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Los Obstaculos en El Sendero Espiritual (Español)

Los Obstaculos en El Sendero Espiritual (Español)

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Palestra de Swami Paratparananda, lider espiritual del Ramakrishna Ashrama, Buenos Aires, Argentina (1973-1988), en español.
Palestra de Swami Paratparananda, lider espiritual del Ramakrishna Ashrama, Buenos Aires, Argentina (1973-1988), en español.

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LOS OBSTACULOS EN EL SENDERO ESPIRITUAL
Swami Paratparananda
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11-4-1979
El primer obstáculo en el sendero espiritual es la incertidumbreacerca de lo que deseamos en la vida. Antes que nada debemosreflexionar bien si queremos llevar una vida espiritual con la esperanza delibrarnos de nuestras dificultades mundanales, tales como lasenfermedades, problemas familiares o financieros. Si llegamos a laconclusión da que ninguno de estos motivos nos impele a seguir esesendero, debemos preguntarnos si estamos tratando de hacer algoimposible, sin significado para la vida, algo quimérico, sin sustanciaalguna en si, pero que nos puede brindar cierta satisfacción, pasarmomentos de ocio sin preocupaciones mundanas, o como dicen algunos,servir como el opio. Si la respuesta es afirmativa entonces por más quenos esforcemos no tendremos los resultados debidos. La indecisión o faltade fe en lo que uno está siguiendo es perjudicial, porque no permite darlos pasos con seguridad, por decirlo así. Si por el contrario, consideramosque es una cosa importante, que es la parte real de nuestra vida, la mássignificativa, la más duradera y hasta eterna, como lo han afirmado milesde santos, sabios y otros maestros espirituales a través de toda la historiade la humanidad, entonces debemos indagar los motivos, las causas quenos hacen desviar sin que nos demos cuenta de ello, enflaquecer nuestroentusiasmo, incluso el interés, y dejar crecer en nosotros sentimientosmundanales con disfraz de espiritualidad.La vida espiritual consiste en esforzarse por llegar al Espíritu, o a laRealidad, o a Dios, comoquiera que se Lo llame. Este espíritu está ennosotros, es nuestra verdadera esencia, nuestra naturaleza real. Todoslos grandes maestros espirituales han declarado esto. Por ejemplo, SriKrishna dice en el Bhagavad Guita: “Oh Aryuna, el Señor, morando en laregión del corazón de todos los seres, los mueve, por Su poder, como siestuvieran montados sobre una maquina.” El Señor Jesucristo declara: “He aquí el reino de Dios en vosotros está.” Los Upanishads de laantigüedad también dicen: “Este Atman, siendo más pequeño que lo máspequeño y más grande que lo más grande, reside en la cueva del corazónde todos los seres.” “Aquello está lejos, está muy cerca en lo más íntimode todos, pero también está fuera de todo esto.” 
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Swami Paratparananda, fue líder espiritual del Ramakrishna Ashrama, Buenos Aires, Argentina (1973-1988).
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Proclamaciones como éstas, que aseveran la proximidad de Dios,las encontramos en las escrituras de todas las religiones. ¿Pueden seréstas tan solo una forma de hablar para animar al aspirante a que semueva hacia adelante? ¿O es un hecho verificable? Es algo que puededejarnos confundidos. ¿No parece esto una paradoja, el decir que ese Ser,Dios, es más cercano que lo cercano y al mismo tiempo no ser capaz deexperimentar Su presencia?Así es, la situación parece tragicómica, sin embargo no es un asuntode risa. Es un hecho como cualquiera. Por ejemplo, ¿que está más cercade los ojos que la cara? ¿Pero podernos verla sin la ayuda de un espejo ouna superficie reflectora? No, no podemos. No obstante, no se consideraeste hecho como extraño. Se lo acepta como algo bien conocido. Másaún, una pregunta semejante es considerada como una estupidez. Así también, el Señor, aunque mora en nuestro interior, queda desconocidopor nosotros, por la mayoría da la gente.¿Por que sucede eso? Son varias las causas. Primero vamos a verque es lo que sirve como reflector, es decir, para tomar conocimiento delos objetos presentados ante nosotros. Es la mente. Podemos compararlacon un espejo. Como sabemos el espejo tiene dos lados, uno es lasuperficie que refleja y el otro es opaco, a veces protegido por madera uotro material. Este espejo de la mente en la mayoría de la humanidad,por decirlo así, está con su cara reflectora hacia afuera y la cara opacahacia adentro. Por consiguiente, la mente recibe impresiones del mundoexterior y no del Señor que mora adentro, es decir, estamos alerta odespiertos en cuanto al mundo y dormidos con respecto al Señor,estamos bien conscientes del mundo exterior e inconscientes casi porcompleto de Dios. ¿De qué sirve entonces quejarnos de que no podemosver al Espíritu aunque esté muy cerca? Debemos girar la cara reflectoradel espejo de la mente hacia adentro para que podamos verlo. Esto es loque el Upanishad dice cuando afirma “El Señor auto-manifiesto creó lossentidos con la tendencia de ir hacia afuera y, por lo tanto, ellos percibensólo lo externo y no el Ser que mora adentro. Sin embargo, alguna queotra persona bien resuelta y firme en su determinación, anhelando laliberación y retirando los sentidos de los objetos, percibe ese Ser interno.” ¿Cómo podemos dirigir nuestra mente hacia adentro? ¿Cuáles sonlos impedimentos que aparecen en el sendero? Son los apegos, que hansido engendrados durantes miles de vidas por la belleza de los objetosexteriores. Estos apegos han formado como una costra de herrumbrealrededor de las bisagras del espejo de la mente, impidiéndole moversesiquiera un poco. Junto con estos apegos han surgido otras debilidades,como la ira, codicia, lujuria, soberbia, malicia, vanidad y cosas por elestilo. Son muchas pero podemos resolverlas en dos, corso dice SriRamakrishna, “lujuria y codicia”; o como dice Sri Krishna, “deseo” - deseopor riqueza, goces sensuales, poder, y cosas semejantes. Los Upanishadslas califican de búsquedas y las dividen en tres, de tener hijos, riqueza yllegar a los cielos, otros tantos mundos de goce.
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Vamos a analizar esta cuestión: ¿Cuál es el motivo subyacente enesos deseos, búsquedas o codicias? ¿No es la felicidad este motivo?Debemos admitir que lo es. Pero ¿hay felicidad en las cosas del mundo?¿Se la encuentra en los objetos sensorios? Si se presume que la felicidadestá en los objetos, debe existir siempre en ellos. Porque en ese caso lafelicidad será una cualidad inherente del objeto, así como el calor y la luzson cualidades inherentes del fuego. Pero, vemos que no es el caso de losobjetos. Notamos que el mismo objeto nos brinda algunas veces felicidady otras, dolor o incomodidad. El calor del fuego en una noche fría esagradable y deseable, pero el mismo fuego en un día de sol sofocante sehace insoportable. Cuando las cosas son así, ¿cómo podemos suponer quela felicidad está en el objeto? El objeto en este caso no cambió sucualidad sino que mantuvo su naturaleza; lo que cambió fue nuestraactitud hacia él. Se puede decir que la felicidad del objeto depende dellugar y del tiempo. Supongamos que una persona esté favorecida pormuchas de esas cosas placenteras pero que haya sufrido una calamidad,la muerte de un ser querido, por ejemplo, ¿tendrá felicidad aunque estérodeada de todas las atracciones del mundo? No. De ahí podemos concluirque la felicidad no está en el objeto sino que es una condición de lamente. Los objetos son solamente los instrumentos que estimulan laalegría o la miseria. El rol principal lo juega la mente.También bajo la presión de las circunstancias la mente cambia susgustos y aversiones. Una persona que en cierto tiempo era querida cesade serlo cuando se alteran las circunstancias. Esto muestra que la menteno sigue un curso rígido ni reglas determinadas. Entonces, por qué nohacerla tomar interés en el propio Ser. Es posible, se lo ha hecho antes yse lo puede hacer de nuevo, sólo tiene que liberarse la mente de susenredos. Ésta se ha sumergido desesperadamente en el mundo. Hemosdejado al mundo durante mucho tiempo entrar en la mente. Es como si sepermitiera entrar el agua al bote; el bote puede entrar en el agua pero noel agua en el bote, pues lo haría zozobrar si no se la sacara y cerrase lasrendijas o agujeros por los cuales entra. Sólo entonces éste puede seguirsu curso sin peligro. Del mismo modo, si dejamos que los sentidos noslleven donde ellos quieran entonces nuestro destino será como el de esebote. Se puede preguntar: ¿Por qué no satisfacer los deseos y terminarcon ellos de una vez por todas? Esta seria una solución sencilla sipudiéramos agotar los deseos con solo darles curso. Pero la experienciahumana ha sido hasta ahora la opuesta, es decir, cuanto más uno lossatisface tanto más aumentan; y más aún, cada uno de estos deseossatisfechos hace surgir otros cientos, no viéndose su fin. También puedecompararse la mente con un desierto sediento: no hay agua que losatisfaga. Buddha descubrió que esa sed era la causa primaria de todamiseria. Este correr detrás de los objetos del mundo - cuántas cosasdesagradables trae como séquito! Ira, celos, odio y otros, son suscompañeros inseparables, y cuando entran en la mente hacen de ella uncalderón de descontento.
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