España
25 de febrero de 20108
ESCUELA
Núm. 3.856 (296)
M
ARIANO
F
ERNÁNDEZ
E
NGUITA
Cuando hace unos días oí al minis-tro Corbacho afirmar que el retra-so de la jubilación se abordaría conflexibilidad, pues “no es lo mismotrabajar dando clase o subido a unandamio”, me dije: se va a liar enel gremio. Acudí poco después ala web de ANPE, suponiendo que,con su habitual desparpajo, seríanlos primeros en poner el grito enel cielo ante semejante ofensa, y asífue: “ANPE exige a los responsablespolíticos el reconocimiento de ladificultad de la tarea docente”. Peromi sorpresa fue cuando, olvidada laanécdota y con la intención de ver loque los sindicatos, entre otros agen-tes, planteaban sobre la propuesta dePacto por la Educación, me encontrécon que el único punto que suscitaunanimidad entre ellos es precisa-mente la prórroga de la llamada
ju-bilación LOGSE
, ahora
LOE
, es decir,la posibilidad de jubilarse a los 60años, como si lo hicieran a los 65, sinpérdida de ingresos.¿Cómo hemos llegado a esto?¿Cómo es posible que adelantar elabandono del trabajo docente sehaya convertido en el gran punto deacuerdo entre los sindicatos, mien-tras disienten en casi todo lo demás,desde la estructura de la Secundariahasta los modelos de gestión? El he-cho es que los cinco principales sin-dicatos están en campaña.La tesis de ANPE, en su rifirra-fe con el ministro, es que “ambasprofesiones [la construcción y ladocencia] producen un desgastefísico considerable”, pero en la do-cencia es “físico y psíquico”, ademásde “la enorme responsabilidad queconlleva”, o sea, que es mucho másdura. La pregunta, entonces, es porqué no ha tenido lugar una huidamasiva a la construcción en los añosdel auge inmobiliario, con sus alzassalariales, que fueron, según el sindi-cato, de “congelación salarial” paralos docentes, además de la violencia,la crisis, etc. Pero lo cierto es que noestán solos en el diagnóstico. FETEinforma en su web, justo donde pidemantener (es decir, ampliar a nue-vas cohortes) la
jubilación LOE
: “Losdatos justifican nuestra campaña:el 34% del profesorado sufre com-portamientos disruptivos en el aula,que generan altos niveles de estrés, y el 32% se siente intimidado.” No helogrado encontrar esos datos, pero laverdad es que da igual, pues es un he-cho más de la vida que los sindicatosdocentes cultiven minuciosamenteuna imagen catastrófica de las aulaspara justificar sus demandas (sobreeste punto, véanse mis trabajos ‘Cua-dernos de quejas’,
Revista de Libros
148, 2009, y ‘El Anti-Cándido: Todova mal, pero irá a peor. Sobre las fun-ciones de la visión apocalíptica dela enseñanza’,
Papeles de EconomíaEspañola 19,
2009; y, sobre el valorde esos estudios, ‘Vivir de la alarmasocial: El caso Piñuel, o cómo hacerpasar una chapuza por investigacióndando al público lo que quiere oír’,
http://papelesdesociologia.usal.es, 2007).
La Federación de Enseñanzade Comisiones Obreras no aduce da-tos, pero reclama el “reconocimientodel
desgaste
que en estos tiemposestá suponiendo el ejercicio de laprofesión”. No aclara si son tiemposexcepcionales, lo cual significaríapoder volver pronto a la jubilación alos 65, o si, por el contrario, será cadavez peor, con lo cual habría que anti-ciparla aun más. Y, por supuesto, nofundamenta esa afirmación sobre eldesgaste, que es la ventaja de los tópi-cos: a fuerza de repetirlos, terminandándose por ciertos.
UN PRIVILEGIO NO ES UN DERECHO
Uno de los aspectos más llamativospara un observador desinteresado esla convicción con que los sindicatospresentan un
privilegio
excepcional,de difícil justificación, como un de-recho que no precisa justificaciónalguna. ANPE supone que bastacon que el profesorado lo quiera eincluye en su página una encuestita:¿Consideras conveniente mantenerla actual jubilación anticipada másallá de 2011? A las 8:53 del 11/2, 436respuestas se distribuyen así: “Sí, porlas características del trabajo docen-te”, 80,4%; “Sí, tras la firma de unacuerdo con el Ministerio”, 12,3%(total, 92,7%); “No, deberíamos serigual que el resto de los funciona-rios”, 4,1%; “No, no podemos pres-cindir de profesionales con granexperiencia”, 3,2% (total 7,3%). Locierto es que alguien debería expli-carles que no pueden ofrecerse res-puestas compatibles en preguntasde respuesta única, que no sabemossi el número de respondientes su-pera al de liberados del sindicato y que…
Dios los cría y ellos se juntan
en esa página, de modo que su casiunanimidad resulta tan esperablecomo insustancial. CSIF, al analizarpor separado la propuesta para elpacto del MEC y la propuesta paratorpedearlo del PP, se queja de queninguna haga referencia a la jubila-ción anticipada, dado que es “unademanda de CSIF y de todo el pro-fesorado cuya ausencia será difícil deentender por los docentes”. Esta ideade que, porque todos o la mayoría delos docentes la quieran, no hay másremedio que concederla, se extien-de de derecha a izquierda del gre-mio. “La Administración”, dicen losSTES, “no puede hacer caso omisode una demanda unánime de todoel profesorado”. Pero la cuestión es:¿y por qué no? ¿Dirían lo mismo losSTES de las peticiones unánimes delos curas o los empresarios, que lashay? ¿Aceptarían los docentes de laCSIF la demanda unánime de unaprobado general por parte de susalumnos? ¿Se rendiría ANPE a unavotación mayoritaria de los padrespor la jornada escolar partida? ¿Ver-dad que no? ¿Entonces? ¿Será que,como dice E. Todd, que lo malode dar a una parte de la gente unaeducación superior es que terminancreyéndose superiores, y los profe-sores creen que sus unanimidadesson algo excelso, mientras que lasde los mortales son meros interesesmundanos?Nuestros sindicatos no dudanque la jubilación es un
derecho
.Ya se sabe que el término derechotiene connotaciones divinas en elgremio, mientras que otros como
mercancía
las tienen diabólicas.CCOO, que fue la primera en ne-gociar, en solitario y allá por 1990(como secuela de su exitosa huelgade 1988, que con la ayuda del cojoMantecas logró acabar con Ma-ravall, poner al Ministerio contralas cuerdas y enterrar el idilio dela
transición democrática
entre laprofesión docente y la sociedad),lo proclama
derecho irrenunciable
.Los STES creen obvio que, estandoahí desde 1991, “a estas alturas de-bería de considerarse ya un derecholaboral del profesorado” (por estavía, todas las tropelías duraderas dela historia serían derechos). Ahorabien, un derecho de unos pocos noes tal derecho, sino un privilegio.Uno más, jubilarse a los 60, que seañade a los tres meses de vacacio-nes, la mayoritaria jornada matinal,la laxitud en el cumplimiento de lasobligaciones laborales, etc.No solo es un derecho, sinocondición de cualquier otro obje-tivo deseable. Para la CSIF es unode los cinco “aspectos… impres-cindibles para la mejora de la edu-cación”, aunque no desvelen porqué es imprescindible ni en qué vaa mejorarla. CCOO va más lejos alproclamarlo “condición necesariapara cualquier otro acuerdo o ac-tuación conjunta.” En términos ló-gicos, cualquier persona compren-de que no hay nada que dependade la jubilación anticipada excep-to la jubilación anticipada, peroen términos éticos y políticos estaafirmación nos da idea de hastaqué punto puede una organizaciónde intereses, es decir, un sindicato,anteponerlos al interés general y albien común.
RETÓRICAS JUSTIFICATIVAS
Desde un punto de vista intelectualla parte más penosa llega cuandose pretende justificar injustificablesdemandas egoístas del colectivo enuna jerga pseudoprogresista. FETEexplica que la consolidación de la ju-bilación anticipada pagada como sino lo fuera es esencial para
motivar
al profesorado. ¡Bonita motivación!:podrás abandonar antes, pero sinasumir el coste. También “facilita laintroducción de especialistas en loscentros”, a lo que CCOO añade quepermitirá “una amplia renovaciónde las actuales plantillas que facilitela implantación de los nuevos méto-dos y objetivos educativos y la intro-ducción de las Nuevas Tecnologíasde la Comunicación y la Informa-ción” y, los STES, que “esto favore-cerá las adaptaciones pedagógicas y tecnológicas que requiere un nuevotiempo en la enseñanza.” Justo cuan-do no paramos de asegurar que losalumnos tienen que aprender a viviren un mundo cambiante, afrontarla incertidumbre, cabalgar el cam-bio, etc., resulta que la única mane-ra de que lo hagan sus profesoreses sustituirlos por otros, como si setratara de espantapájaros incapacesde cualquier respuesta adaptativa ocreativa.Lo mejor, en fin, es la dimensiónsolidaria, que no habíamos adivina-do. FETE asegura que la jubilaciónanticipada “permite el acceso a ladocencia a gran número de titulados jóvenes, lo que favorece la creaciónde empleo”. CCOO que, si no fuerapor eso, “durante los próximos cincoaños… no entrarían a trabajar en elsistema educativo nuevos docentes,condenando a la práctica totalidadde las próximas generaciones de re-cién titulados al paro más absoluto”.Los STES, que “se generarán nuevosempleos”. Es difícil comprender quesindicalistas adultos puedan escribirsemejantes sandeces, salvo que sea
aver si cuela
. En primer lugar, la sus-titución de un trabajador por otrono crea empleo sino que, como mu-cho, lo mantiene. En segundo lugar,ni siquiera eso, puesto que el nuevocontratado lo será normalmente encondiciones menos ventajosas, tan-to más en la función pública, dondedependen apenas de la antigüedad.En tercer lugar, jubilar y pagar como jubilado a un trabajador cinco añosantes de lo previsto, y más si se acom-paña de indemnizaciones para man-tener su poder adquisitivo, suponeemplear fondos que, en otro caso,podrían haberse ido, efectivamente, acrear empleo. Es, por tanto, destruirempleo potencial. Jubilar, en defi-nitiva, es convertir trabajadores enrentistas.La esperanza de vida a los 60 años(es decir, lo que se estima que vivirátodavía una persona de 60 años) eshoy de 22 años para los varones y 26para las mujeres. Dicho en plata, quevivirán, respectivamente, hasta los 82 y los 86. Téngase en cuenta, además,la feminización del colectivo (másmujeres con 26 años por delante quevarones con 22) y la fuerte asociaciónentre nivel educativo y/o estatus ocu-pacional, de un lado, y longevidad,de otro (que maestros y profesores,por ejemplo, viven entre dos y cuatroaños más que, pongamos por caso, al-bañiles o agricultores). Redondeandopodríamos afirmar que la
jubilaciónLOGSE
supone que el profesor tra-baje y cotice 30 años para disfrutar delos réditos durante 25. Económica-mente es un disparate. Moralmentees una injusticia pura y dura. Paraque un colectivo pueda trabajar 30años y disfrutar de las rentas otros 25hace falta que, en algún otro lugar, al-guien arroje el saldo inverso. Para quealguien pueda dar menos de lo querecibe hace falta algún otro, en algúnlugar, que dé más que lo que recibe. Ysupone, nadie lo dude, una forma deexplotación, pues todos juegan con y contra una única caja común, la delerario público.Y como la voracidad no tienelímites, ya hay propuestas para
avan-zar con nuevas conquistas del funcio-nariado
. CCOO, madre del invento,propone la “posibilidad de jubilarsecuando la suma de los años de ser-vicio y la edad sea igual o superior a85”, lo que significa que una maestraque terminase su carrera a los 21años, como está previsto, y entrara atrabajar a continuación, lo que no esdifícil, podría jubilarse a los 53. LosSTES, por su parte, piden la jubila-ción a los 60 años de edad o (no y)30 de servicio, es decir, que nuestramaestra pueda jubilarse a los 51 sientró a los 21 o a los 60 aunque lohiciera a los 45. También reclama“medidas de adaptación de las con-diciones de trabajo del profesoradomayor de 55 años sin merma delas remuneraciones”, y esta sibilinaredacción deja claro que esa adap-tación ha de consistir en trabajarmenos horas, pues, si no, ¿qué faltaharía hablar de merma salarial?
TODOS QUEREMOS SERCONTROLADORES
El razonamiento es siempre, enesencia, este: nuestro trabajo es deun inmenso valor y entraña terriblespenalidades,
no tiene precio.
Esta fuesiempre la cantinela de las profesio-nes: como sus servicios no tienenprecio, se les retribuyen con hono-rarios, los clientes tienen el honorde intentar agradecer el inapreciableservicio, aunque siempre está fuerade su alcance. Como la palabra
ho-norarios
ha perdido su denotaciónoriginal en favor de su connotación, y ahora suena solo a dinero, el gre-mio prefiere hablar de
reconocimien-to social,
pero a la postre, en manosde los sindicatos se traduce en lomismo: más dinero y menos trabajo.Los corporativos y de derecha, comoANPE o CSIF, ponen todo el énfasisen las terribles condiciones para re-clamar las adecuadas compensacio-nes, lo que llega al paroxismo en ellamentable
defensor del profesor
y laspatéticas encuestas del primero. Los
de clase
, como FETE-UGT y la FECCOO, se ven obligados a moderarsus propuestas para no escandalizara los compañeros de otras ramas,que al mismo tiempo son padres de
¡Coge el dinero y corre!
La jubilación LOGSE como quiebra moral
“Los sindicatospresentan un privilegioexcepcional de difícil justificación como underecho que no precisa justificación alguna”“¿Cómo es posible queadelantar el abandonodel trabajo docente sehaya convertido en elgran punto de acuerdoentre los sindicatos?”
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