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Ernest Hemingway - Fiesta

Ernest Hemingway - Fiesta

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FIESTA – ERNEST HEMINGWAY
EDITORIAL SEIX BARRAL, S.A.Título Original: The sun also risesTraducción de M. SoláImpreso en España, mayo de 1985Este libro está dedicado a Hadleyy a John Hadley NicanorNinguno de los personajes de este libroestá tomado de la realidad
Libro primeroCapítulo primero
Robert Cohn había sido en un tiempo campeón de pesos medios enPrinceton. No vayáis a creer que un título de boxeo me impresione engran manera; pero, para Cohn, significaba muchísimo. No le gustabanada el boxeo; a decir verdad, lo detestaba. Si lo había aprendido afondo, después de arduo esfuerzo, había sido para contrarrestar elsentimiento de inferioridad y timidez que sintió al ser tratado como judío en Princeton. Le procuraba cierto consuelo íntimo saber que podíatumbar a cualquiera que fuese insolente con él, aunque, como era muytímido y una buena persona por naturaleza, no peleó nunca excepto enel gimnasio. Era el discípulo más brillante de Spider Kelly. Spider Kellyenseñaba a todos sus jóvenes caballeros a boxear como pesos pluma,tanto si pesaban ciento cinco libras como doscientas cinco; pero, por loque parece, a Cohn el método le sentó como un guante. Era tan buenoque Spider pronto le hizo competir con gente que lo aventajaba; laconsecuencia fue que le quedó la nariz aplastada para toda la vida. Esto
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acentuó la aversión de Cohn por el boxeo, pero le proporcionó al mismotiempo una extraña satisfacción y, desde luego, mejoró su nariz. En suúltimo año en Princeton leyó demasiado y se acostumbró a llevar gafas.No encontré nunca a nadie de su promoción que se acordase de él, nisiquiera de que había sido campeón de pesos medios.Desconfío de todas las personas francas y sencillas, especialmentecuando sus historias parecen tener lógica, y siempre me quedé con lasospecha de que tal vez Robert Cohn no había sido nunca campeón depesos medios; quizá un caballo le había pisado la cara, o quizá sumadre había tenido un susto o había visto algo, o quizá él, de niño, sehabía dado un porrazo. Pero al fin encontré a alguien que consiguiócomprobar aquella historia preguntándosela al mismo Spider Kelly.Spider Kelly no sólo recordaba a Cohn, sino que se había preguntado amenudo qué se había hecho de él.Robert Cohn pertenecía a una de las familias judías más ricas de NuevaYork, por parte de su padre, y a una de las más antiguas, por parte desu madre. En la escuela militar donde se preparó para entrar enPrinceton y fue al mismo tiempo un excelente extremo del equipo defútbol, nadie le había hecho tomar conciencia de su raza. Nadie le habíahecho sentir que era judío y distinto, por tanto, a todos los demás,hasta que fue a Princeton. Era un muchacho amable, afectuoso y muytímido, y ese asunto le amargó la vida. Se desahogó boxeando, y salióde Princeton con un penoso complejo de inferioridad y con la narizaplastada. Se casó con la primera chica que fue amable con él. Estuvocasado durante cinco años, tuvo tres hijos, perdió la mayor parte de loscincuenta mil dólares que su padre le había dejado –el resto de losbienes había ido a parar a su madre– y se templó en el poco atractivomolde de la infelicidad doméstica con una mujer rica. Y, precisamentecuando hubo tomado la resolución de dejar a su mujer, fue ella quien ledejó a él, largándose con un miniaturista. Como había estado pensandomeses y meses en dejarla y no lo había hecho por considerardemasiado cruel privarla de su compañía, su partida le ocasionó unshock muy saludable.Se tramitó el divorcio y Robert Cohn se marchó a la costa. En Californiafue a parar en un grupo de gente de letras y, como le quedaba todavíaalgo de los cincuenta mil que heredó, al cabo de poco tiempo estabasubvencionando una revista artística, que empea publicarse enCarmel, California, y acabó en Provincetown, Massachusets. Por aquellaépoca, Cohn, que hasta entonces había sido considerado sólo como unmecenas y cuyo nombre había aparecido únicamente en la primeragina, en calidad de miembro de la junta consultiva, se haa
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