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amparo agrario

amparo agrario

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sentencia amparo agrario
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Published by: Angel Virgilio Ferreira Centeno on Jan 18, 2010
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01/16/2013

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“El Amparo en Materia Penal”.La colonización recurrió a dos expresiones indispensables de una mismaintención colonizadora: el dominio de la tierra, a partir de un nuevo derecho quela repartiera y asignara, y el dominio del espíritu, a partir de una evangelizaciónque modificara las creencias, orientara la conducta y propusiera su propiaversión de la existencia: vida actual y vida futura. La síntesis de esta reforma yde las otras que vendrían -con el signo modernizador del liberalismo, en lasegunda parte del siglo XIX- hasta los años de la Revolución triunfante, fue unaconstante erosn de los derechos ingenas. xico ha sido país dedominaciones y revoluciones. Unas y otras se expresaron en el foro de lacuestión agraria, a tal punto que todas constituyeron sustancialmente, hasta elsiglo XX, una disputa sobre la tierra. De ahí que la poderosa erupción social de1910, cuyo factor profundo fue la reivindicación agraria -y un poco menos lareivindicación política que enarboló Madero-, diese al traste con la organizaciónagraria del porfiriato y con las instituciones del Estado encargadas depreservarla.Así, al salir de la escena los tribunales ordinarios, civiles o de amparo,era necesario que una nueva figura jurídica -que sería, inexorablemente, jurídico-potica- tomara el lugar que dejaba vacante la jurisdiccióndesacreditada. Esa nueva figura debía ser heredera del proyecto revolucionarioy de los caudillos del movimiento social mexicano. Así, el relevo ocurrió en lasmanos del presidente de la República. Sí, éste sería el jefe natural de lacorriente revolucionaria, del partido en la que se concentraba y de lasinstituciones construidas a partir de aquélla y con la colaboración de éste, eratambn "natural y necesario" que tuviese un papel eminente en laadministración de los conflictos que determinaron el movimiento armado.Conflictos poticos, ciertamente, pero con signo espefico: laborales yagrarios. Por ende, el presidente sería el heredero de Emiliano Zapata, si sepermite la expresn, como reivindicador inmediato de los derechoscampesinos. Otro tanto ocurriría, con sus propias modalidades, en la vertientede la justicia laboral. Esa fue la investidura agrarista del Ejecutivo en turno
 
Esta nueva forma de ver las cosas, que impuso un "modo" y "un estilo"distintos, perduró mucho tiempo. Fue definitoria y decisiva de la gran etapa dela reforma agraria entendida, primordialmente, como distribución de tierras. Entorno al presidente, eje de las decisiones finales -en más de un sentido- y"suprema autoridad agraria", como dijo la antigua fracción XIII del artículo 27constitucional, giraban los órganos auxiliares, con mayores o menorespotestades. Esos órganos, personajes de la complicada trama, con títulosadecuados para intervenir en el proceso, fueron los gobernadores de losestados, el departamento o Secretaría de la Reforma Agraria -que había sidoDepartamento Agrario, o de Asuntos Agrarios y Colonización-, el cuerpoconsultivo, las centrales campesinas, las comisiones agrarias mixtas, loscomités particulares ejecutivos, los comisariados ejidales. Los tribunalespermanecieron fuera de la escena, con la salvedad relativa de los órganos dela justicia federal de amparo, cuya intervención siguió la suerte oscilante ypeculiar del amparo agrario. Así se hallaban las cosas cuando llegó la reformaconstitucional de 1992.En efecto, la "cuestión agraria", un enorme problema de justicia -paraseguir el hilo de las monstruosas injusticias que caracterizaron este sector denuestra vida civil, como otros, recuérdense las aleccionadoras descripciones deMariano Otero y Ponciano Arriaga-, se resumió inicialmente en el reparto de latierra. La acaparación de los bienes rurales en formas de latifundismo quemucho se asemejaban,
mutatis mutandis
, a las encomiendas coloniales(entrega de tierras, operarios y poder sobre unas y otros), había de remediarsecon la devolución a los despojados y la dotación a los peones del campo."Toda la tierra y pronto", fue la nerviosa divisa de Cabrera.Había que repartir la tierra, y en este empeño cifraron su energíaagrarista varios gobiernos de la etapa reconstructora. La distribución no podíaverse frenada por procedimientos laberínticos -aunque éstos llegaron, -trámitesprolongados que también proliferaron- y resoluciones formalistas. Si la tierradebe pertenecer a quien la trabaja, y México era una república de trabajadoresdel campo, había que difundir la tenencia de la tierra con celeridad y firmezairrevocable. Cualquier dique a este torrente sería visto como perturbador y
 
contrarrevolucionario. Andando el tiempo, el reparto amainó el paso y surgieronlos "otros temas" del agro, cada vez más urgentes: insumos, crédito, tecnologíay seguridad jurídica. El énfasis se trasladó de las instituciones a cargo delreparto, a las instituciones -establecidas o por establecerse- a cargo de esosotros bienes, tangibles o intangibles, pero determinantes de la suerte quecorrieran el campo y los campesinos.Veamos ahora la petición de tribunales agrarios. No tiene caso traer a cuentasla división de poderes, criatura de la experiencia inglesa y garantía de laConstitución, como advirtió con rigor la Declaración Francesa de los Derechosdel Hombre y el Ciudadano, de 1789. El hecho es que, pese al descrédito delos tribunales ordinarios -que suscitó el descdito de los tribunales "engeneral" para los hombres del campo y la brica-, hubo con frecuenciasolicitudes para el establecimiento de tribunales en materia agraria.Un notable precedente de esta pretensión se halla nada menos que enel Plan de Ayala, que previó la existencia de "tribunales especiales que seestablezcan al triunfo de la Revolución", ante los que llevarían susreclamaciones "los usurpadores que se consideren con derecho" a los bienesinmuebles transmitidos a los campesinos despojados. A partir de ahí, conregular frecuencia y acento diverso, hubo planteamientos en favor de lostribunales. Fueron asunto de reuniones especializadas, como el Primer Congreso Revolucionario de Derecho Agrario (México, 1959), el CongresoNacional Agrario (Toluca, 1959) y el VIII Congreso Mexicano de DerechoProcesal (Jalapa, 1979). Esta corriente despuntó discretamente, asimismo, enlas reformas de 1982 al artículo 27 constitucional (fracción XIX).Al llegar 1992, el gobierno fraguaba la reforma constitucional en materiaagraria. Llegaban a ella tensiones y expectativas que se habían desarrollado enlos años previos. El proyectista resumió los datos que sustentarían la reformaen un breve conjunto, sobre el que se montó la exposición de motivos de lainiciativa de ese año: incremento general de la población, destinataria final deuna producción agrícola que debía ser cada vez más abundante y oportuna;aumento de la población campesina: no en números relativos -donde sepresenta un decremento drástico-, sino en números absolutos; agotamiento de

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