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García Canclini, Néstor - Construcción o simulacro del objeto de estudio. Trabajo de campo y retórica textual

García Canclini, Néstor - Construcción o simulacro del objeto de estudio. Trabajo de campo y retórica textual

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¿Construcción o simulacro del objeto de estudio?Trabajo de campo y retórica textual
 NÉSTOR GARCÍA CANCLINI *
Este texto quiere reflexionar sobre el hecho de que enlos últimos años los debates metodológicos y políticosde la antropología se hayan despla
países, al análisis epistemológico sobre los textos. Veo
uno de los resortes de este desplazamiensospecha que envuelve al trabajo de campo, eserecurso que durante décadas fue considerado la clavede la originalidad y del valor cdisciplina.La imagen paradigmática del antropólogo, con-
 Argonautas
como un nuevo tipo de intelectual queharía posible acabar con las distorsiones sobre puebloslejanos, se volvió dudosa d
 Diarios
 
de ese autor. El antropólogo al que JamesClifford, entre otros, considera el fundador de "laautoridad etnográfica"
1
expresa en sus notas íntimas elreiterado hastío por la cultura melanesia, su pasión porla "animalidaduna relación asimétrimás que como un científico en diálogo receptivo yrespetuoso con los trobriandeses, se muestra como un"polaco vagabundo"
2
que aspira a ser nombrado
Sir 
enInglaterra, "un yo en peligro, una concienciafragmentada que busca integrarse atrincherándose enuna positorno de las promesas de respetabilidad que cree irpreparando al "trabajar para la inmortalidad".
3
*Profesor.investigador del Departamento de Antropología,Universidad Autónoma Metropolitana-
Iztapalapa.
58
ALTERIDADES,1991
1 (1): Págs. 58-64
En
1983,
un libro de Florinda Donner,
Shabono,
celebrado por varios antropólogos como un avancesustancial en la investigpolémica en
 American Anthropologist 
 
cuando Rebeca
B. de Holmes demostró que esa obra no surgía de haber
vivido entre los yanomanos descriptos, sino de saber"ensamblar con cierta gracia" y una fantasía "a lamanera de Carlos Castanespecialmente de un libro que relata la vida de unabrasileña raptada por esos indios de Venezuela.
4
Los ejemplos pueden multiplicarse: la refutaciónde Derek Freeman a la interpretación de Margaret
Mead sobre los samoanos; las polémicas entre Red
field
y Oscar Lewis sobre Tepoztlán; los ataques a la obra de
Leach sobre Birmania. Otros casos semejanllevado a poner en duda no sólo el carácter fidedignode la información presentada por los etnóinterferencias de
Emergen preguntas más radicales. Si tantas suspicacias
ponen en evidencia que los textos antropológicos nopueden ser leídos como una taquigrafía
 
de laexperiencia indígena, ¿q
que los diferencie nítidamente de los relatos de viajeros
y náufragos, de las ficciones literarias documentadasempíricamente?protagonistas de la sociedad estudiada o el quetranscribe y ordena sus discursos? ¿En qué meculturas distintas a la del observador pueden seraprehendidas como realidades independientes y en quégrado son construidas por quien las investiga? ¿No se
esconden bajo el pre
-texto prestigioso de "haber estadoallí", en condiciones que nadie conoce
 
Néstor Carda Canclini 
ni puede verificar, las estrategias usadas por un grupode profesionales para encontrar un lugar entre los que"están aquí", en la academia y los simposios, en lasrevistas y los libros especializados?La cuestión se viene complicando desde la mitadde este siglo, cuando las sociedades coloniales sobrelas que clásicamente trabajaban los antropólogosdejaron de serlo, y su desarrollo contemporáneo lasaproxima a las metrópolis. También porque las co-municaciones entre los países dependientes y loscentrales se han vuelto muy fluidas. La distancia entrelos pueblos coloniales y los metropolitanos, quepermitía a los antropólogos jugar el papel de traduc-tores sin inquietarse demasiado por las relaciones depoder entre ambos, seredujo o se ha vuelto pocosignificativa. Además, los grupos subalteros no sedejan representar tan impunemente por otros. Ya no sesabe, dice Geertz, a quién hay que persuadir ahora:
"¿A
los africanistas o a los africanos?
¿A
los americanistaso a los indios americanos?
¿A
los japoneses o a losaponólogos?"
5
Lo que da especial atractivo alos debates de losúltimos años sobre las viejas preocupaciones por lacientificidad de la antropología es no quedarse en lacrítica
ética
(¿dice el etnógrafo la verdad?) o en laimpugnación
 política
(los intereses colonialistas im-piden a muchos antropólogos ver correctamente o losimpulsan a deformar lo real). La problematización seha vuelto más radical al cuestionar epistemológica-mente las condiciones en que se produce el saberantropológico y en que se elabora su comunicación através de construcciones textuales e institucionales.
Requisitos para ser un antropólogo exitoso
Una primera utilidad de esta línea de trabajo, desa-rrollada al comienzo por la antropología hermenéuticay profundizada por los autores posmodernosnorteamericanos, es volvernos más atentos a lasvariadas situaciones que intervienen en la formacióndel saber antropológico y en la construcción de lasingularidad de la disciplina. Cada vez se piensamenos que lo que se dice en el discurso antropológicosea un resultado directo deltrabajo de campo ylegitimado únicamente por él. Conocer si el investi-
gador estuvo en el campo, qué hizo allí y cómo lo hizo
es y seguirá siendo una cuestión éticamente impor-tante, pero epistemológicamente insuficiente. Hoysabemos que lo que un antropólogo declara haberencontrado en el campo está condicionado por lo quese ha dicho o no previamente sobre ese lugar, por lasrelaciones que establece con el grupo que estudia ycon diferentes sectores del mismo, por lo que quieredemostrar -sobre ese grupo y sobre sí mismo-a lacomunidad académica para la cual escribe, por suposición (dominante o pretendiente) en el campo an-tropológico, por el manejo más o menos hábil de lastácticas discursivas con que puede lograr todo eso.Sin embargo, la tendencia predominante en loslibros de antropología es ocultar estas condiciones contextuales del trabajo de campo. Para eso existen variasconvenciones textuales características de ese géneroliterario-científico que es el "realismo etnográfico".
Por ejemplo, se evita la primera persona para sugerir la
objetividad de lo que se describe y la neutralidad delinvestigador: en vez de afirmar "observé
que comen de
tal manera", se dice "ellos comen así". Al mismotiempo, para garantizar la verosimilitud de lo expuestose acumulan detalles y detalles de la vida diaria, y seinsinúa la autoridad experiencial del antropólogo con
mapas, fotos y croquis del lugar estudiado. Se incluyenmúltiples términos nativos y se explicanminuciosamente las singularidades del grupoanalizado para marcar su distancia respecto de nuestra
cultura y la competencia del investigador.La desconstrucción del discurso antropológicorealizada en esta líneapor autores como Georges E.Marcus y Dick Cushman los lleva a sostener que elsupuesto realismo etnográfico es una ficción: disponelos datos para conferir apariencia de objetividad a unsentido social que estaría ya formado y que sólo seríavisible paraeste sujeto excepcional, de una culturadiferente -el antropólogo-, entrenado para percibir elsentido global y profundo que se ocultaría a los actoresEl carácter fragmentado e incoherente que suele tenerla experiencia de campo se sutura al someterlo a
l
orden liso y compacto de las interpretacionesomniabarcadoras. El proceso de diálogo y negociacióncon los informantes en que el antropólogo obtiene losdatos se borra en el monólogo despersonalizado dequien describe estructuras sociales. El antropólogotiene éxito no tanto por el rigor y la verificabilidad desus explicaciones, sino -dice Marilyn Strathern-porque logra presentarlas como una "ficciónpersuasiva"
.
6
¿Puede el trabajo antropológico salir de esta con-dición de simulacro y asumirse como construcción delobjeto de estudio? ¿Es posible que el investigadorrecupere algún tipo de autoridad? Para ello se requie-ren, al menos, tres operaciones:a)
 
Incluir en la exposición de las investigaciones laproblematización de las interacciones culturales ypolíticas del antropólogo con el grupo estudiado;b)
 
suspender la pretensión de abarcar la totalidad de lasociedad examinada y prestar especial atención alas fracturas, las contradicciones, los aspectosinexplicados, las múltiples perspectivas sobre loshechos;
59
 
¿Construcción 
o
simulacro del objeto de estudio? 
c)
 
recrear esta multiplicidad en el texto ofreciendo laplurivocalidad de las manifestaciones encontradas,transcribiendo diálogos o reproduciendo el carácter
dialógico de la construcción de interpretaciones. En
vez del autor m
onológico,
autoritario, se busca lapolifonía, la autoría dispersa
.Para emprender este giro histórico en su trabajo,
la antropología se haabierto a los conceptos,instrumentos yelaboraciones de la lin-güística, el análisis deldiscurso, la historia, y,por supuesto, a losaportes de filósofos yepistemólogos. Es fre-cuente que los autorespos
modernos recu
rran a
Foucault paradesconstruir las nocio-
nes de autor y episte
me,
a Wittgenstein,Gadamer y Ricoeur pa-
ra
liberarse de las inge-nuidades gnoseológi
cas
del realismo-
etno
-gráfico y establecer deun modo crítico losprocedimientos her-menéuticos, a Austin
ySearle para entender los
uegos del lenguaje y
cómo se hacen cosascon palabras. En el mismo proceso en que el trabajo de
campo pierde legitimidad y deja a la antropología sin la
seguridad de ese rasgo propio, ésta reinstala su acción
en un espacio multidisciplinario.
Otros trabajos -como advertimos en la mayoría delos presentados en el seminario de Santa Fe que diolugar al libro
Writing Culture
,
esa especie de
manifiesto colectivo de los antropólogos posmoder
nos-prevalecen los análisis para literarios y filosóficos. En
vez de utilizar los instrumentos del análisis del discurso
para entender las estrategias socio-políticas o la lógica
argumentativa de los antropólogos
prefieren mirarlosdesde las preceptivasestéticas de Deleuze oDerrida. El resultado
es una reducción de los
antropólogos a es-
critor
es, de la crisis de
la etnografía a cues-tiones de es
tilo, de lo
cual es difícil extraeraportes a la recons-trucción operativa de
esta disciplina.Para que esta lí 
neade pensamiento avance
parece indis
pensable
encontrar nuevasmaneras de producir, junto con el trabajoteórico, otro tipo deetnografía. Al
gunos
antropólogos lo hacen.Elijo dos casos de
distintas líneas:Michael Taussig, cita
-
do como ejemplo en la
bibliografía posmoderna norteamericana, ya NigelBarley, cuya labor es convergente con esa tendencia
pero sólo ha tenido repercusión en el ámbito inglés.
Michael Taussig realiza en su libro
Shamanism,Colonialism and the Wild Man
un montaje de relatoscoloniales sobre el terror en la Amazonia colombiana,el testimonio de un argentino torturado, sesiones deshamanismo, textos literarios, imágenes populares desantos católicos y sus propias visiones obtenidasmediante drogas alucinógenas. En vez de concentrarseen un único tema de estudio y perseguir su sentidoobjetivo, se coloca él en el centro del relato y haceexplícitas sus reflexiones sobre la violencia y el terroren las sociedades contemporáneas. Considerainconsciente las condiciones sociales que engendran elterror -la ambición de lucro de las corporaciones, lanecesidad de controlar a los trabajadores-, pero quierever detrás: "lasformaciones culturales, los modos desentir construidos intrincadamente, dura
deros,inconscientes, cuya red social de convencio
nes tácitas e
imaginarias descansa en un mundo
Cómo seguir haciendo trabajo de campo
Esta labor desconstructiva corresponde en algunospaíses, notablemente en los Estados Unidos, a uncorrimiento de la investigación empírica a la exégesistextual. Ante las sospechas que despierta la etnografíarealizada en pueblos lejanos, los
otros 
de estudiar sonlos antropólogos precedentes y el material preferido
pasa a ser sus textos. En algunos casos
-
por ejemplo los
análisis de Mary Louisse Pratt sobre la obras de HansStade y Firth, o los de Renato Rosaldo acerca de los
nuer 
 
de Evans
-
Pritchard y
montaillou
,
de Emmanuel Le
Roy Ladurie-
7
hallamos estudios metaetnográficosconsistentes que muestran cómo develar las astuciastextuales de los antropólogos en relación con las
condiciones de producción de sus libros.
60

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