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Poesía de Salvador Puig

Poesía de Salvador Puig

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Salvador Puig es de los poetas del Continente que no pasarán inadvertidos
Salvador Puig es de los poetas del Continente que no pasarán inadvertidos

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LA POESÍA DE SALVADOR PUIG
Alfredo Fressia
El 3 de marzo de 2009 falleció en Montevideo una de los grandes poetas uruguayos. Relativamente poco conocido fuera de lasfronteras de su país, Salvador Puig es sin embargo de los poetasdel Continente que no pasarán inadvertidos.
Hay una estirpe de poetas cuya obra nace, según han dicho, “
como Minervade la cabeza de
 
Júpiter, ya perfecta
”. La “interiorización de la Musa”, que sueleocurrir junto al paso de los años, no les altera la vocación de unidad ni la perfectaartesanía que esos poetas construyen desde su primera poesía hasta la última. Dehecho, la mejor lectura que se puede hacer de esas obras, raras, infrecuentes, nodebea detenerse en la cronología del friso espléndido, sino en su pensadoconjunto.Algo parecido al cerebral nacimiento de Minerva ocurre en la obra deluruguayo Salvador Puig (1939-2009), un estoico enamorado de las palabras, lasdestinadas a girar en el tiempo, como planetas entre la luz y la oscuridad.Ciertamente, el “friso” que construyó nada tiene de
 
marmóreo. Una parte de sucomplicidad con el lector reside justamente en los pedazos de vida acumulada, dehistoria y de historias que su poesía sobreentiende, y con los que el lector sesolidariza. De las letras de tango a Petrarca, de Carlos Gardel al tenor Jussi Björling,su poesía menciona un universo contextual vasto, parajica y ciertamentemontevideano, porque es el universo que podía navegar por las conversaciones delMontevideo de los ‘60, naufragadas tantas veces en café o alcohol, parte del arteuruguayo de sentir y decirse.1
 
Sin duda ese Uruguay, urbano o no, ha cambiado y por eso las
Historias
incluyen los panoramas destinados a bien “situar” a las generaciones venideras.Pero también, la poesía de Puig, el friso que viene creando, no está en esos retazosde vida, no surge en ningún caso de la crónica. Ni siquiera su poema más famoso,“Al comandante Ernesto ‘Che’ Guevara”, escrito, como tantos otros poemas detantos otros poetas del Continente, bajo el impacto de la muerte imposible del Che,ocurrida, dicen los libros de historia, un día de octubre de 1967. “
Las palabras noentienden lo que pasa
” fue la primera respuesta del poeta, tal vez un documento desu perplejidad como periodista que ya entonces trabajaba frente al teletipo de unmedio de comunicación, pero también esa respuesta ya apuntaba al friso creado por su obra: la autonomía de las palabras y su significado, el tiempo y su enigma, la luznacida del trazo sombrío de la tinta. Puig pudo ser periodista, su obra poética noquiso ser crónica.Ese poema, aparecido en el número 46 de la Revista Casa de las Américas,en 1967, sólo formó parte de un libro, es decir de una organización sistematizada delsentido, en 1992, en el poemario
Si tuviera que apostar 
. En plena década de los ’60,y a partir de ella, Puig no construyó una obra-respuesta ni se propuso el rápidotestimonio de la historia. Es lo que explica la parsimoniosa lentitud de elaboración desu poesía, la distancia que establece entre ella y el convencional, cronológico, urgidopaso del tiempo. Entre
La luz entre nosotros
, su primer libro, de 1963, y el segundo,
 Apalabrar 
, de 1980, transcurrieron casi diecisiete os, un silencio apenasinterrumpido por la publicación en la prensa de un poema, el mencionado “Alcomandante Ernesto ‘Che’ Guevara”. Sin duda, sería pueril evaluar una obra poéticapor la cantidad o la regularidad del ritmo de publicaciones, pero se puede entender que diecisiete años de silencio hayan desconcertado al público e inquietado a lacrítica, que había recibido con entusiasmo el primer libro. Nada de esto inmutó alpoeta: lo sabemos hoy, cuando el friso está concluido.Puig, además, casi no daba entrevistas, no quiso explicarse por ningún medioque no fuera su propia poesía. Confió en ella. Por consejo, sabio, de Angel Rama, ypor decisión personal, eliminó de su firma poética el “Bécquer”, que es el nombrecon el que se lo conoce en su vida privada. Y como su nombre autoral (idéntico sinembargo al del anarquista español), sus temas jas son anecticos niautobiográficos. Cuando hay un yo, y amenaza volverse personalmente identificable,2
 
ese yo se hace casi colectivo, es el provisorio yo reconstruido por la lírica del sigloXX después de la “implosión” que Fernando Pessoa le impusiera. En parte por esosu obra fue relativamente corta y cargada de silencio. Porque hay en ella un silenciosecreto, el que viene después de las hipótesis frágiles que se puedan imaginar paraentender esa gran discreción personal. Es el silencio que enmarca, y tambiéncontamina su poesía desde los bulliciosos años ’60, ese enigma en blanco y negro,en tinta y en papel, siempre en colisión con el tiempo,
apalabrado
. Y es lo queexplica que el motivo más visible de su friso sea la palabra, asediada aquí como elvuelo asedia al pájaro:
 Al hoy restarleayer, ayeres,mondar el hoy de ruidosBuído el hoy agudo,borrar con él después, la muerte.
(“Tarea”, de
Por así decirlo
)Si hubiera que calificar la obra de Salvador Puig y la relación que establececon su público, incluyendo la crítica, ese calificativo debería mencionar, en variossentidos, la unanimidad, sin duda por su trabajo de reconstrucción de un yo, tanpróximo al nosotros. Puig es un poeta “unánime” en la diacronía literaria uruguaya,punto de referencia, pero también personalísima línea de fuga, donde el lector sereconoce activamente frente al acto poético. Ya en
La luz entre nosotros
, el libro de1963 (un año “luminoso”, contemplado hoy, con el peso de cuatro duras décadas dehistoria), esa luz, mencionada desde San Juan, marcaba un deslinde y unasuperación con respecto a la producción de la época. La luz creada por su palabraya se imponía con la fuerza de una verdad que excluía la azarosa confidenciaautobiográfica para privilegiar la Necesidad que ilumina el verdadero arte.3

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