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Homilía de Mons. Christophone Pierre, Nuncio Apostólico en México en el XIV CONIAM en Chihuahua

Homilía de Mons. Christophone Pierre, Nuncio Apostólico en México en el XIV CONIAM en Chihuahua

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02/09/2010

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Homilía de Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico enMéxico en el XIV CONIAM
Saludo con mucho gusto y gratitud al Sr. ArzobispoMons. Constancio Miranda, a los sacerdotes y a todoslos fieles que nos acogen en esta Iglesia de Chihuahua;a los organizadores y colaboradores en este Congreso.Saludo también a los señores obispos, directoresdiocesanos y nacional de las Obras Misionales y a suscolaboradores, a los sacerdotes, religiosos y religiosas,en fin, a todos y cada uno de los presentes. Que la paz y el amor de Cristo misionero les acompen hoy siempre.En particular, me da mucho gusto saludar a lospequeños, pero grandes misioneros de la Infancia y  Adolescencia Misionera, con quienes ahoracelebramos, juntos, esta Santa Misa, el Santo Sacrificiode Jesús a quien pedimos que, al iniciar este CongresoNacional nos ilumine y nos ayude para que los frutossean muchos y muy agradables a Dios.
 
Espero que todos, especialmente los que han venido deotras ciudades de la República Mexicana hayan tenidoun buen viaje y que todo vaya muy bien, entranquilidad y alegría. Y por supuesto que todo irá bien,siempre y cuando sus encargados los cuiden bien y ustedes sepan obedecer sus indicaciones. Porque, yoestoy seguro que muchos de sus papás dijeron a losencargados: “por favor, cuide mucho a mi hijo”, otambién, “le encargo mucho a mi hijo ó a mi hija”. Suscoordinadores, por eso, no solamente tratan de queustedes estén muy cerca de ellos para cuidarlos, sinoque también les van dando indicaciones para que todo vaya bien y luego puedan regresar a sus hogares, sanos,felices y muy contentos.  Y, a este prosito, debo decirles ahora algo muimportante. Y es que, si ustedes han escuchado bien lalectura del Evangelio seguramente se han dado cuentade que, ahí, se nos presenta no a sus papás pidiendoque los cuiden, sino a Jesús pidiendo a su Papá Dios,que Él nos cuide a todos: “Padre santo, cuida en tunombre a los que me has dado”. Es decir, Jesús no nosestá poniendo solo bajo el cuidado de nuestros papás y del sacerdote, de la religiosa, del catequista, delmaestro o de otra persona. Nos ha puesto bajo elcuidado, ni más ni menos, que de nuestro Padre Dios:¡Cuídalos!, le dice Jesús a Dios Padre: ¡cuídalos paraque sean santos en la verdad! Cuídalos a todos ellos,pero, también ¡cuida a todos los que, viendo y oyendo amis discípulos, también van a creer en mí!, porque ¡así
 
como Tú me enviaste al mundo, así los envío yotambién al mundo!¿Se han fijado, queridos amigos, qué grande es el amorque Jesús nos tiene al ponernos bajo el cuidado no solode nuestros padres ó de otras buenas personas, sinosobre todo al cuidado de Dios Padre; y esto, para queno nos vayamos a perder y para que podamos llegar una al cielo. ¡De verdad que debemos agradecerlemucho a Jesús por amarnos tanto! Pero, ahora necesitamos ver otra cosa muy importante:¿qpasaría si, por ejemplo, sus coordinadores,cuidándolos mucho y muy bien, les dicen: “es hora desubirse al autobús; ó también: vamos ahora aatravesar la calle pero con atención”; ó si les dieranotras indicaciones, pero, algunos de ustedes dijeran:“¿por qué tenemos que hacer caso?”, “vamos a hacerotras cosas”. ¿Saben qué sucedería?, sería un desorden,todo andaría mal y, peor aún, los desobedientes hastapodrían ponerse ellos mismos y poner a los demás, ensituaciones de peligro. No basta, pues, que el encargadocuide bien, sino que es necesario obedecer susindicaciones. Así sucede con Dios. Jesús, como ya escuchamos, hapedido y pide a Dios Padre que nos cuide. Y porsupuesto que Dios no desea otra cosa sino cuidarnospara que no nos perdamos. Pero, para que Dios noscuide hace falta que nosotros hagamos lo que noscorresponde, esto es, que lo obedezcamos en todo. ¡Sí!,porque así Él podrá cuidarnos y no estaremos en

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