tiene un diálogo semejante que nos permite entender cuán lejos estaba el inocente hidalgode comprender el inmenso abismo que separa la realidad del ideal soñado.Quien le dice a don Quijote: "-Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura enlides!"
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, es definitivamente la Tolosa, ella intenta un discurso elegante que se adecue al momento. Estamujer habla al hidalgo desde el abismo de su infrahumana condición, pero le habla con sinceridadprofunda, no le miente, le dice su nombre, o, mejor, su apodo, aquel con el cual sus clientes laidentificaban.En ella tenemos una representación perfecta de lo cotidiano. Pero, el hidalgo, no queda satisfecho conlo que escucha y decide cambiar la condición de esta mujer:Don Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante se pusiese
don
y sellamase doña Tolosa.
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Ubicada en su mundo real, la Tolosa no entenderá el profundo significado de esta transmutación y,quizás, muchos hombres de hoy sólo esbozarán una irónica sonrisa ante el hecho presentado. DonQuijote ha actuado con amor ante esta mujer, la ha tratado con una ternura que hacía mucho tiempo noconocía, la ha rescatado, al menos por un instante, del inmenso dolor de la vida y le ha permitido creerque en este universo no todo es corrupción y abandono.
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Mediante la magia de la poesía ha descubiertodamas en donde sólo había rameras.Abandonando la venta, el hidalgo se encontrará posteriormente en un sendero que se divide en cuatro;dejado a su arbitrio, Rocinante elige el camino de las caballerizas. De esta forma la casualidad conducea don Quijote a una nueva aventura.El narrador se encarga de presentarnos a unos mercaderes toledanos que iban a comprar seda aMurcia: "Eran seis, y venían con sus quitasoles, con otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas
 
a pie."
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He aquí un cuadro de costumbres de la época: trece personas de diferente condición, que van caminode Murcia. Pero, inmediatamente, el hidalgo de la Mancha ve una oportunidad para la aventura y en altavoz y con ademán arrogante dijo: Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el mundo todo doncella máshermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso.
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Este discurso exhortatorio del personaje causa sorpresa en los viajeros; y, no es para menos. Al igualque el ventero, estos representantes de la cotidianidad, no estaban acostumbrados a regalar su palabraasí no más.Por ello, el que habla en nombre de todos, manifiesta su ignorancia y pide pruebas:Mostrádnosla; que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, de buena gana y sin apremioalguno confesaremos la verdad que por parte vuestra nos es pedida.
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Pero don Quijote, con la terquedad de siempre, insiste en su planteamiento anterior y exige un acto defe:La importancia está en que sin verla lo habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no,conmigo sóis en batalla, gente descomunal y soberbia.
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El tema defendido por el hidalgo en esta circunstancia es el de la belleza. Creer en ella es sólopatrimonio de los hombres que poseen la fe, y los mercaderes, evidentemente y debido al enfoque quele han dado a su profesión, no la tienen.Ellos responden con ironía socarrona a la exigencia de su antagonista y le solicitan entre veras y burlas:Vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de esa señora, aunque sea tamaño como ungrano de trigo; [...] y aun creo que estamos ya tan de su parte que, aunque su retrato nos muestre quees tuerta de un ojo y que de otro le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer avuestra merced, diremos en su favor todo lo que quisiere.
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Don Quijote reacciona así muy enojado, tan enojado como aquel que defiende el tesoro más preciado, lariqueza infinita que representa el ideal; él cumple con su papel heroico al responderles sin ningunaclase de temor:—¡No le mana, canalla infame -respondió don Quijote, encendido en cólera-; no le mana, digo, eso quedecís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un husode Guadarrama!
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En los discursos pronunciados por los mercaderes advertimos la presencia de elementos que reflejan lacotidianidad, la realidad; son palabras que se aferran a lo mundano desde el momento en que exigenpruebas y se niegan a aceptar la promesa otorgada por el ideal, en la cual se sostiene que la bellezaexiste sin necesidad de mostrarla, que esa misma belleza está en todas partes y que le podemos llamarDulcinea del Toboso o de cualquier otra manera; lo más importante consiste en presentir su cercanía,en saber abarcarla y amarla, porque es parte de nosotros mismos.Cuando el hidalgo se lanza iracundo sobre los comerciantes, que si no hubiera sido por la caída deRocinante lo habrían pagado muy caro, queda documentado hasta qué punto el personaje es capaz de jugarse la vida en defensa del ideal.Desde el suelo les grita sin cejar en su empeño:—Non fuyáis, gente cobarde; gente cautiva, atended; que no por culpa mía, sino de mi caballo, estoyaquí tendido.
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Ésta es una de tantas veces en que el ideal muerde el polvo del camino; pero, no está derrotado; élmismo lo señala cuando dice que ha sido culpa de su caballo, esto es, culpa de las circunstancias queno le han resultado favorables, de los elementos con los que cuenta, los cuales no han cumplido con sucometido.Ahora bien, lo que más interesa en las grandes empresas llevadas a cabo por el ser humano, no es eltriunfo material obtenido, sino la defensa irrenunciable de aquello que amamos, la coherencia con elideal defendido. Y esto, precisamente, es lo que encontramos en el hidalgo de la Mancha: una profundafe que ningún factor exterior ha de perturbar, una inamovible convicción que será capaz de enfrentarsea la materialidad de la vida, que será capaz de derrotar en donde más les duele a estos mercaderestoledanos y a cuantos otros se opongan al imperio de la belleza. 
El espacio real y el espacio del pensamiento.
Si nosotros partimos de la consideración del lugar de residencia del hidalgo, tendremos un espacio realen el que había vivido Alonso Quijano hasta el momento en que decide cambiar radicalmente suexistencia.Él es un pobre noble, un hidalgo en desgracia. Conviene insistir en esa necesidad planteada por

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