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Sobre el concepto de ciudadanía. Historia y modelos

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Factótum 6, 2009, pp. 1-22ISSN 1989-9092http://www.revistafactotum.com
Sobre el concepto de ciudadanía:historia y modelos
Juan Antonio Horrach Miralles
 
Universidad de las Islas Baleares (España)E-mail: jahorrach@yahoo.es
Resumen:
La historia del concepto de ciudadanía ha sido larga, aunque sólo recientemente se ha concretado enuna serie de modelos cuyo sentido y efectividad dependen del diálogo que se establezca con el itinerarioexperimentado por este concepto. Pasado, presente y futuro de la ciudadanía están relacionados a través de unprincipio que explica la virtud democrática y el fin último de la política y la moralidad.
Palabras clave:
ciudadanía, democracia, individuo, comunidad, libertad.
Abstract:
The history of the concept of citizenship has been long, but only recently has materialized in a series of models whose sense and effectiveness depend on the dialogue to be established with the itinerary of thatconcept. Past, present and future of citizenship are related across a beginning that explains the democratic virtueand the last end of politics and morality.
Keywords:
citizenship, democracy, individual, community, freedom.
Agradecimientos:
Este artículo está basado en mi texto “Tema 46: La base ética de la ciudadanía”, Julio Ostalé(dir.),
Temario de Oposiciones para Secundaria. Rama de Filosofía
, Centro de Estudios Académicos S.A. /Universidad de Salamanca (aval científico), Madrid, 2009, isbn 978-84-936163-3-5.
1. Introducción
Aunque el concepto de ciudadanía serelaciona habitualmente con el ámbito de lamodernidad, su nacimiento se produjorealmente mucho antes, concretamente haceunos 2.500 os, en la época de la Greciaclásica. Poco a poco, tras muchos esfuerzos yvaivenes, la idea de ciudadanía ha idoampliando su vigencia y afectando cada vez amás esferas de la realidad. También ha idoampliando los derechos vinculados al conceptoen sí, de manera que, si en un principio sólo sebeneficiaba de ellos una pequeña élite, másrecientemente el marco se ha ampliado demanera notable, hasta alcanzar una igualaciónconsiderable. En este sentido podemos hablar,incluso, de un progreso que se ha idoencaminando, en etapas ya muy cercanas,hacia una “ciudadanía universal” que trasciendediferencias nacionales, religiosas o culturales.De sociedades identitarias y excluyentes,hemos pasado, principalmente en el ámbito delas democracias occidentales (sólo una terceraparte de los países son sistemas democráticos),a sociedades plurales y multiculturales en lasque priman identidades sociales múltiples.Tambn, de un tipo de ciudadanía verticalhemos pasado a uno horizontal, en el que lasidentidades no se heredan automáticamente,sino que se articulan individualmente de unmodo reflexivo.¿Por qué es tan importante para nuestromundo la idea de ciudadanía? Para entenderlo,primero sea necesario hacer un poco deantropología. Como dea Aristeles, elhombre es un ser social, un individuo quenecesariamente debe vivir, de una o de otramanera, en un ámbito comunitario. Por tanto,el eje de la comunidad (democrática) no puedequedar definido por un determinado individuo ogrupo, sino por el conjunto de relaciones yvínculos interindividuales que se conforman aun nivel lo más libre e igualitario posible.
CC: Creative Commons License, 2009
 
2 Juan Antonio Horrach Miralles
Dejando de lado, por el momento, sipriorizamos en esta cuestión el individuo o lacomunidad, lo que es innegable es que lodecisivo de toda esta dinámica es lainterdependencia que se produce entre todoslos seres que forman parte del medio social;la red de interrelaciones es lo que está en labase de la necesidad de la ciudadanía, puesel potencial de conflictividad que esasrelaciones suponen hace necesario que seestablezcan medios para que las tensionesno lleguen demasiado lejos. Y, en estesentido, la democracia es el modelo que demanera más adecuada plasma estasrelaciones, dado que otros modelos másautoritarios reducen el efecto de estosnculos interindividuales a una cadena jerárquica que prioriza a determinadosindividuos, separándolos del círculo de lasrelaciones sociales. El ámbito de laciudadanía progresa inevitablemente endireccn a una mayor igualacn de losindividuos, ya sea en cuestiones que afectana los derechos como también a los deberes.El ciudadano democrático ha dejado dedepender de algunos individuosdeterminados para vincularse a todos losdemás en condiciones de igualdad; la ley nosemancipa de poderes particulares para pasara participar de una universalidad en elsentido de que se igualan la relacnderechos/deberes. Siguen existiendo, quéduda cabe, las jerarquías, pero no son deesencia tiránica y también existe una mayorposibilidad para moverse por sus ámbitos,pasando de unas a otras con más facilidad.Antes de entrar en un recorrido históricodel concepto de ciudadanía, y sipretendemos entender la raíz de su sentido,debeamos tener en cuenta cosas muybásicas referentes a ella y a la democracia. Yes que cuando hablamos de ciudadaníatambién lo estamos haciendo,necesariamente, de democracia; una cosa yla otra, aunque no sean exactamente lomismo, resultan inseparables. Ambostérminos tienen unas características activas,dinámicas, potenciales, en el sentido de quedeben ponerse en juego constantemente;mientras que la ciudadanía es algo que acada momento se está jugando, lademocracia tampoco es un estado inmóvil yconsumado, sino algo en continuatransformación. A este respecto, en muchasocasiones parecemos olvidar que vivir enuna democracia no es algo irreversible, esdecir, que el hecho de que exista un régimende libertades no implica necesariamente queesa situación vaya a mantenerse de formaautomática y sin posibilidad de cambio. Lademocracia, que precisamente se caracterizapor una cierta inestabilidad interna, fruto delpluralismo que la caracteriza, por unosconflictos que, por ejemplo, en unadictadura no se dan (dado que no haypluralidad alguna. Esta paradoja demasiadasveces se deja fuera de análisis crítico),puede desaparecer si la ciudadanía nomantiene una posición fuerte y activa,consciente de lo que se juega en cada caso.Es el ciudadano, en el uso de las libertades yobligaciones inherentes a su condición, elque permite que la democracia se mantengay sea, en consecuencia, lo que la teoría diceque es. Todo esto se entiende si recordamosalgo muy básico, como es que la democraciaes una construcción cultural, no algoarraigado en nuestra base genética, y esocomporta que la educación juega un papeldecisivo en todo ello. Una educación éticadel ciudadano, el ‘saber de la ciudadanía’,como se titula un interesantísimo libroeditado recientemente por Aurelio Arteta(Arteta 2008), sería, por tanto, un elementoa tener en cuenta para el buen desarrollo deun sistema democrático. La democraciabásicamente arraiga en dos ámbitos: unaestructura jurídico-constitucional, es decir, eldeterminado régimen político, queacondiciona el medio para el despliegue dederechos y deberes cívicos; y, tanimportante o más (dependiendo del modelociudadano que se adopte), un ámbito másindividualizado, el de la sociedad civil, en elque la ciudadanía se abre al ejercicio directode sus principios, o sea, un ideal de acciónpolítica. El entramado del primer caso esbásico para que pueda existir unademocracia, pero el segundo caso es laplasmación de eso, la puesta en práctica delo que se presenta de modo potencial, larealización de un proyecto emancipatorio. Yes que en una democracia, que es unasociedad eminentemente reflexiva, losciudadanos esn obligados a decidirconstantemente y en cualquier situación;cada individuo debe ir construyendo suposición y su identidad de una manera
CC: Creative Commons License, 2009
 
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personalizada. En efecto, la democracia noes un estado permanente e irreversible, sinoun objetivo, una finalidad que siempre estápendiente de realización plena, una Ítacaque, a diferencia del relato horico,siempre está en pos de ser alcanzada, nuncaaparece completamente.
2.Historia de la ciudadanía2.1.Grecia
Grecia fue un inicio de muchas cosasimportantes, por ejemplo de la democracia ytambn de la filosoa, ámbitos que enmuchas ocasiones se separan pero quesegún determinados autores estánintrínsecamente vinculados (cf. Castoriadis1998, 1999). En materia política, Grecia nosha legado dos modelos que vamos ahora apresentar y analizar: el modelo ateniense yel modelo espartano.
2.1.1. Modelo ateniense
En el contexto que tiene que ver con laspolis griegas podemos hablar de diferentesmodelos. El más importante de todos, porser el que más huella nos ha dejado, aunqueEsparta fuera hegemónica en su momento,es el que corresponde a la ciudad de Atenas.Las características básicas del mismo tienenque ver con un desarrollo de la idea del
demos
(pueblo) y de la participacnciudadana, de la aparición de unasubjetividad reflexionante y, enconsecuencia, del sujeto político. En susinicios, en Atenas funcionaba un sistema jerárquico que en sí no era autoritario, en elsentido de que los gobernantes no podíanhacer aquello que consideraran conveniente;sucedía más bien al contrario, pues éstosestaban obligados a responderperiódicamente ante los ciudadanos.Progresivamente la actividad directa de losciudadanos fue a más; de una posición decontrol se pasó a un ejercicio directo delpoder. Podríamos decir que el espíritu deeste modelo consisa en desarrollar unproyecto de autonomía según el cual cadaindividuo fuera importante para elfuncionamiento de la comunidad, de modotal que ciudadanía y Estado no sediferenciaban. Facilita las cosas, a la hora deentender la progresión de este modelo,separar su funcionamiento por épocas,representadas en cada caso por unadeterminada figura política.En la época de Solón (siglo VI a.C.) seda lo que acabamos de plantear: unamodificación de la estructura social y políticade Atenas que permitió acercar de algunamanera el derecho a los ciudadanos. Encuanto a forma de gobierno se refiere, sepade la aristocracia a la timocracia(régimen mixto), combinando el tribunalaristocrático (
 Areópago
) con el popular(
Heliea
). Decisivamente se adoptaron unaserie de valores, como es el caso de lamoderación (
sophrosine
), que es un antídotocontra la desmesura (
hybris
) y la guerra(
 polemos
).Las reformas de Clístenes llegaron afinales del siglo VI y consistieron en laimplantación plena de un régimen mixto,que aunaba aristocracia y democracia. Encontra de la tiranía, la aristocracia se aliabacon el pueblo, al que convenientemente leeran otorgados una serie de derechos. Elpacto permitía que se consolidara unrégimen más abierto y, sobre todo, más justo, pues, aunque las clases altas seguíanacaparando los puestos más importantes, lasclases bajas controlaban el funcionamientode todo el proceso. Mediante el paso de la
eunomía
(principio aristocrático) a la
isonomía
(igualdad de los ciudadanosrespecto a las normas), la condicn deciudadanía superaba en este caso obstáculosprivilegiados como podrían ser los del linajeo del grupo étnico. Otra novedad delmandato de Clístenes tiene que ver con laley del ostracismo (que funcionó durante elsiglo V), según la cual la Asamblea teníacada año la potestad para desterrar de lapolis a un hombre durante un período dediez años. La ley solía aplicarse a políticos yse ponía en marcha cuando se considerabaque uno se desenvola s alde susatribuciones permitidas; su finalidad eraevitar abusos de poder que pudieran poneren peligro la democracia. Sin embargo, conesta ley se cometieron también no pocosabusos, pues de fondo laa una pulsnexasperada de igualación a todos los niveles.Cercenar una posición de preeminencia tienesentido cuando ésta amenaza el
statu quo
democrático, pero no cuando lo que se da espuro y simple resentimiento.
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Cicerón, en línea con Aristóteles, señalaba que unaigualdad radical puede llegar a impedir el justoreconocimiento del mérito.
CC: Creative Commons License, 2009

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