profundamente
hostil
como
el
trazado
por
Apiano
(Hans, 1991). La
confianza
que, en
principio,merecería
el
relato
de Tito
Livio,
se
ve
perjudicada
por los
innumerables
errores
de detalle,
algunos
de
los
cuales
han
sido
puestos
en
evidencia
por
los
hallazgos
arqueológicos,
como
ocurre con
el asedio de
Sagunto
(Romeo
Marugán
y Garay T
oboso,
1995: 269 ss). Las
investigaciones
arqueológicas,lingüísticas
y,
particularmente,
las
numismáticas,
nos
ofrecen
datos
complementarios
que
no
siempre
son
fáciles de
interpretar
. Hay que
tener
presente
que
precisamente
en
aquellos
momentos
se estaba
ultimando
el proceso
histórico
de
formación
de
algunos
grupos
políticos
peninsulares
y que la
conquista
cartaginesa
primero
y la
guerracon
los
romanos
después
incidió
en
ello
notoriamente.
La
confusión
entre
ciertos
etnónimos
que
en
ocasiones
muestranlos
textos
puede responder
a
distintos
momentos
en
dicho
proceso
de
formación.Nomenos
significativa
es la
presencia
de
una
población
fenicia
anterior
, así
como
grupos
de
autóctonos
en
menor
o mayor
medida sometidos
a su
influencia
cultural,
lo
que en
ocasiones
añade
una
dificultad
extra
a la
hora
de
determinar
sital o cual rasgo
pertenece
a los
púnicos
y
africanos
parcialmente
aculturados
llegados
con
los Bárquidas
o
si se
corresponde
al substrato
fenicio-púnico
precedente.
Causas de la conquista Bárquida.
El
fin
de la
Primera
Guerra
Púnica
había
supuesto
para los
cartagineses
lapérdida de
Sicilia
con
el tratado
impuesto
por
Roma en
el 241 a. C. Poco despuésse
produciría
la de
Cerdeña,
consecuencia
en
parte de las
dificultadesprovocadas
por la
Guerra
de
los
Mercenarios.
El
propio
Polibio (III, 15, 10)
considera
que la
anexión
de
Cerdeña
por
Roma,
bajo la
amenaza
de
una
nueva
guerra que loscartagineses
en
modo
alguno
podían
aceptar,
carecía
de
cualquier
tipo de
justificación
y
en
ellaencuentra
un
motivo
más
de ese afán de
revancha
que,
según
la
historiografía
romana
y
muchos
investigadores modernos, habría
de
impulsar las empresas de Amílcar primero y Aníbal más tarde.
T
ales
pérdidas
suponían
el
desmantelamiento
de la
estructura
que
durante
siglos
había
permitido
la hegemonía
marítima
cartaginesa
en
el
Mediterráneo
por
medio
de tratados
bilaterales
de
aparienciaparitaria
pero que en la práctica
permitían
a los cartagineses
imponer
sus
intereses
(Whittaker
, 1978,
W
agner, 1989López Castro, 1991, 1992).
Una
hegemonía
que
no
sólo
implicaba fines políticos,
sino
que garantizaba
el
abastecimiento
de toda
una
serie
de recursos,
vitales
parasu
economía, entre
los que
los metales
destacaban por su
especial
importancia.
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