reflexión puede provocar cierta ansiedad en quien la realiza, ya que le hace percatarsede la increíble conjunción de circunstancias favorables, que uno sólo de un modo muyrelativo y limitado controla, necesarias para vivir simplemente una vida normal deadulto.Pues bien, dentro del marco de la vulnerabilidad genérica del ser humano, lavulnerabilidad específica del menor, supone un salto cualitativo, de cuyo tratamientovamos a ocuparnos en las próximas páginas. Este salto cualitativo a una mayor vulnerabilidad, tiene un marco propio: el desarrollo del menor hasta la adultez y unainstitución natural de protección a dicho desarrollo: la familia
. El ser humano, por naturaleza, es engendrado en el seno de la familia, con la cooperación biológica de padre y madre, y su desarrollo viene determinado por una enorme dependencia de lamadre en los primeros estadios de su crecimiento y una mantenida dependencia delcontexto familiar de padre y madre, hermanos y parientes, en los siguientes años, paragradualmente ir haciendo tránsito a una sociabilidad y desarrollo mayores, con unaregresión progresiva de la dependencia, sin que esta desaparezca nunca totalmente, yaque su naturaleza relacional-familiar le lleva a vivir siempre en el ámbito de un núcleofamiliar, que evoluciona pero se mantiene.La vulnerabilidad del menor está directamente relacionada con la característicaespecífica que le permite desarrollarse hasta la adultez: la plasticidad receptiva de que la propia naturaleza dota al menor, de modo que éste, además de su propio desarrolloorgánico endógeno, asimila de su entorno los afectos y aprendizajes necesarios para sumaduración. Para bien y para mal, todo menor, por el mero hecho de serlo, essumamente permeable a las influencias, ejemplos, afectos o desafectos, carencias, etc.que se producen en su entorno, todo ello en conmixtión profunda con su crecienteconciencia y libertad, a medida que se van produciendo las distintas etapas de sudesarrollo. Incluso las características innatas o genéticas de una persona se vanmodulando, al interaccionar con el ambiente que le rodea, de modo que los genetistas,más que de un fenotipo fijo e inmutable, hablan de una realidad epigenética, esto es,abierta y caracterizada por la plasticidad de la que hablábamos.
Las condiciones ideales de desarrollo para un menor, en sus distintas etapas, soncambiantes en relación con las características de naturaleza y crianza, herencia yambiente, período crítico o único de algunos aprendizajes, períodos sensibles u óptimos para algunos otros
,
de sus potencialidades y limitaciones congénitas y de lascaracterísticas del mismo tipo de las personas y demás circunstancias de su entorno, por lo que no puede hacerse una descripción única de las mismas, pero sí tienen unosdenominadores comunes suficientemente ilustrativos, que resultan imprescindibles paraorientarnos sobre el grado de proximidad o alejamiento respecto de los mismos, que unadeterminada situación personal, familiar o social pueda suponer para un determinado
1.-
En realidad el desarrollo humano no se agota en la edad adulta. Como señala GRACE J. CRAIG en su"Desarrollo psicológico" Pearson Educación, México, 2001, pag. 5: "
El desarrollo comienza con laconcepción y se prolonga durante toda la vida; de manera arbitraria, a veces lo dividimos en etapas para contar con puntos de referencia. Pero el ciclo vital toma tantos derroteros como personas hay en el mundo."
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Natalia López Moratalla. y María José Iraburu Elizalde "Los quince primeros días de una vidahumana" Eunsa. 2004, pag. 20, donde dicen: "
Por ello, para predecir cómo será el fenotipo de unindividuo no bastaría con conocer las peculiaridades propias del mensaje genético heredado, ni con saber cual ha sido la influencia del entorno materno, o la alimentación, etc. Ambos factores sonnecesarios y es la interacción dinámica de ambos la responsable del fenotipo final del individuo
"
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GRACE J. CRAIG ob. cit. pag.9 y ss.
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