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rcos de lo e se pede edr, pero e segían vvendo coo endgos.
¿Por é esaan sdos en la poreza espral? Pore segían sendo gnoranes de
s verdadera reza.
Nngún crsano ene e vvr coo n endgo espral cando Dos nos orece
endcones esprales ás allá de lo agnale. Sn eargo, para pasar de la poreza
a la prosperdad, los creyenes prero deen leer y edar en lo e dce la Palara
de Dos acerca de s poscón verdadera. Soos hjos de Dos, «sellados con el Espír
Sano de la proesa, e es las arras de nesra herenca» (E 1.13, 14). En segndo
lgar, deeos epezar a vvr esa verdad por e. No exse ora anera de vvr coo
creyene.
El ílo radconal de esa epísola es Pros Efésious, «A los Eesos». Sn eargo,
chos anscros angos oen «en Éeso», n 1.1. Eso ha llevado a varos
erdos a cesonar la vsón radconal de e Palo hese drgdo ese ensaje
especícaene a los eesos.
La eoría encíclca propone e Eesos e na cara crclar envada por Palo a
las glesas en Asa. Ese pno de vsa sosene e la cara es en realdad n raado
crsano dseñado para so general, peso e no encona conroversas n raa los
proleas especícos de na glesa en parclar. No osane, s Eesos realene
epezó coo na crclar, arde o eprano llegó a
ser asocada con Éeso, la prncpal enre las glesas en
Asa.Ora opcón plasle es e esa epísola haya
sdo reda drecaene a los eesos, pero e
escra de al anera e aén ese úl para
odas las glesas en Asa. Por úlo, algnos erdos
acepan la radcón anga de raar Eesos coo la
cara de Palo a los laodcenses (Col 4.16), pero no
hay anera de coproarlo.
descre el conendo de las rezas celesales del
crsano: s adopcón, s acepacón, s redencón, s
perdón, s sadría, s herenca, el sello del Espír
Sano, la vda, la graca y s cdadanía. Es decr, oda
endcón espral. La segnda ad (4.1—6.24)
descre n eslo de vda espral arragado en ese
gran parono espral. Eesos 2.10 nos orece
na ena snopss del lro: «Pore soos hechra
sya, creados en Crso Jesús [1–3] para enas
oras… para e andvéseos en ellas [4–6]».
A medida que lea Efesios, fíjese en los principios de vida que juegan un papel importante en este libro:
3 bendit se e Dis y Pde de nuest Señ Jesucist, que ns endij cn td endición espiitu en s uges ceesti- es en Cist,
4 según ns escgió en é ntes de fund- ción de mund, p que fuésems snts y sin mnch dente de é,
5 en m hiéndns pedestind p se dptds hijs suys p medi de Jesucis- t, según e pu fect de su vuntd,
7 en quien tenems edención p su snge, e pedón de pecds según s iquezs de su gci,
9 dándns cnce e mistei de su vuntd, según su enepácit, e cu se hí ppuest en sí mism,
10 de euni tds s css en Cist, en dispensción de cumpimient de s tiem- ps, sí s que están en s cies, cm s que están en tie.
11 En é simism tuvims heenci, hien- d sid pedestinds cnfme ppósit de que hce tds s css según e desig- ni de su vuntd,
12 fin de que sems p nz de su gi, nsts s que pimemente espe- áms en Cist.
13 En é tmién vsts, hiend íd p de vedd, e evngei de vuest s- vción, y hiend ceíd en é, fuisteis se- ds cn e Espíitu Snt de pmes,
14 que es s s de nuest heenci hs- t edención de psesión dquiid, p nz de su gi.
15 P est cus tmién y, hiend íd de vuest fe en e Señ Jesús, y de vuest m p cn tds s snts,
17 p que e Dis de nuest Señ Jesucis- t, e Pde de gi, s dé espíitu de sidu- í y de eveción en e cncimient de é, 18 umnd s js de vuest entendi- mient, p que sepáis cuá es espenz que é s h md, y cuáes s iquezs de gi de su heenci en s snts,
19 y cuá supeeminente gndez de su pde p cn nsts s que ceems, según peción de pde de su fuez,
20 cu peó en Cist, esucitánde de s muets y sentánde su diestc en s uges ceesties,
21 se td pincipd y utidd y pde y señí, y se td nme que se nm- , n só en este sig, sin tmién en e venide;
22 y smetió tds s css j sus pies,d y di p cez se tds s css igesi,
bendiciones a nosotros, sus hijos amados. De hecho,
Él ya nos ha dadotoda bendición espiritual. Dios las ha
asegurado para nosotros en el cielo, donde ninguna de
ellas puede ser robada, dañada, ni retenida. Trágicamente
nosotros, como los efesios, vivimos a veces como indigentes
espirituales porque nos enfocamos en los aspectos mecánicos
del cristianismo, y no en nuestra relación con el Señor. Si
queremos disfrutar todo lo que nos ha sido dado, debemos
deleitarnos en nuestro Salvador.
de la victoria más grande del creyente. Esto se debe a
que el Calvario es el lugar donde el Señor Jesucristo tomó
sobre Él nuestra deuda de pecado y la canceló con su sangre,
redimiéndonos para siempre. Ya no tenemos que pagar ni
soportar el castigo terrible de nuestros pecados (Ro 6.23).
Ya no vivimos esclavizados por nuestras transgresiones (Ro
Él vive dentro de nosotros desde el momento en que
aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador, y nunca nos
deja. Esta es la razón por la que podemos vivir conados
y con certeza absoluta de nuestra seguridad eterna. Ni el
pecado ni nada más puede hacer que el Señor nos abandone,
porque su Espíritu nos ha sellado en Él para siempre,
garantizando nuestra relación con Él por toda la eternidad.
de Dios y disfrutarlas realmente. Experimentamos las
riquezas de la gracia del Señor aprendiendo primero qué
bendiciones ha provisto para nosotros, y luego apropiándonos
de ellas por la fe.