La defensa de las libertades sociales en su extremo, ha motivado al hombrecontemporáneo a utilizar un criterio tolerante y permisivo por lo demás,necesario para comunicarse, derrumbar fronteras y para la conquista denuevos horizontes aunque totalmente inadecuado en el ámbito de los oficios, provocando la ignorancia de los márgenes profesionales y perdiéndose conello la identidad profesional del creador y curador de las Bellas Artes.Esta tendencia, en su vehemencia, ha generado conflictos antagónicos y unalucha de intereses entre conocimientos y convencimientos - dos palabras parecidas que denotan diferencias específicas- se puede estar convencido sinconocimiento y se puede conocer sin estar convencido.Es importante descubrir esta verdad, porque, en ocasiones, nos convencemossin elementos de juicio, (
prejuicio
) y en otras juzgamos sin convencimiento(
el desajuste del desubicado
). Pero,
"no hay nada repartido másequitativamente en el mundo que la razón. Todo el mundo está convencido detener la suficiente"
(René Descartes
)
. Y, en cuanto a la identificación del arte,debemos estar convencidos de la justificación de nuestro conocimiento paraque nuestras opiniones sean consideradas justas. Argumentar que la belleza es variable, y determinada por cada individuo,destruye la concepción máxima de la belleza como sensación de plenitud y propone el significado de plenitud en el rango de cualquier complacencia, perdiéndose de este modo la orientación por lo máximo, lo justo y lo pleno.Pretender igualar lo máximo con lo mínimo, lo justo con lo injusto y lo plenocon los fragmentos, infra-valora lo supremo y supra-valora lo mínimo, lo quedenota una tremenda injusticia a la jerarquía de la creación.La máxima belleza se deriva de la complacencia máxima, y el máximo estadode complacencia posible es el derivado del establecimiento vincular intrafamiliar incondicional maduro, como veremos más adelante.Justificar pleno aquello que satisface al inmaduro es evidenciar con ello laignorancia de lo maduro. Los niveles de complacencia son proporcionales alos estratos de necesidad, y no todos son iguales, ni en intensidad, ni enfinalidad o dimensión, lo que nos obliga a establecer categorías y reconocer suubicación en dichas jerarquías. Pero existe en el mercado la imperantenecesidad política a eliminar estas diferencias. Esta tendencia a igualar losvalores, en lugar de igualar las oportunidades, hace que el arte pierda sunaturaleza original de ser contenedor de los procesos de maduración del
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