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980 Barthes Semántica del objeto

980 Barthes Semántica del objeto

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semiotica
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02/23/2010

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original

 
 
- 1 -
 
Roland BarthesSemántica del objeto
*
 
Querría presentar ante ustedes algunas reflexiones sobre el objeto en nuestra cultura, a la quecomúnmente se califica de cultura técnica; quisiera situar estas reflexiones en el marco de unainvestigación que se lleva a cabo actualmente en muchos países bajo el nombre de semiología ociencia de los signos. La semiología, o como se la denomina en inglés, la semiótica, fue postuladahace ya cincuenta años por el gran lingüista ginebrino Ferdinand de Saussure, quien había previstoque un día la lingüística no sería más que una parte de una ciencia, mucho más general, de lossignos, a la que llamaba precisamente «semiología». Pero este proyecto semiológico ha recibidodesde hace varios anos una gran actualidad, una nueva fuerza, porque otras ciencias, otrasdisciplinas anexas, se han desarrollado considerablemente, en particular la teoría de la información,la lingüística estructural, la lógica formal y ciertas investigaciones de la antropología; todas estasinvestigaciones han coincidido para poner en primer plano la preocupación por una disciplinasemiológica que estudiaría de qué manera los hombres dan sentido a las cosas. Hasta el presente,una ciencia ha estudiado de qué manera los hombres dan sentido a los sonidos articulados: es lalingüística. Pero, ¿cómo dan sentido los hombres a las cosas que no son sonidos? Esta exploraciónes la que tienen aún que hacer los investigadores. Si todavía no se han dado pasos decisivos, es pormuchas razones; ante todo, porque sólo se han estudiado, en este plano, códigos extremadamenterudimentario, que carecen de interés sociológico, por ejemplo el código vial; porque todo lo que enel mundo genera significación está, más o menos, mezclado con el lenguaje; jamás nos encontramoscon objetos significantes en estado puro; el lenguaje interviene siempre, como intermediario,especialmente en los sistemas de imágenes, bajo la forma de títulos, leyendas, artículos, por eso noes justo afirmar que nos encontramos exclusivamente en una cultura de la imagen. Es, porconsiguiente, dentro del cuadro general de una investigación semiológica donde yo querríapresentar a ustedes algunas reflexiones, rápidas y sumarias, acerca de la manera en que los objetospueden significar en el mundo contemporáneo. Y aquí precisaré de inmediato que otorgo un sentidomuy intenso a la palabra "significar"; no hay que confundir "significar" y "comunicar": significarquiere decir que los objetos no transmiten solamente informaciones, sino también sistemasestructurados de signos, es decir, esencialmente sistemas de diferencias, oposiciones y contrastes.Y ante todo, ¿cómo definiremos los objetos (antes de ver cómo pueden significar? Los diccionariosdan definiciones vagas de «objeto»: lo que se ofrece a la vista; lo que es pensado (por oposición alsujeto que piensa), en una palabra, como dice la mayor parte de los diccionarios, el objeto es algunacosa, definición que no nos enseña nada, a menos que intentemos ver cuáles son las connotacionesde la palabra "objeto". Por mi parte, vería dos grandes grupos de connotaciones: un primer grupoconstituido por lo que llamaría las connotaciones existenciales del objeto. El objeto, muy pronto,adquiere ante nuestra vista la apariencia o la existencia de una cosa que es inhumana y que seobstina en existir, un poco como el hombre; dentro de esta perspectiva hay muchos desarrollos,muchos tratamientos literarios del objeto; en La náusea, de Sartre, se consagran páginas célebres aesta especie de persistencia del objeto en estar fuera del hombre, existir fuera del hombre,provocando un sentimiento de náuseas en el narrador frente a los troncos de un árbol en un jardín
*
Conferencia pronunciada en septiembre de 1964, en la Fundaci
ó
n Cini, en Venecia, dentro del marco de un coloquio acerca de "El arte y la culturaen la civilizaci
ó
n contempor
á
nea" .Publicado en el volumen
 Arte e Cultura nella civilita contemporánea
, preparado por Piero Nardi. Sansoni,Florencia, 1966.
 
 
- 2 -
 
p
ú
blico, o frente a su propia mano. En otro estilo, el teatro de Ionesco nos hace asistir a una especiede proliferaci
ó
n extraordinaria de objetos: los objetos invaden al hombre, que no puede defendersey que, en cierto sentido queda ahogado por ellos. Hay tambi
é
n un tratamiento m
á
s est
é
tico delobjeto, presentado como si escondiera una especie de esencia que hay que reconstituir, y estetratamiento es el que encontramos entre los pintores de naturalezas muertas, o en el cine, en ciertosdirectores, cuyo estilo consiste precisamente en reflexionar sobre el objeto (pienso en Bresson); enlo que com
ú
nmente se denomina
«
Nouveau Roman
»
hay tambi
é
n un tratamiento particular delobjeto, descrito precisamente en su apariencia estricta. En esta direcci
ó
n, pues, vemos que seproduce incesantemente una especie de huida de
¡
objeto hacia lo infinitamente subjetivo y por ellomismo, precisamente, en el fondo, todas estas obras tienden a mostrar que el objeto desarrolla parael hombre una especie de absurdo, y que tiene en cierta manera el sentido de un no-sentido; as
í 
, aundentro de esta perspectiva, nos encontramos en un clima en cierta forma sem
á
ntica. Hay tambi
é
notro grupo de connotaciones en las cuales me basar
é
para seguir adelante con mi tema: se trata delas connotaciones
«
tecnol
ó
gicas
»
del objeto. El objeto se define entonces como lo que es fabricado;se trata de la materia finita, estandarizado, formada y normalizada, es decir, sometida a normas defabricaci
ó
n y calidad; el objeto se define ahora principalmente como un elemento de consumo:cierta idea del objeto se reproduce en millones de ejemplares en el mundo, en millones de copias:un tel
é
fono, un reloj, un bibelot, un plato, un mueble, una estilogr
á
fica, son verdaderamente lo quede ordinario llamamos objetos; el objeto no se escapa ya hacia lo infinitamente subjetivo, sino hacialo infinitamente social. De esta
ú
ltima concepci
ó
n del objeto quisiera partir.Com
ú
nmente definimos el objeto como "una cosa que sirve para alguna cosa". El objeto es, porconsiguiente, a primera vista, absorbido en una finalidad de uso, lo que se llama una funci
ó
n. Y porello mismo existe, espont
á
neamente sentida por nosotros, una especie de transitividad del objeto: elobjeto sirve al hombre para actuar sobre el mundo, para modificar el mundo, para estar en elmundo de una manera activa, el objeto es una especie de mediador entre la acci
ó
n y el hombre. Sepodr
í 
a hacer notar en este momento, por lo dem
á
s, que no puede existir por as
í 
decirlo, un objetopara nada; hay, es verdad, objetos presentados bajo la forma de bibelots in
ú
tiles, pero estos bibelotstienen siempre una finalidad est
é
tica. La paradoja que quisiera se
ñ
alar es que estos objetos quetienen siempre, en principio, una funci
ó
n, una utilidad, un uso, creemos vivirlos como instrumentospuros, cuando en realidad suponen otras cosas, son tambi
é
n otras cosas: suponen sentido; dicho deotra manera, el objeto sirve para alguna cosa, pero sirve tambi
é
n para comunicar informaciones,todo esto podr
í 
amos resumirlo en una frase diciendo que siempre hay un sentido que desborda eluso del objeto. Puede imaginarse un objeto m
á
s funcional que un tel
é
fono? Sin embargo, laapariencia de un tel
é
fono tiene siempre un sentido independiente de su funci
ó
n: un tel
é
fono blancotransmite cierta idea de lujo o de femineidad; hay tel
é
fonos burocr
á
ticos, hay tel
é
fonos pasados demoda, que transmiten la idea de cierta
é
poca (1925); dicho brevemente, el tel
é
fono mismo essusceptible de formar parte de un sistema de objetos - signos; de la misma manera, una estilogr
á
ficaexhibe necesaria- mente cierto sentido de riqueza, simplicidad, seriedad, fantas
í 
a, etc
é
tera; losplatos en que comemos tienen tambi
é
n un sentido y, cuando no lo tienen, cuando fingen no tenerlo,pues bien, entonces terminan precisa- mente teniendo el sentido de no tener ning
ú
n sentido. Porconsiguiente, no hay ning
ú
n objeto que escape al sentido.
¿
Cu
á
ndo se produce esta especie de semantizaci
ó
n del objeto?
¿
Cu
á
ndo comienza la semantizaci
ó
ndel objeto? Estar
í 
a tentado a responder que esto se produce desde el momento en que el objeto esproducido y consumido por una sociedad de hombres, desde que es fabricado, normalizado; aqu
í 
 abundar
í 
an los ejemplos hist
ó
ricos; por ejemplo, sabemos que ciertos soldados de la rep
ú
blicaromana sol
í 
an echarse sobre las espaldas una prenda para protegerse de la lluvia, la intemperie, elviento, el fr
í 
o; en ese momento, evidentemente, la prenda de vestir no exist
í 
a todav
í 
a; no ten
í 
anombre, no ten
í 
a sentido; estaba reducida a un puro uso, pero a partir del momento en que se
 
 
- 3 -
 
cortaron las prendas, se las produjo en serie, se les dio una forma estandarizado, fue necesario porello mismo encontrarles un nombre, y esta indumentaria desconocida se convirtieron en la"paenula"; desde ese momento la imprecisa prenda se convirti
ó
en veh
í 
culo de un sentido que fue elde la "militariedad". Todos los objetos que forman parte de una sociedad tienen un sentido; paraencontrar objetos privados de sentido habr
í 
a que imaginar objetos enteramente improvisados; pero,a decir verdad, tales objetos no se encuentran; una p
á
gina c
é
lebre de Claude L
é
vi-Strauss en Elpensamiento salvaje nos dice que el bricolaje, la invenci
ó
n de un objeto por una aficionado, es en s
í 
 misma b
ú
squeda e imposici
ó
n de un sentido al objeto; para encontrar objetos absolutamenteimprovisados habr
í 
a que llegar a estados absolutamente asociales; puede imaginarse, por ejemplo,que un vagabundo, improvisando calzados con papel de diario, produce un objeto perfectamentelibre; pero tampoco esto sucede; muy pronto, ese diario se convertir
á
precisamente en el signo delvagabundo, calzados con papel de diario, produce un objeto perfectamente libre; pero tampoco estosucede; muy pronto ese diario se convertir
á
precisamente en el signo del vagabundo. En conclusi
ó
n,la funci
ó
n de un objeto se convierte siempre, por lo menos, en el signo de esa misma funci
ó
n: noexisten objetos, en nuestra sociedad, sin alg
ú
n tipo de suplemento de funci
ó
n, un ligero
é
nfasis quehace que los objetos por lo menos se signifiquen siempre a si mismos. Por ejemplo, yo puedo tenerrealmente necesidad de telefonear y tener para eso un tel
é
fono sobre mi mesa; esto no impide que a juicio de ciertas personas que me vendr
á
n a ver, que no me conocen muy bien, funcione como unsigno, el signo del hecho de que soy una persona que tiene necesidad de tener contactos en suprofesi
ó
n, y aun este vaso de agua, del que me he servido porque tengo realmente sed, no puedo,pese a todo, evitar que funcione como el signo mismo del conferenciante.Como todo signo, el objeto se encuentra en la encrucijada de dos coordenadas, de dos definiciones.La primera de las coordenadas es la que yo llamar
í 
a una coordenada simb
ó
lica: todo objeto tiene, sipuede decirse as
í 
, una profundidad metaf 
ó
rica, remite a un significante, el objeto tiene por lo menosun significado. Tengo all
í 
una serie de im
á
genes: son im
á
genes tomadas de la publicidad: ustedesven que hay aqu
í 
una l
á
mpara, y comprendemos de inmediato que esta l
á
mpara significa la noche,lo nocturno, m
á
s exactamente; si usted tiene una imagen de publicidad de pastas italianas (merefiero a una publicidad hecha en Francia), es evidente que el tricolor (verde, amarillo, rojo)funciona como un signo de cierta italianidad; por lo tanto, primera coordenada, la coordenadasimb
ó
lica, constituida por el hecho de que todo objeto es por lo menos el significante de unsignificado. La segunda coordenada es lo que yo llamar
í 
a la coordenada de la clasificaci
ó
n, ocoordenada taxon
ó
mica (la taxonom
í 
a es la ciencia de las clasificaciones); no vivimos sin albergaren nosotros, m
á
s o menos conscientemente, cierta clasificaci
ó
n de los objetos que nos es sugerida oimpuesta por nuestra sociedad. Estas clasificaciones de objetos son muy importantes en las grandesempresas o en las grandes industrias, donde se trata de saber c
ó
mo clasificar todas las piezas o todoslos pernos de una m
á
quina en los almacenes, y en las cuales, por consiguiente, hay que adoptarcriterios de clasificaci
ó
n; hay otro orden de hechos en el cual la clasificaci
ó
n de los objetos tienemucha importancia, y corresponde a un nivel muy cotidiano: el de los grandes almacenes; en losgrandes almacenes hay tambi
é
n cierta idea de la clasificaci
ó
n de los objetos, y esta idea, enti
é
ndasebien, no es gratuita, comporta cierta responsabilidad; otro ejemplo de la importancia de laclasificaci
ó
n de los objetos es la enciclopedia; desde el momento en que alguien se decide a haceruna enciclopedia sin optar por clasificar las palabras siguiendo el orden alfab
é
tico, se ve obligadotambi
é
n a hacer una clasificaci
ó
n de los objetos.Una vez establecido que el objeto es siempre un signo, definido por dos coordenadas, unacoordenada profunda, simb
ó
lica, y una coordenada extensa, de clasificaci
ó
n, quisiera decir ahoraalgunas palabras sobre el sistema sem
á
ntica de los objetos propiamente dichos; ser
á
n observacionesprospectivas, porque la investigaci
ó
n seria sobre este tema est
á
todav
í 
a por hacer. Hay, en efecto,un gran obst
á
culo para estudiar el sentido de los objetos, y este obst
á
culo yo lo llamar
í 
a el obst
á
culo

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