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LA PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO

LA PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO

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paulo freire y pedagogia del oprimido
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Capítulo 1 LA PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO.I. Justificación de la pedagogía del oprimido. El hombre actual capta, alproponerse a sí mismo como problema, su vocación ontológica e histórica de«ser más», de humanizarse verdaderamente. Y capta también que laestructura social de hoy, en lugar de permitirle ser más, lo deshumaniza, lohace menos. Una y otra (ser más, ser menos) radican en que el hombre es unser inconcluso. La estructura actual se presenta según la relación opresor-oprimido. Uno y otro están en la situación de «ser-menos», los primeros por suviolencia activa, los segundos por recibir la violencia, la injusticia, la opresión.Pero el hombre está llamado a ser más, y para lograrlo debe buscar suliberación. Esta no puede venir de los opresores, que, cuando más, llegan consu poder opresor a una aparente generosidad con los oprimidos. El opresornecesita para su existencia la estructura opresor-oprimido. La liberación sólopuede venir del «poder que nazca de la debilidad de los oprimidos», que «serálo suficientemente fuerte para liberarlos a ambos» (p. 20). La verdaderagenerosidad está en luchar para que desaparezcan las razones del falso amor,ante el cual se extienden las manos del «abandonado de la vida», del«condenado de la tierra; en luchar para que desaparezcan estas súplicas dehumildes a poderosos y «se vayan haciendo cada vez más manos humanasque trabajen y transformen al mundo» (p. 21).«Esta enseñanza y esteaprendizaje tienen que partir, sin embargo, de los condenados de la tierra, delos oprimidos, de los harapientos del mundo y de los que con ellos realmentese solidaricen para buscar la liberación a la que llegarán no por casualidad,sino por la praxis de su búsqueda, por el conocimiento o reconocimiento de lanecesidad de luchar por ella. Lucha que, por la finalidad que le dieron losoprimidos, será un acto de amor, con el cual se opondrán al desamor contenidoen la violencia de los opresores, aun cuando ésta se revista de la falsagenerosidad recibida» (p. 21).La aceptación a priori de la dialéctica, por la cualno cabe más progreso que el que se obtenga por la lucha de contrarios,condiciona, ya desde el inicio, toda la exposición de Freire.II. La contradicción opresores-oprimidos; su superación (pp. 21-37). Lapedagogía del oprimido no es para el oprimido, sino hecha con el oprimido ensu lucha liberadora. Debe hacerlo consciente de la opresión y de sus causas yllevarlo al compromiso con la lucha por su liberación, en que esta pedagogía sehará y rehará. Como los oprimidos «hospedan» al opresor en sí (por tanto, sondobles, inauténticos), deben ser conscientes críticamente de ello. Si no,tienden no a luchar, sino a «adherirse» al opresor, a identificarse con él, enquien ven el testimonio de hombre, de humanidad; el hombre nuevo seríanellos mismos (los oprimidos) tornándose opresores de otros; su adherencia alopresor no les posibilita la conciencia de sí como personas, ni la conciencia dela clase oprimida. Freire sigue fielmente a Marx, que había escrito: «Hay quehacer más angustiosa la opresión real, añadiendo la conciencia de esaopresión» (Contribución a la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel.)
 
El «miedo a la libertad» de los oprimidos los puede llevar tanto a pretender seropresores, como a permanecer atados al status de oprimidos. El oprimidorecibe impositivamente las opciones de la conciencia del opresor; por esto elcomportamiento del oprimido es prescrito: se hace con las pautas del opresor.El oprimido se encuentra «inmerso» en la estructura dominadora y teme lalibertad al no sentirse capaz de asumir el riesgo ante los opresores y ante losotros oprimidos que se asustan con mayores represiones. Sufre una dualidad:quiere ser, pero teme ser. Es él (oprimido) y al mismo tiempo otro (opresor),introducido en él como conciencia opresora. Su lucha se plantea entre expulsaro no al opresor de dentro de sí; entre seguir prescripciones o tener opciones.Este es el trágico dilema de los oprimidos, que su pedagogía debe resolverpara alcanzar la liberación a través de ese «parto» doloroso del cual nace elhombre nuevo -viable únicamente por la superación de la contradicciónopresor-oprimidos-, que es la humanización de todos: un nuevo hombre que seva liberando y no es opresor ni oprimido. Pero no basta una superaciónidealista de su situación de oprimido; para que sea motor de la liberación hacefalta que el oprimido se entregue a la praxis liberadora, reconociendo el límiteque la sociedad opresora le impone y teniendo ahí el motor de su acciónliberadora. En esta praxis liberadora entran los opresores cuandoindividualmente se solidariza alguno con un acto de amor, que lo lleva alliderazgo revolucionario, asumiendo la situación de oprimido.La liberación supone un cambio provocado de la estructura opresor-oprimidoque se comporta como sustrato en donde están inmersos opresores yoprimidos. «Pedagogía del oprimido, que, en el fondo, es la pedagogía de loshombres» que se empeñan en la liberación. Uno de sus sujetos son losoprimidos al conocer críticamente que son oprimidos.III .La situación concreta de opresión y los opresores (pp. 37-49)Dos momentos de la pedagogía del oprimido:1. El oprimido desvela el mundo de la opresión y se compromete, con lapraxis, en su transformación.2. Transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser deloprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en permanente liberación.Estudia el momento primero en donde aparece el problema de la concienciaoprimida y de la conciencia opresora; de los hombres opresores y oprimidos enuna situación concreta de opresión. La situación de opresión engendra laviolencia y constituye a los oprimidos como violentados. Los que inauguran eldesamor, la violencia, la injusticia, son los opresores.El amor es inaugurado por la respuesta de los oprimidos al rebelarse y buscarla superación por la liberación de la contradicción en que se hallan. Con su
 
liberación se liberan también los opresores al desaparecer como clase queoprime y no aparecer los antes oprimidos como nuevos opresores.La situación opresora da a todos los sumergidos en ella (opresores y oprimidos)formas características de ser. El opresor aparece con una fuerte concienciaposesiva de personas y del mundo, sin la cual no es, y por eso tiende atransformar todo en objeto de su dominio. Esto los lleva a una visiónexclusivamente materialista de la existencia en donde el dinero es la medidade todas las cosas y el lucro su objeto principal. Para el opresor lo que vale estener más, a costa incluso del tener menos o del tener nada de los oprimidos.Ser para ellos es tener.Para los opresores, los «otros» (los oprimidos) son cosas a las cuales han detratar «generosamente» y mantenerlos observados y vigilados como seresinanimados. Esto (el autor cita a E. Fromm, El corazón del hombre) es unamanifestación característica de la conciencia opresora con su visión sádica ynecrófila del mundo y de los hombres. Los oprimidos no tienen otrasfinalidades sino las que les impongan los opresores.Plantea también Freire el caso del opresor que se pasa al polo oprimido paraluchar por su liberación, pero lleva toda la marca de su origen, sus defectos ysus prejuicios, y entre ellos la desconfianza de que el pueblo sea capaz depensar con acierto, de querer, de saber. Corren el riesgo de caer en otro tipode falsa generosidad en donde ellos son los forjadores de la transformación,propietarios del saber revolucionario, sin creer en el pueblo aunque hablen deél. Un verdadero revolucionario humanista se reconoce más por la creencia enel pueblo, que lo compromete, que por mil acciones sin ella. Debe revisarse a sí mismo constantemente y no permitirse comportamientos ambiguos. Endefinitiva, quien se pasa al polo de los oprimidos debe renacer, adquirir unanueva forma de «estar siendo», y esto se logra mediante la convivencia con losoprimidos. Como se ve, Freire -aun aceptando de lleno un planteamientomarxista- se manifiesta partidario de un «populismo» que a Lenin, por ejemplo,le parecería sin duda superficial e ingenuo. (Cfr. Introducción general, pp. 45-46)IV. La situación concreta de opresión y los oprimidos (pp. 49-55) El oprimidopresenta como características: la dualidad existencial, el fatalismo, laaceptación del orden, la admiración hacia el opresor, la autodevaluación. Por ladualidad, el oprimido es oprimido y opresor. Esto conduce a una actitudfatalista (que algunos califican de docilidad como característica esencial de unpueblo). Este fatalismo es casi siempre referido al destino o a unadistorsionada visión de Dios.

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