Editorial
Flickr: angel malachite
Si les interesa de verdad lo que voy acontarles, lo primero que querrán saber es lo que escribió, qué importanciatenía, la ropa que solía llevar, y demásgilipolleces por el estilo que interesansólo a los periódicos, pero yo no voy acontarles nada de eso. Primero porquesólo tiene un par de títulos buenos, ysegundo porque se pasó más de mediosiglo tratando de esconderse del mundoen la era de la información. Un pelíniluso, supongo que era, pero lo consiguiócon creces.Llevaba cuarenta años sin publicar, loque no quiere decir que no escribiera.Eso sí, sin tocar jamás un ordenador,sintiendo el crujido del papel bajo lasmuñecas. Un escritor siempre escribe:es lo que hace, lo que le da vida. Sinpalabras puede que no exista, yciertamente no existiría. Habría sido sólootro viejo huraño, traumatizado por laSegunda Guerra Mundial, que se habríapasado media vida recluído en suhabitación, intentando olvidar las lluviasde carne y sangre. Quizá hubiese sido lomejor. Esos años se cerró para siempresu biografía. La única foto que se tienede él es de los años cincuenta, y estásacada del carné de conducir: las demásson robadas. La única entrevista se laconcedió a unos chavales que lasacaron en la revista de su colegio.Lo que más le ha costado es frenar loslibros. Las biografías, lacorrespondencia secreta, y lasdeclaraciones de su hija y su ex-mujer.Gracias a ellas sabemos lo quesabemos. Un ogro maltratador ymachista que no dudaba en levantar lamano, sin importar contra quién o qué;un maniático de las manías, las filias ylas fobias, pegado siempre al televisor yrepitiendo "39 escalones", de Hitchcock,una y otra vez; seductor de nínfulas ylolitas, algo pervertido, que se casó y sedivorció de una nazi; que tonteaba con laIglesia de la Cienciología, el misticismooriental o el budismo zen, y entre tantasllegó a creer en las propiedadeshomeopáticas de beber su propia orinadiariamente o de ayunar hasta ponerseverde. Tantas ganas de esconderse lehan servido para que nos enteremossólo de lo malo. Lo bueno, junto al restode sus secretos, descansa ya bajo unalosa de mármol a saber dónde.Tenía 91 años. Qué cojones darácómo se llamaba.
http://puntoerogeno.wordpress.comDirector: Francisco J. Moreno
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Una tumba entre el centeno