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EL PARTIDO BOLCHEVIQUE
PIERRE BROUÉ
 
Edición revisada y corregida sobre la de Editorial Ayuso de 1973
PREFACIO A LA EDICION ESPAÑOLA
 Los diez años transcurridos desde la publicación de la edición francesa de este trabajo no parecenhaber desvirtuado sus conclusiones ni el método seguido en su elaboración. Permítasenos inclusoafirmar lo contrario. La historia del partido comunista (bolchevique) de la Unión Soviética constituye sinlugar a dudas uno de los datos clave para la comprensión del mundo contemporáneo pero muchas delas explicaciones ofrecidas a este respecto desde hace medio siglo chocan contra una serie depuertas cerradas a piedra y lodo, y ello cuando no se pierden en los tortuosos laberintos de la razónde estado, caminos estos igualmente cerrados por barreras no menos infranqueables.El pasado debe servirnos para comprender e interpretar el presente y esta convicción es la que nos hasugerido la necesidad de lleva a cabo un balance para nuestros lectores españoles con ocasión deesta nuestra primera edición de «El Partido Bolchevique» en lengua castellana.Los acontecimientos que, desde hace diez años han venido desarrollándose en la Unión Soviética yen los demás países del Este, constituyen una especie reveladora de la validez de los análisis que conanterioridad han sido llevados a cabo a su respecto. E1 estallido a plena luz del día del conflicto entrelos partidos comunistas de China y Rusia, las consecuencias de lo que en China ha dado en llamarsela «revolución cultural», las polémicas e incluso las crisis que se producen en el seno de los partidoscomunistas de todo el mundo. grandes o pequeños, legales o clandestinos, ya ocupen el poder o seencuentren en la oposición, resultaban hasta cierto punto previsibles para todo aquel que en suanálisis histórico hubiese empleado un método científico. Probablemente el lector de la primeraedición de nuestra obra no se habrá visto sorprendido ni por la crisis interna del partido comunistacheco, y su decisión de enero de 1968 de inaugurar una etapa de reformas en profundidad ni por elmovimiento de los estudiantes, los obreros y los intelectuales, que se lanzaban a la brecha abiertadesde la cúspide del partido, ni tampoco por la intervención armada del 21 de agosto de 1968 quesancionó, en contra de la manifiesta voluntad del pueblo, la vuelta a un cierto orden que en honor dela ocasión recibió el apelativo de ”normalización”. Igualmente previsible era la espontánea revuelta delos obreros de los astilleros de Gdansk y de Szczecin en diciembre de 1970, y el papel asumido enella por los comités de huelga transformados en verdaderos soviets que trataron de igual a igual a losorganismos oficiales del partido y el Estado. Y es que el conocimiento y la comprensión de losmecanismos de la historia pretérita iluminan las fuerzas que se enfrentan hoy, pone de relieve la
 
continuidad o bien la resurrección de unas tradiciones profundas o de unas corrientes reprimidasdurante largos años, disimuladas tal vez por la utilización de un mismo 1éxico o por las continuasreferencias a una ideología común al menos en lo que a los principios se refiere.En resumen, en nuestra opinión, este trabajo, publicado en 1962, constituye un instrumento quepermite comprender la crisis por la que atraviesan en nuestros días los partidos y Estados que seautodenominan socialistas y usufructúan de un modo u otro la experiencia de la Unión Soviética, yopinamos así porque continuamente se hace referencia en sus páginas a la acción de unas fuerzas yde unas presiones sociales que nunca ha n desaparecido por completo y que siguen constituyendo laestructura, contradictoria a veces, de tales partidos y Estados. Cualquier tipo de explicación global, yase refiera al “marxismo-leninismo” concebido como un dogma o bien a su naturaleza «totalitaria» o«dictatorial», resulta de todo punto inoperante a este respecto, es decir, en cuanto concierne a lasrealidades contemporáneas de crisis, desgarramiento, antagonismos y conflictos en el propio seno delsistema. Incluso la versión que durante varios años defendió el llorado Isaac Deustcher, aquella quese refería a la posibilidad de una «reforma desde arriba», avalada durante cierto tiempo por laexperiencia jrushoviana, revela plenamente en la actualidad su impotencia, .a la hora de interpretar una crisis que se traduce en una serie de conflictos de carácter puramente revolucionario. De hecho,el tema que aquí se aborda es tal vez el más difícil que puede plantearse la Historia contemporánea.En efecto, sobre esta cuestión, nadie puede alardear de neutralidad -y el historiador puede hacerlo tanpoco como el potico o el periodista-, todo autor, todo lector, expresan, consciente oinconscientemente, una serie de apriorismos hostiles o favorables que no son sino los reflejos de unaconcepción del mundo que no se siente obligada a tener en cuenta el imperio de los datos objetivos ola constelación de rigurosas exigencias que se imponen al trabajo del historiador. Por otra parte, losacontecimientos cotidianos y 1o que éstos ponen en juego, contribuyen, en tales cuestiones, a falsear los datos básicos de la propia labor historiadora, aunque sólo fuese por su contribución, directa oindirectamente, a la deformación, falsificación, sustracción o supresión de los documentos queintegran su insustituible materia prima.A este respecto resulta además altamente significativo el hecho de que la trama básica de condicionesde investigación acerca de la Unión Soviética, desde la revolución de octubre de 1917 hasta nuestrosdías, tanto desde el punto de vista de la ubicación de documentos como desde el de la merahistoriografía, se articule de forma perfectamente natural en torno a las .fechas que suponen decisivosvirajes en la historia política del país. Así, 1924 supone la muerte de Lenin pero también el enunciadode las premisas de lo que sería dictadura estaliniana y 1956 marca el principio de la denuncia del«culto a la personalidad» de Stalin a cargo de sus lugartenientes de ayer convertidos en sussucesores.Después de la revolución, los primeros años del nuevo régimen presenciaron un enorme esfuerzodirigido hacia la publicación de los materiales de la historia para la Historia, panfletos y artículos, actasy documentos oficiales, memorias y recuerdos, encuestas, antologías de artículos o de discursosfueron así dados a la luz en una actividad cuya única limitación fue la mediocridad de los mediosmateriales disponibles y las imperiosas presiones primero de la guerra civil y más tarde de lareconstrucción económica. No obstante esta abundancia, de incalculable valor para la investigaciónhistórica y la reflexión política , fue tristemente efímera. A partir de 1924, la política cotidiana de losdirigentes domina directamente no sólo la elaboración del propio proceso histórico sino también lamera publicación o al menos la disponibilidad de los documentos más elementales. A partir de sutercera edición, las obras completas de Lenin aparecen mutiladas de todas aquellas frases que podíanser interpretadas como una premonitoria condena de la política de sus sucesores, mientras que lamayor parte de su correspondencia es ocultada a los investigadores y, naturalmente, al público engeneral. Las obras de los autores que han sido anatemizados en el terreno político como Trotsky,Bujarin, Ziníviev y muchos más son retiradas de la circulación y su impresión queda terminantementeprohibida, mas no se detiene en este punto la represión cultural contra los vencidos, también las obrasmenos importantes, aquellas que se limitan a mencionar a estos hombres, dando una visión justa delpapel desempeñado realmente por ellos en la fundación del nuevo régimen, son objeto de idénticotratamiento. La conclusión para el estudio es que todo documento proveniente de la Unión Soviéticadebe ser objeto de un examen cuidadoso no ya en función de su contenido sino con vistas a la fechade su publicación, resultante en casi todos los casos de un cálculo político basado en los intereses delmomento y desprovisto de todo tipo de interés para la historia política.En tales condiciones, este documento, al que es necesario aplicar la duda metódica por principio,pierde toda significación por mismo convirtiéndose en un mero indicio de un trasfondo quepermanece inaccesible. El trabajo de investigación se torna entonces punto menos que imposible. Lasituación se hace todavía más grave a partir de 1930; durante todo el periodo posterior a esta fechalos documentos oficiales de la U.R.S.S. son prácticamente inutilizables en su totalidad. Por esta épocase produce, como buena prueba de lo dicho, la somera condena de que Stalin hace objeto alhistoriador Slutsky, que se suicidó tras de su expulsión del partido, con el siguiente somero veredictoque convierte de paso a la historia en un menester impracticable: «¡Sólo los burócratas incurables ylas ratas de biblioteca pueden fiarse de unos documentos que no son más que papel!» Esta es latónica general hasta 1956.Sin embargo, el historiador dispone de algunas fuentes documentales. Para el periodo que va de 1917hasta 1939 cuenta con los importantes archivos de León Trotsky que fueron depositados enAmsterdam y Harvard tras su expulsión de la Unión Soviética; se trata de una serie de documentos,densos y continuos hasta 1928, que empiezan a serlo menos posteriormente; no obstante, 1a mayor parte de la correspondencia está vedada a la investigación hasta 1980. Los documentos másesenciales de estos archivos han sido reproducidos en las principales obras de Trotsky y en la prensa«trotskista» internacional. Hasta 1939, el historiador podía contar además con otros datos de valor: losaportados en los escritos de Victor Serge, si bien estas informaciones debían ser contrastadascuidadosamente pues el escritor había reproducido sus informaciones de memoria al haberle sidoincautados sus archivos en Moscú, y las memorias del veterano comunista yugoslavo Anton Ciliga,
 
que consiguió escapar de un campo de concentración donde tuvo ocasión de recoger un sinnúmerode confidencias personales y de interpretaciones de los grandes acontecimientos de la historia de laU.R..S.S.. Asimismo, el estudioso puede contar con las informaciones vertidas en las publicacionesmencheviques como CourrierSocialiste del historiador Boris Nikolayevsky, al que debemos lapublicación de la misteriosa «Carta de un viejo bolchevique», repleta de informaciones inéditas sobreel período anterior e inmediatamente posterior al asesinato de Kirov.A partir de 1945 el investigador ya no dispone de fuentes como estas, perfectamenteutilizables a pesar del compromiso político de sus detentadores o autores. El lugar ocupado por estostestimonios de los grandes protagonistas queda ocupado por un verdadera avalancha de relatos,memorias, e informes que emanan en general de «personas desplazadas», es decir de una serie deciudadanos soviéticos que se negaron a ser repatriados a su país de origen al finalizar la guerra. Lamateria de análisis es pues abundante, excesiva incluso puesto que su origen la hace sospechosa enla generalidad de los casos. En efecto, los testimonios directos son elaborados a posteriori y lasencuestas son realizadas por una serie de especialistas de la acción psicológica, cuya preocupaciónfundamental no es, sin duda, la consecución. de la verdad histórica. Al propio tiempo se crea unaverdadera «industria» de supuestas memorias susceptibles de convertirse, merced a la acción deunos falsificadores habilidosos, en una pingüe fuente de ingresos: a este respecto podríamos evocar la aventura de un gran especialista anglosajón en historia soviética que sin duda no habrá olvidadotodavía la confusión que le hizo tomar por auténticas ciertas falsas memorias de1 comisario del puebloMaxim Litvinov. Por otra parte, de todo el conjunto de materiales recogido de esta forma, sólo sepublican los documentos que se consideran rentables, es decir, vendibles, ya sea en el planopuramente comercial –lo sensacional- como en el político -el más burdo esquematismo. De todo elalud documental de la posguerra sólo puede citarse una excepción de gran importancia: los archivosde la organización del partido de la región de Smolensk, recogidos primero por el ejército alemán en1941 y pasados en 1945 a las manos del ejército americano; en base a ellos, el historiador americanoMerle Fainsod ha escrito un estudio que constituye una ventana abierta sobre los mecanismos delpoder y de la vida cotidiana en la Unión Soviética sin precedentes para ningún otro país.En cuanto a la historiografía, su destino parece coincidir de forma natural con el de los documentos.Hasta 1956 -a partir la muerte de Lenin-, la historiografía soviética no es sino la versión, manipuladapor añadidura, de la historia del país conforme a lo que en todo momento quieren hacer creer sobreella los dirigentes, se trata de una justificación de su política, la pasada o la actual, es decir, de unaespecie de artificio político-policíaco opuesto objetivamente a la realidad. Sin duda, el investigador puede, con algún fruto, estudiar las diferentes versiones y comparar las sucesivas ediciones paratomar nota de las contradicciones y supresiones con el fin de ofrecer una interpretación política de lasituación durante el período de la publicación,, pero eso es todo... Semejante quehacer sólo puedeengendrar una serie de mitos, efímeros algunos y duraderos los más, carentes todos ellos de unaverdadera ligazón con la realidad histórica y válidos únicamente a la hora de conocer las necesidadespolíticas de los hombres que detentaban el poder en la coyuntura de su elaboración.Comparada con la historiografía soviética, la anglo-sajona ilumina ampliamente la etapa que nosocupa. Ciertamente dispone de muchos menos materiales de primera mano pero en cambio sebeneficia de una gran flexibilidad en la organización de sus tareas. Durante los últimos años algunasuniversidades han comprado, pagando su peso en oro, todos los documentos a los que podíanacceder, han alquilado los servicios de los más eminentes investigadores emigrados y formadovaliosos equipo de trabajo. En general la información básica que sustentan las obras de estoshistoriadores es de una solidez a toda prueba y aun en nuestros días es considerada como un caudalenormemente valioso por el propio investigador o estudiante soviético que no ha tenido este materiala su disposición. No obstante, su interpretación de los hechos suele a menudo ser discutible, y ello enprimer lugar porque los emigrados tienen una tendencia inevitable a escribir la historia dejándose guiar por su rencor, pero también porque dan prueba en ciertas ocasiones de una cierta sensibilidad a lasexigencias de la competencia en el mercado, que les suele llevar a ciertos excesos de audacia en lainterpretación y a una serie de afirmaciones perentorias en lo referente a algunas cuestionessusceptibles tal vez de una mayor prudencia y circunspección. Además, esta historiografía, como laanterior, responde casi siempre a una serie de objetivos que perturban su rigor científico en la medidamisma en que se trata no ya de analizar una realidad histórica de difícil aprehensión, compleja ycontradictoria, sino de justificar la superioridad de un sistema sobre otro o de sancionar la victoria deuna ideología o de un bando; es esta pues, en definitiva, una concepción tan dogmática como laprecedente y a manera de reverso de la misma medalla, tan estéril como ella, incluso cuando llega aunas conclusiones perfectamente utilizables cuando la honradez de ciertos historiadores les permiteofrecer, a falta de una autentica interpretación, los materiales fundamentales sobre los que talinterpretación debería basarse. Este es el caso sobre todo de la obra de Edward Hallett Carr, sumonumental Historia de la Rusia Soviética, cuyos siete primeros volúmenes han sido publicados. ¿Qué decir de la historiografía francesa sobre este tema durante los últimos años? En general destacapor su mediocridad como consecuencia de una prudente tradición en materia de investigaciónhistórica que ha !venido prescindiendo sistemáticamente de los temas demasiado recientes oexcesivamente polémicos; pero no es esta la única razón de estas limitaciones, pues también tieneuna considerable influencia la prudencia comercial necesaria donde existe un poderoso partidocomunista mantenedor de una determinada versión de la historia de la U. R. S. S. y del partidobolchevique.Hasta aquí la tónica general de hace no demasiados años, pero los datos básicos del trabajohistórico se han visto brutalmente influidos por lo que ha dado en llamarse la «desestalinización,». Yello no lo por el mero y la importancia de las «revelacionede Nita Jruschov y suslugartenientes como se apresuró a vocear en sus titulares la prensa de todo el mundo. De hecho nohubo entonces ninguna verdadera revelación en el sentido estricto sino una serie de confirmacionesde gran importan cia ciertamente. A favor de este proceso se publicaron las Cartas de Lenin cuyaexistencia habla ya sido afirmada por Trotsky cuando el régimen de Stalin negaba que hubieran sido
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