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2008. U
NIVERSIDAD
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ENTRAL
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OLOMBIA
hemos venido presenciando en las úl-timas cuatro décadas una paulatinatransformación tanto de las prácticaspolíticas de los movimientos sociales
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como de las prácticas discursivas quesobre ellos ha elaborado la academia.De hecho, y en relación con este segun-do aspecto, uno de los tantos debatesálgidos es sobre si realmente existen“nuevos” movimientos sociales o si esel mismo “vino viejo en odres nuevos”(Mees, 1998). Aquí asumimos con pre-caución esta diferenciación, para seguirpuntualizando la perspectiva, puespara algunos especialistas esta distin-ción es a todas luces inconveniente ylo que más bien se presentan son con-diciones nuevas para la acción socialcolectiva. Mess (1998: 317) afirma quela distinción entre viejos y nuevosmovimientos carece de utilidad analí-tica básicamente por tres razones: noexiste comparabilidad, no existen ar-gumentos sólidos que demuestren elcambio cualitativo, y porque todos losmovimientos son viejos y nuevos a lavez, en tanto recogen la experiencia yse adaptan a las nuevas condiciones.Otros autores le otorgan importanciaa dicha distinción en tanto sugierenque gracias a la incorporación de lasTIC en el seno de los movimientossociales, ha cambiado la práctica, laorganización y el discurso en nivelesprofundos y no meramente en el ni-vel instrumental u organizacional(Rodríguez, 2002: 6).Sea como fuere, y más allá de sudenominación, no podemos negarque frente a un cierto agotamientode la política tradicional
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y de losmodos de organización interna clási-ca de los colectivos políticos, hoyestamos ante la presencia de unosmovimientos sociales que exhiben ensus prácticas políticas una serie derasgos que representan un quiebrecon respecto a formas de saber haceren el pasado. Siguiendo a Castells(2001), podemos caracterizar estanuevas prácticas a partir de varios ele-mentos: a) se organizan y movilizanen torno a valores culturales, es de-cir, amplían sus reivindicaciones másallá de intereses de clase o interesesde carácter sectorial y llevan sus lu-chas a planos de interés incrustadosen modos de vida y construccionesde sentido o visiones de mundo. Di-ríamos que los movimientos socialesluchan hoy por la configuración denuevas prácticas sociales en las cualescada vez más la cultura deviene enpolítica (Escobar, 1999; Hopenhayn,2001). b) Reemplazan el vacío deja-do por la crisis de las organizacionespolíticas verticalmente integradas: lospartidos tradicionales operan comomaquinarias clientelistas en funciónde los tiempos electorales y otras or-ganizaciones (sindicatos, asociacionesformales de ciudadanos, etc.) se tor-nan ineficientes en términos de la par-ticipación ciudadana en la medida enque persisten en mantener una orga-nización y un modelo de comunica-ción vertical, burocrático y rígido. c)Asumen un carácter global –o por lomenos lo pretenden–, especialmentea través de las tecnologías de la co-municación y la información.En el marco de estos tres rasgos,queremos resaltar un aspecto que nosparece muy potente porque de algunamanera sintoniza con una tendenciade la constitución emergente del teji-do social. Difícilmente podemos ne-gar que hoy buena parte de este tejido y la acción de los sujetos en diferentesámbitos se estructuran a partir de unaorganización en red (Castells, 1999;Held
et al.
, 1999; Carnoy, 2000). Estetipo de organización es también unadimensión fundamental de algunos delos movimientos sociales emergentes y de la transformación de algunos co-lectivos que habían venido operandobajo esquemas más tradicionales. Enefecto, la red es una de las manerascomo tanto desde el punto de vistaorganizativo como desde el punto devista comunicativo funcionan la ma- yoría de estos movimientos (Castells,1999 y 2001; Finquelievich, 2000;León, Tamayo y Burch, 2001 y 2005;Finquelievih y Kisilevsky, 2005)
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. Apartir de la configuración de nodoslocales conectados y apoyados porlas TIC, los colectivos adquieren di-mensiones regionales, nacionales yglobales.Sin embargo, es necesario aclararque si bien es cierto que las TIC seconstituyen en una especie de plata-forma tecnosimbólica; que son unmedio esencial de comunicación yorganización en todos los ámbitos dela práctica social; y que en esta medi-da los movimientos sociales y losagentes políticos lo utilizan comouna herramienta para actuar, informar,reclutar, organizar, dominar y contra-dominar (Castells, 2001); también escierto que las TIC no juegan un pa-pel meramente instrumental y la re-lación de los movimientos socialescon ellas se enmarca, entre otras co-sas, en la propia apuesta y en lasmismas prácticas políticas de los mo-vimientos sociales. Es decir, el mapade la relación TIC y movimientossociales se configura entre lo que lastecnologías permiten hacer, la mane-ra de apropiarlas y usarlas (incorpo-rándolas y rutinizándolas) y eldiscurso o práctica discursiva, es de-cir, el sentido propiamente políticode los colectivos. De esta manera, lasapuestas organizativas (jerarquías, re-des, lugar y función de los nodos, flu-jos y producción de información, etc.) y las apuestas participativas (sentidos y lugares otorgados a la otredad, nive-les de decisión y empoderamiento,