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Textos Sobre La Violencia en La Narrativa Colombiana

Textos Sobre La Violencia en La Narrativa Colombiana

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TEXTOS SOBRE LA VILENCIA EN LA NARRATIVA COLOMBIANA Preparado por Jaime Alejandro Rodríguez Novela sobre la violencia Con la inevitable -aunque ambigua y desigual- exposición de los efectos de la violencia partidista que vivió Colombia durante las décadas del 50 y 60 (el hecho socio-político e histórico más impactante que ha vivido el país en este siglo), surgió en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opc
TEXTOS SOBRE LA VILENCIA EN LA NARRATIVA COLOMBIANA Preparado por Jaime Alejandro Rodríguez Novela sobre la violencia Con la inevitable -aunque ambigua y desigual- exposición de los efectos de la violencia partidista que vivió Colombia durante las décadas del 50 y 60 (el hecho socio-político e histórico más impactante que ha vivido el país en este siglo), surgió en la literatura colombiana una tradición de escritura que se inicia como puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opc

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Published by: Jaime Alejandro Rodríguez Ruiz on Feb 05, 2010
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TEXTOS SOBRE LA VILENCIA EN LA NARRATIVA COLOMBIANAPreparado por Jaime Alejandro Rodríguez
Novela sobre la violencia
Con la inevitable -aunque ambigua y desigual- exposición de los efectos de laviolencia partidista que vivió Colombia durante las décadas del 50 y 60 (elhecho socio-político e histórico más impactante que ha vivido el país en estesiglo), surgió en la literatura colombiana una tradición de escritura que se iniciacomo puro testimonio y logra con el tiempo afianzarse como una opciónestética en la que la fuerza de lo temático va dando paso a la elaboración deobras de gran alcance y valor artísticos.Quizás, como se verá en el caso de García Márquez, la evolución misma de lanovela sobre la violencia se explique por la conjunción de dos factores: de unlado la imposibilidad (dado el choque tan fuerte que significó este periodo deviolencia) de sustraerse a los vientos de la historia y de la realidad social (es deanotar que nunca antes en un periodo tan corto: veinte años, entre 1946 y1966, se hayan producido tantas novelas en Colombia: un total aproximado de70), y, de otro, el grado de preparación con que contaban los escritorescolombianos para asumir ese reto. Cuando la preparación no era sólida, seprodujeron crónicas y testimonios periodísticos sin mayor valor estético; cuandola disposición era, en cambio, firme, se lograron obras de mayor alcance (hastael caso extraordinario de
Cien años de soledad 
que puede verse, desde estaóptica, como el culmen de dicha evolución). Un tercer factor suele estarimplicado: la distancia temporal con los hechos. Primeros libros como
El 9 de abril 
(1951) de Pedro Gómez Correa,
Viernes 9 
(1953), de Ignacio GómezDávila o
El Monstruo 
(1955) de Carlos H. Pareja, son apenas crónicas yrecuentos de muertos y masacres.Pero, a medida que el tiempo pasa y escritores de más tallase lanzan a la escritura sobre la violencia, comienzan apublicarse obras que ya no tematizan tan directamente loshechos de la violencia, sino que la asumen como unfenómeno complejo y diverso. Aparecen novelas en las quela estructura y el tratamiento del personaje, así como el usode procedimientos narrativos más especializados, se hacenfrecuentes y empiezan a dar talla a las produccionesnarrativas. Son los casos de
El Cristo de espaldas 
(1952)y
Siervo sin tierra 
(1954) de Eduardo Caballero Calderón,
El día del odio 
(1951)de José Osorio Lizarazo,
El gran Burundú-Burundá 
(1952) de Jorge ZalameaBorda,
Marea de ratas 
(1960) de Arturo Echeverry Mejía,
La Hojarasca 
(1955),
El coronel no tiene quien le escriba 
(1958) y
La mala hora 
(1962) de Gabriel García Márquez, el
día señalado 
(1964) de ManuelMejía Vallejo y
La Casa Grande 
(1962) de Alvaro Cepeda Samudio, para citarlas más destacables.
 
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Pero la resonancia de la violencia trasciende los límites temporales y se cuelaen la producción más reciente. Se siguen escribiendo muchas novelas quegiran alrededor de esta temática, con mayor o menor fortuna. Para recordardos novelas que han trascendido:
Cóndores no entierran todos los días 
(1972)de Gustavo Alvarez Gardeazábal y
Años de fuga 
(1979) de Plinio ApuleyoMendoza.A medida que el tiempo avanza, la violencia cambia de modalidad y deespacios. A la violencia partidista sigue la violencia guerrillera de los sesenta ysetenta y luego la del narcotráfico de los años ochenta y noventa. A estasviolencias también se les trata en la novelística colombiana. Para citar apenasdos ejemplos: las obras de Arturo Alape que se centran en la violenciaguerrillera (de las cuales
Las muertes de Tirofijo 
, volumen de relatos, es una delas más importantes) y la novela reciente
La Virgen de los sicarios 
(1994) deFernando Mejía, que trata sobre el complejo fenómeno de la violencia en lascalles de la ciudad. En síntesis, la novela de la violencia se constituye entradición en la literatura colombiana y en paradigma de una producción que enadelante no podrá retraerse de sus resonancias.
Augusto Escobar: La violencia: ¿Generadora de una tradición literaria? 
La violencia política colombiana que tuvo lugar entre 1947 y 1965 fue, para laclase dominante, un estigma que ha pretendido por todos los medios borrar.Esa clase propició el clima de conflicto y desencadenó esa especie de guerracivil que se prolongó sin cuartel por espacio de casi veinte años y produjoaproximadamente 200.000 muertes, más de 2.000.000 de exilados, cerca de400.000 parcelas afectadas y miles de millones de pesos en pérdidas(Lemoine, citado por Oquist, 1978-84).Por los efectos que trajo, la Violencia ha sido el hecho socio-político e históricomás impactante en lo que va corrido del presente siglo y, quizá, también el másdifícil de esclarecer en todas sus connotaciones, en razón de los múltiplesfactores que intervinieron en su desarrollo. Son numerosas las explicacionesque se han dado, sin que pueda afirmarse que tal o cual responde a todos losinterrogantes propuestos. Las tesis que la explican van desde las económicas,sociales, históricas, hasta las psicológicas, morales, culturales y étnicas. Todasellas revelan, de un lado, la abundante literatura que se ha producido alrespecto y, de otro, que el fenómeno de la Violencia resulta más complejo de loque supusieron, en su explicación, cada uno de los estudiosos de la misma. Almargen de cuáles sean las causas, los miles de muertos de ese tiempoapocalíptico son y siguen siendo víctimas, porque aún no han sidoreivindicadas sus muertes. No se ha hecho justicia a ese pueblo que se incitó amatarse entre sí, a esa guerra fractricida que no comenzó para que sedesarrollaran sin piedad en nombre de dos banderas que, desde 1849, pocobeneficio le ha reportado. Así lo testimonia, desde la literatura, la mayoría de
 
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las setenta y más novelas sobre la Violencia.Los autores se esa época cruenta siguen tan campantes desempeñando losmismo puestos de dirección en todas las instituciones públicas y privadas comosin nada hubiera sucedido. Todos ellos, al unísono reclaman hoy, comovindicaron ayer, la "unión nacional", la "concordancia", sabiendo de antemanoque la violencia es mejor negocio que la paz. Desde la historia republicana seconfirma dicha práctica. Durante la guerra civil de 1876, una de las cincuenta ynueve que hubo en el siglo XIX y que produjo diez mil muertos, fue notoria latendencia de convertir el conflicto en oportunidad para disponer en beneficio delos victoriosos los bienes de los derrotados. Desde entonces, esta tendencia seha acentuado y, como señalara el presidente Rafael Núñez en 1886, "al juzgarpor los varios disturbios locales, la vida corre menos riesgo que la propiedad"(1886:108). "Se formó -sostiene Rodríguez Piñérez- una clase de gente quenegoció con la guerra y a quien aterraba la paz con todos sus horrores, puestoque acabaría con sus medios de enriquecimiento a expensas de la sangre,sufrimiento e ignorancia de otros" (1945:194-195).Cincuenta años después, durante la Violencia, se conforma cómo el conflictono afecta el capital ni disminuye los beneficios económicos de las clasesdominantes, por el contrario, se produce una sensible concentración decapitales. Las sociedades anónimas, tanto nacionales como extranjeras,reportan grandes utilidades, y algunas, el capital se multiplica por tres. Losgrandes capitales declaran enormes beneficios. Las utilidades de lassociedades anónimas extranjeras llegan a 161.89%Durante veinte años de violencia se instaura el imperio del terror en los camposy poblados, se despoja al campesino de la tierra y de sus bienes, o se leamenaza para que venda a menos precio. Se asesina selectivamente o de unamanera masiva, la sevicia o la tortura contra las víctimas no tiene límite, seamedrenta a los trabajadores descontentos. Se produce un éxodo masivo hacialas ciudades, refugio temporal de los desheredados que pronto engrosan lamarginalidad y se convierten en problema social por el abandono en el que selos deja. ¿Por qué, se pregunta el protagonista de El Cristo de espaldas, tantoensañamiento contra un pueblo que no generó tal estado de cosas?:¿Qué les va ni les viene a los miserables...con que en las ciudades mandenunos y gobiernen otros? ¿Para qué buscarlos y perseguirlos como a bestiasferoces? ¿Por qué quieren los ricos resolver sus problemas a expensas de lospobres, y los fuertes a costa de los débiles, y los que mandan, con mengua ypara escarnio de los que obedecen? (Caballero, 149-150).La sociedad colombiana ha sido por tradición -impuesta-una sociedadolvidadiza: no se sabe si es por falta de perspectiva histórica, de coraje, o porla incapacidad para asumir la verdad (Zalamea,88). El olvido ha sido elmecanismo de defensa utilizado por la clase dominante para negar una historiade explotación y atropellos. El olvido, la desmemoria, hacen parte de la filosofíacon la que se monta el Frente nacional (1958) para relegar al silencio el funesto

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