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Tratado Sobre La Materia

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07/09/2010

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TRATADO SOBRE LA MATERIADE LA PIEDRA DE LOS FILÓSOFOSEN GENERALAnónimoDe la materia de la piedra en generalLa materia primera y lejana de la piedra es triple, a saber, mercurio, plata y oro, pues toda perfección consiste en estos tres, dado que todo lo que es trino es perfecto. No hay sino una perfección soberana e independiente que es Dios, pero en su unidad encierra la trinidad de personas.Los espíritus desprendidos por todas las materias son de tres tipos, y en el hombre algunosson buenos, otros malos y otros intermedios, y cabe decir que todas las cosas más perfectasaman la trinidad.Sus miembros principales son tres, a saber, el corazón, el cerebro y el hígado, a partir de loscuales se expanden por todo el cuerpo las arterias, los nervios y las venas, por los quefluyen los espíritus naturales vitales y animales, que sustentan las facultades naturalesvitales y animales.Y para no alejarnos de nuestro propósito, decir que en el género humano encontraréis tressexos: el masculino, el femenino y el hermafrodita. Y en nuestra obra, el oro es el macho, la plata, la hembra y el andrógino es el mercurio, debiendo concurrir los tres a una mismaobra.Y si otros aseguran lo contrario, como aquellos que dicen que la materia de la piedra es eltártaro, el vitriolo, el antimonio, el vinagre, la orina, el menstruo, la simiente, lassecundinas, la sangre, la celidonia, la lunaria, la salamandra y otras cosas parecidas, o bienes que ignoran el arte o es que se refieren a otra cosa que quizá se parezca en el color, o enla consistencia o en otras cualidades parecidas.Así pues, todos aquellos que buscan la materia fuera del género metálico y en cuerposdistintos a los metales trabajan inútilmente y en vano. Placería a Dios que éstos hubieranimpreso fuertemente en sus espíritus este axioma de los filósofos: lo semejante engendra losemejante.¿Acaso alguien ha visto a un buey engendrar un león? ¿Engendra el hombre un árbol, una planta o un metal? Siempre ha sido una norma que el hombre engendre a un hombre, elcaballo, un caballo o, lo que es lo mismo, el hombre es engendrado de la semilla delhombre, el caballo de la semilla del caballo, y de la semilla de la ruda es producida la ruday no la salvia. Lo mismo sucede con el oro, que no podréis producir jamás sino con oro, nila plata sin plata; y si alguno se aleja de este camino debe saber que perderá su tiempo y suaceite y que empleará en ello todas sus riquezas e invertirá en ello toda su vida. Y dado queson muchos los que emplean muchos años en este trabajo con grandes dispendios, quieroadvertirles que se hallan fuera de la verdadera vía, pues no es menester tanto tiempo ni sonnecesarios tantos gastos, pues lo más costoso en esta obra es el fuego.Del mercurio de los filósofosPuesto que lo principal en nuestra obra consiste en saber qué cosa es nuestro hermafrodita,a saber, el mercurio, tener especial cuidado en conocer lo que es el leproso mercurio vulgar,
 
que no es, en absoluto, apropiado para nuestro objeto.¿Pero dónde queréis pues, -me diréis-, que lo busque y de dónde lo debo tomar? Yo osrespondo que se encuentra apresado y atado por muchas cadenas, y sólo el filósofo lo puederescatar y dejar en libertad. Él lo ve siempre, pues su casa no tiene puertas ni ventanas; peroel vulgo no lo ve ni lo reconoce, aunque se encuentra en todo lugar y está presente en todomomento, lo posee tanto el pobre como el rico, la noche como el día. Todo el mundo lomanipula, lo toca y lo pisa con el pie, y sin embargo lo desconoce, porque, como ha sidodicho, su prisión no tiene puertas ni ventanas.Mas cierto individuo, tras oír decir que el vulgo lo tocaba, lo pisaba con los pies, lodespreciaba y ensuciaba, se dirigió hacia una montaña de la que había oído decir que estabahabitada por cuatro hombres y dos mujeres que se ocupaban en cavar los minerales, y quecada uno de ellos llevaba en su vientre lo que buscaba. Persuadido de esto, se llegó hasta lamontaña y se encontró con el primer personaje, que estaba ocupado en trabajar y cavar latierra; le miró atentamente y vio a un hombre fuerte y robusto, vestido de soldado, de color rojo, que había vuelto de la guerra y que no sabía de otro oficio para ganarse la vida. Peroéste, al ver al caminante, le habló con rudeza y le preguntó qué era lo que buscaba y qué lohabía tornado tan osado como para venir a aquellos lugares donde nadie había estado antes.El viajero, fuertemente sorprendido al saberse mirado con desdén y ser tratado con unas palabras tan rudas, respondió con gran dulzura: ¡Oh, fortísimo hombre, he oído decir quesois cuatro los hombres, y dos las mujeres, que trabajáis en esta montaña, y que por un granesfuerzo todos vosotros poseéis la materia de la piedra de los filósofos. Y, puesto que yoardo de amor por esta bendita piedra, no he tenido ningún temor en venir a este lugar atravesando las aguas, las montañas y los peñascos; ¿acaso no me daréis vos la esperanzade obtener de alguno de vosotros lo que yo busco?Has oído bien, le respondió aquel fuerte hombre, somos cuatro hombres y dos mujeres y, enefecto, lo poseemos en tanto nosotros somos lo que tú buscas, y es también cierto que podríamos dártelo, pero dudo si sucederá tal cosa, sin embargo puedes obtenerlo másfácilmente de uno que de otro. En lo que respecta a mí no lo obtendrás si no combatesvalientemente conmigo como un soldado experto, y si no me matas, pues lo que tú buscaslo guardo en el fondo de mi corazón, y es mi alimento y lo que me da la vida; y lo mismosucede con todos los que estamos en esta montaña.El viajero le respondió: ¡Oh, fortísimo hombre, vos sois duro y robusto; yo no quierocombatir contra vos pues sería como enfrentar a un pequeño troyano con Aquiles, aún ycuando fuese capaz de hacer todo lo que hizo David contra Goliat.Te aconsejo - le dijo el robusto hombre - que no toques tampoco a mi concubina y vecina, pues aún es más fuerte en el combate, y si yo soy un león, en verdad ella es una leona. Teaconsejo también que no ataques a nuestro soberano capitán ni a su esposa, pues son el reyy la reina, y poseen una gran pompa y esplendor, cuida pues de no atacarlos, aunque puedasvencerlos. Pero si sigues adelante encontrarás a otros, y si puedes vencerlos llevarás a buentérmino tus deseos.El viajero continuó, pues, su camino hasta encontrarse con un hombre muy bello, bienvestido y espléndido, al que habló como al anterior. Este hombre le respondió que nunca ledaría una cosa de la que obtenía su alimento y que le daba la vida, y que además si accedíaa lo que pedía, no sólo estaba en juego su vida sino también la del rey y la de la reina.El caminante miró hacia todos los lados para ver si alguien le veía, pues fue presa del deseode matarle y de extraer de su vientre lo que guardaba con tanto celo. Y tras haberle dichoque de su muerte dependía también la muerte del rey y de la reina, todavía se sentía más
 
dichoso, pues alimentaba la esperanza de matarlos también y extraer de ellos el tesoro queanhelaba.Al ver pues que no aparecía nadie, atacó al hombre espléndido tomándolo por el cuello, por lo que aquél comenzó a pedirle clemencia prometiéndole que si se la concedía le revelaríacualquier secreto que le pidiese.Cuando el viajero le soltó, el hombre le dijo: Si continúas adelante te encontrarás con unanciano que posee con más abundancia que yo el tesoro que buscas, y le vencerásfácilmente porque ya es viejo. Es además muy próximo a nuestro rey y a nuestra reina, pueses su portero y el portador de las llaves, por ello, cuando le venzas podrás acercartefácilmente al rey y a la reina para poder matarlos también.El viajero prosiguió pues su camino hasta que al fin se encontró con un anciano, hombre de pobre semblante y mal vestido, el más miserable y el más despreciado por todos, por lo quese mostraba triste y melancólico, y a él le dirigió el mismo discurso que a los anteriores.Pero el anciano le respondió: ¡Oh buen hombre, buscáis aquí una cosa que ni los príncipesni los reyes pueden obtener; es cierto que la podéis encontrar fácilmente en mí, y que vos podéis vencerme con facilidad en el combate, pues soy viejo y débil y no llevo lo que buscáis en el fondo de mi corazón, como el primero que os ha hablado, ni como suconcubina. Yo lo guardo en mi vientre, porque mi cuerpo y el de todos los demás extraende él su alimento.Sin embargo perderé la vida si me quitáis lo que buscáis. Pero perdonadme la vida, os loruego, pues soy viejo, pobre y miserable, y podéis encontrar un tesoro mejor en mi vecino,que es brillante, soberbio y aliado de nuestra reina. Si lo hubieseis vencido habríaisobtenido un tesoro más precioso que el que obtendréis de mí, pues yo soy pobre, y noencontraréis jamás cosas bellas y relucientes en casa de los pobres y de los despreciables.El viajero tuvo piedad del pobre anciano al que podría haber matado fácilmente, creyendoque era mejor arrebatar un tesoro más preciado al vecino del anciano, aunque fuera por lafuerza de las armas si no se lo quería dar voluntariamente.Sin embargo, cuando el viajero se iba, el anciano comenzó a sonreír, pues poseyendo untesoro tan precioso había engañado al caminante, el cual, al darse cuenta de ello, se volviósobre sus pasos y montando en cólera le dijo: ¡Ah, vil anciano!, ¿así que te estás burlandode mí? Ahora comprendo que aparentas ser pobre y que sin embargo posees el mayor tesoro, tal y como tu vecino me había dicho. Paga pues tu burla recibiendo la muerte de mimano. Así fue muerto el anciano.Es fácil saber por todo lo que acabamos de decir de donde se debe tomar el mercurio. Seríaahora necesario declarar la manera de hacerlo nacer y salir del vientre corporal en el queestá encerrado. Esto lo dan a conocer suficientemente todos los filósofos y es lo que relatantodos los libros químicos acerca de la importunidad (sic). De aquí el dicho común de losfilósofos: Haz el mercurio por el mercurio; y es cosa esta en la que, por ser conocida por muchos, no nos vamos a detener más.De la preparación y purificación del mercurio.Tomad, pues, vuestro mercurio, y purificadlo bien pasándolo a través de un lienzo plegadotres veces, cosa que haréis varias veces hasta que aparezca puro como el agua límpida ycristalina. Nosotros rechazamos todas las demás formas de purificar el mercurio, como aquellas que lo purifican mediante el vinagre, la sal, la orina, la cal viva, el vitriolo y otros corrosivos que

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