TERCERA PARTE LOS MUCHAHOS DE HUITZILOPÓCHTLI
TERCERA PARTE
LOS MUCHACHOS DE HUITZILOPOCHTLII. NOCHE Y VIENTO-CANTO Y FLOR (Yohualli in Ehécatl - Xochitl in Cuicátl)
La noche, limbo plomizo, se ciernecubriendo la región de sombras,salva de recuerdos fuertes, tu nombre,a la cordura que de mí quiere escapar en alas.Alborada con viento fresco los besos que me distey que hoy al espíritu rescatan del tormento, borrascas, fuego, breñas, llegas a la mente,amainando el áspero rigor del sentimiento.Santidad hecha mujer, ¿Qué hiciste?Que por la noche eres viento,En el día flor, y en la fiesta canto.Eres exhalación de Dios, y te citó su hálito celeste.
Autor:
Comitl Acatzín
, tlacatecatl (general) del imperio azteca.Traducción
Clementina Mendoza Carrillo
.folio:
ticaque
del llamado escrito de
Iztapalapa.
Durante cinco soles la indomable voluntad humana enfren prolongada lucha mortal contra los elementos terrestres: tierra,viento, agua y fuego, conjugados en bellas combinacionesletales, listas para alterar el verbo de la vida. Paisajesextraordinarios manando agua y miel. ¡Mentiras! trampasincidiosas de Natura, esencia lúdica que se complace causandodaños a la esperanza humana. Y a pesar de que las calamidadeshan sido una constante que no gusta de la vida, generación trasgeneración la humanidad se aferró a la existencia arriesgándose asufrir las pérdidas materiales que, en cada ocasión, la arrojaban amorar en la miseria. Sobre escenografía tan cruel se desplegó laactividad del hombre; ¡desdichado! siempre acosado y
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EL REGRESO DEL POCHTECATL .
 perseguido por eventualidades que lo obligaban a diversificarse,adversidades que lo empujaban a vagar por tierras y mares dondelas Seducciones, con su abanico de ilimitadas posibilidades,encontraban la ocasión de atraerlos a la flama, facinaciones quelos invitaban a establecerse bajo la consabida promesa de unavida diferente. Quimeras fementidas y perniciosas de la madretierra, ofrecimientos vacuos que despiertan la codicia y sujetancon yugo la voluntad de los blandengues. ¡Insensatos! Con lariqueza vendran las pavorosas guerras, en fin que la humananecesidad al ir en seguimiento de un futuro mejor, inicia por enésima ocasión el drama de la vida. Espectadores mudos de lacontienda, tierra ihuic (contra) hombres, despojos deinnumerables civilizaciones, ruinas esparcidas por doquier;ciudades abandonadas, derruidas y olvidadas, donde habitaronesos pueblos, de cuya magnífica memoria sólo se recuerda en lasnarraciones que hace el quilmach (dicen que dizque), en loscuentos para niños.Al interior del campamento regía una infernal rutina matutina,que empezaba a desarrollarse cuando se alzaban los gritos enórdenes, u órdenes a gritos, revueltos con los epitetos sdescalificativos, coloridos e infamantes que pudiera idear lamente avispada del exasperante tlacatecatl Comitl Acatzin. Losguerreros, sin una pizca de voluntad, hacían de esos mandatos suúnico propósito en la vida, y aunque desmañanados, iniciaban lafajina realizando las actividades que eran propias de sumantenimiento; todo lo ejecutaban de prisa, porque a los primeros rayos del sol, embarcados sobre sus frágiles cáscaras demadera, apretarían animosos el remo dispuestos a trastocar consu bravura la rutina del caprichoso quido salado. Árduas jornadas que realizaban de sol a sol, acompasadas por losestrepitosos gritos del furibundo general: ¡Remen, remen...!“escasísimo vocabulario matimoaunque suficiente para persuadirlos de batir con brío el remo.
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TERCERA PARTE LOS MUCHAHOS DE HUITZILOPÓCHTLI
El desgaste de la flexible musculatura, de por si ya mermada por las contingencias de la huida, al primer mes de navegación sehizo notoria, aunque al parecer, la consumida apariencia de losguerreros no levantó la mínima inquietud en Comitl, porque sindarles tregua los apremiaba a continuar con la rigurosa faena deabrirse camino en la mar: ¡Señoritas! ¿No decían que la distanciaera imposible de salvar? ¡Pues ya ven que si se puede! Así queno me vengan con más lloriqueos y reeemen, reeemen!. Y así,con la presión de un desconsiderado líder, bogaron hasta que elresto de su recia complexión desapareció en esos deslizamientoscansinos que se llevaron contra las corrientes marinas, rutasacuáticas que tanto insistían en desviarlos de ruta.Una de tantas tardes, frente al calor de la fogata, Teteme Ahuetl platicaba animadamente de los furtivos sueños tropicales quearrastraban a su mente las oscilaciones de las palmeras; futilezasvenidas quien sabe de donde; pero que aparean comoarrastradas por la brisa. Ofrecimientos de la costa que madurabana la luz de la luna y que, en este caso, Teteme Ahuetl, haciendoeco de las promesas baladís del entorno, ardía en deseos dematerializar: tener una finca con huerta, pescar por las mañanas.Dea que a sus hijos les encantaría vivir en la playa. Laconversación se desarrollaba entre animosos diálogos quesacaban a la luz los proyectos más íntimos que cada uno de losaventureros pensaba realizar junto a las olas del océano. Pobresrománticos, habían caído ante el embrujo de la madre tierra; perono tardarían en despertar al drama. Así sería cuando la tierra,amante cruel, soltara su “estate quieto”.
II. EL RETORNO A XICALANCO
Fue en el día ome de tozontontli, cuando Comitl y sus hombresconcretaron el anico viaje que los llede regreso aXicalanco, provincia de la que salieron para destruir los sueñosde gloria de los siete generales traidores al imperio azteca. Los
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