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IffERTENCIÁ DEL AUTOR,
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EciAmos al publicar el año último (1 814.) el primer volúmen de este
DICCIOINARIO,
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que una de las principales causas que se oponían al estudio del derecho canónico,
era la falta de obras apropiadas á las circunstancias presentes y arregladas á
nuestra actual lejislacion : y añadiamos que procuraríamos llenar lo que nos pa-
recia
na laguna. No sabemos si en parte lo habremos conseguido ; mas la rapi-
que se agotó la primera edicion de este volítmen , nos ha confirmado en
pe entonces habiamos manifestado , de que en todas partes se conoce la
indispensable necesidad de recurrir al estudio dei derecho canónico, tanto tiempo
descuidado. «Empiézase á sentir en todas partes, observa con nosotros el Reve-
rendo Padre Gueranguer,, la necesidad de conocer y estudiar el derecho eclesiás-tico. La indiferencia en que ha vivido la Francia hace cuarenta años, sobre la dis-
ciplina jeneral y particular de la Iglesia , es un hecho sin ejemplo en los anales delcristianismo. Las consecuencias de esta larga indiferencia, agravadas con el tiem-
po ,
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curarse sino recurriendo á las verdaderas fuentes (le la lejisla-
cion e$ Si
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\o y á los graves
y doctos escritos de canonistas sin tacha (1).
Timos cox
ec
'synos dicho
de
la importancia , utilidad y necesidad del estudio
del
i
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osttiónico , se ha tenido siempre por tan cierto, escepto en estos últi-
tempos , que despues del de la Sagrada Escritura , no hay estudio que se
haya recomendado tan fuertemente como el de tos cánones. Escribiendo
el
Papa
Siricio al obispo libero , le
decia: «No es libre It ningun sacerdote dele Señor,
ignorar
las
prescripciones de la Sede Apostólica, ni las venerables definiciones de
los cánones.
»
Staluta seáis apostolicw,
, vel eanoiunn venerabilia defi/
H
ia mullí
(1) Instituciones- litúrjicas , tom. I, páj. XXI del ,prefacio.
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