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Figari, Pedro - La pena de muerte [1905?]

Figari, Pedro - La pena de muerte [1905?]

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La pena de muerte : ventidós artículos de polémica publicados en "El siglo" de mayo 9 a junio 21 de 1905 / Pedro Figari. - Montevideo : El Siglo Ilustrado, [1905?]
La pena de muerte : ventidós artículos de polémica publicados en "El siglo" de mayo 9 a junio 21 de 1905 / Pedro Figari. - Montevideo : El Siglo Ilustrado, [1905?]

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05/03/2013

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LA PENA DE MUERTE
Veintidós artículos de !polémica
publicados en "El Siglo", de
mayo
9
á junio 21 de 1905.
Pedro Figari.
Imprenta "
E
l
 
Siglo Ilustrado”, 18 de Julio, 23•Montevideo.
 
Lector:
Al aprestarse la H. Cámara de Representantes para conside-
rar el mensaje del Poder Ejecutivo de 27 de junio último, en que
promueve la abolición del castigo extremo de la muerte de en-
tre los demás que prescribe la ley penal, ha dispuesto que se
coleccionen y se impriman los artículos de la polémica sosteni-
da en
El Siglo
sobre esto mismo, con los doctores José Irureta
Goyena y José Salgado. Ese honor, en lo que á mí se refiere, de-bo atribuirlo más bien que al propósito de ilustrar la cuestión, al
celo y escrupulosidad con que esa rama de la legislatura piensaabordar el estudio de tan arduo como interesante asunto.
Yo obstante esto,
y
en la inteligencia de que son tan limitados
los conocimientos humanos que hasta el sabio mismo tiene siem-
pre algo que aprender, aún cuando departa con un analfabeto,
creo no incurrir en flagrante contradicción, ni en desmedida in-
modestia, al confiar en que puedan servir de algún modo las ob-servaciones que he recogido sobre
la faz local
de esta cuestión,
si no por su mérito, porque este punto de vista con ser tan im-
portante, ha sido descuidado entre nosotros.
Cuando se afirma que la discusión de este asunto está. agota-
da, se olvida que su índole es esencialmente experimental. Pue-
de decirse que en cada país es un problema distinto el de la pe-
na de muerte, como son distintos casi siempre los problemas so-
ciales, políticos y económicos de cada región, de cada naciona-lidad. Los preceptos generales no pueden, por lo común, exten-
derse más allá de las fronteras del territorio;
y
esto mismo es
tal vez demasiado.
Es prudente, pues, desconfiar de las soluciones abstractas.
Tan compleja es la variedad de los fenómenos sociales y son
tan divergentes las direcciones que toma cada agrupación hu-mana, que sujetarlas á reglas é itinerarios fijos, uniformes, es
más difícil, seguramente, que hallar un!volapük de perfección tal
como para ser recibido con igual espontaneidad por todos los
pueblos de la tierra;
y
si advertimos todavía que las relativida-
des inacabables que campean en el organismo social
y
sus varie-
dades
y
divergencias cambian además al infinito é incesantemen-
te, con relación á la estructura de cada pueblo, á la diversidad
de cada lugar,
y
á las peculiaridades de cada momento, de ca-
da etapa evolutiva, ¿quién puede creer en reglas invariables, uni-
tarias?; ¿qué genio tendrá la suficiencia requerida para dar una
solución capaz de satisfacer á la vez las necesidades del viejo
y
del nuevo mundo, lo mismo á los ingleses que á los venezola-
nos, á los argentinos que á los franceses, á los suecos que á los
uruguayos, si acaso esto no es una descabellada utopía?
Es más sensato estudiar cada organismo social, lo más indi-

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