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La Vida de Jesucristo

La Vida de Jesucristo

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Índice:
 
La Vida de Jesucristo
 
James Stalker
 

Capítulo 1: Nacimiento, infancia y juventud de Jesús
 

Capítulo 2: La nación y época
 

Capítulo 3: El año de retiro
 

Capítulo 4: El año de popularidad
 

Capítulo 5: El año de oposición
 

Capítulo 6: El fin
 

Conclusión
 
 
Capítulo I
NACIMIENTO, INFANCIA Y JUVENTUD DE JESÚS
 La natividad 
 
Augusto C
ésar ocupaba el trono del imperio romano, y bastaba un movimiento de su
dedo para poner en juego la maquinar
ía del gobierno sobre casi todo el mundo civilizado. Estaba
orgulloso de su poder y riquezas, y era una de sus ocupaciones favoritas preparar un registro delas poblaciones y de los productos de sus vastos dominios. Por esto promulg
ó un edicto, como
dice Lucas el evangelista, "que toda la tierra fuese empadronada", o para expresar con m
ás
exactitud lo que las palabras quieren decir, que se hiciera un censo de todos sus s
úbditos, para
que sirviera como base para futuras contribuciones.Uno de los pa
íses afectados por este decreto fue Palestina, cuyo rey, Herodes el Grande,
era vasallo de Augusto. Esto puso a toda la tierra en movimiento; porque, de conformidad con laantigua costumbre judaica, el censo se tomaba, no en las localidades en donde los habitantesresidieran sino en los lugares a que pertenec
ían como miembros de las doce tribus originales.
 Entre las personas que el edicto de Augusto, desde lejos, arroj
ó a los caminos, estaba una
humilde pareja de la villa de Nazaret de Galilea, Jos
é, carpintero de la aldea, y María, su esposa.
Para inscribirse en el registro debido, ten
ían que hacer un viaje de unos 150 kilóme
tros, porque apesar de ser aldeanos, ten
ían en sus venas la sangre de reyes y pertenecían a la antigua
y realciudad de Bel
én, en la parte meridional del país. Día por día la voluntad del emperador, como
una mano invisible, los impulsaba hacia el sur, por el pesado camino, hasta que por fin
 
ascendieron la pedregosa subida que conduc
ía a la puerta de la pobl
aci
ón; él amedrentado de
ansiedad, y ella casi muerta de fatiga.Llegaron al mes
ón, pero lo hallaron atestado de foras
teros que llevando el mismo negocioque ellos, hab
ían llegado con anticipación. Ninguna casa abrió amistosa
mente sus puertas pararecibirlos, y se resolvieron a preparar para su alojamiento un rinc
ón del corral, que de otro modo
hubiera sido ocupado por las bestias de los numerosos viajeros. All
í, en esa misma noche, ella
dio a luz a su hijo primog
énito; y por no haber una mano femenil que
la ayudara, ni cama que lorecibiera, lo envolvi
ó ella misma en pañales y lo acostó en un pesebre.
 De esta manera fue el nacimiento de Jes
ús. Nunca comprendí bien lo patético de la
escena hasta que, estando un d
ía en el cuarto de un antiguo mesón de la p
oblaci
ón de Eisleben,
en la Alemania Central, me dijeron que en ese mismo punto, cuatro siglos hac
ía, en medio del
ruido de un d
ía de mercado y la confusión de un mesón, la esposa del pobre minero Hans Lutero,
que estuvo all
í en un negocio, sorprendida co
mo Mar
ía por una angustia repentina, dio a luz, en
medio de tristeza y pobreza, al ni
ño que había de ser Martín Lutero, el héroe de la Reforma y el
creador de la Europa moderna.A la ma
ñana siguiente, el ruido y la actividad comenzaron de nuevo en el mesón
y en elcorral. Los ciudadanos de Bel
én seguían con sus ocupaciones; el empadrona
miento continuaba; yentre tanto el m
ás grande suceso de la historia del mundo se había verificado. Nunca sa
bemosd
ónde pueda estarse iniciando el comienzo de una nueva ép
oca. La venida de cada nueva almaal mundo es un misterio y un arca cerrada llena de posibilidades. S
ólo José y María conocían el
tremendo secreto; que sobre ella, la virgen r
ústica y esposa del carpintero, se había conferido la
honra de serla madre de Aquel que era el Mes
ías de su raza, el Salvador del mundo y el Hijo de
Dios.Hab
ía sido predicho en la antigua profecía que el había de nacer en ese mismo punto:
"Pero t
ú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que
ser
á
Se
ñor en Israel". El decreto del soberbio emperador hizo caminar hacia el sur a la fati
gadapareja; pero otra mano los iba guiando, la de Aquel que encamina los intentos de emperadores yreyes, de estadistas y parlamentos, para llevar a cabo Sus propios prop
ósitos, aunque ellos no lo
conozcan. Los guiaba
él que endureció el corazón de Faraón, llamó a Ciro como esclavo a sus
pies, hizo del poderoso Nabucodonosor siervo suyo, y de la misma manera pod
ía dominar para
su magno prop
ósito la soberbia y la a
mbici
ón de Augusto César.
 
 El grupo alrededor del niño
 Aunque Jes
ús hizo su entrada al teatro de la vida de una manera tan humilde y silenciosa;
aunque los ciudadanos de Bel
én ni soñaban lo que pasaba entre ellos; aunque el emperador de
Roma ignoraba que su decreto hab
ía te
nido que ver con el nacimiento de un rey que hab
ía de
 reinar no s
ólo sobre el mundo romano, sino también so
bre muchas tierras en donde las
águilas
romanas no llegaron jam
ás; aunque a la mañana siguiente la historia del mundo seguía
ruidosamente las v
ías de sus intereses ordinarios, completamente inconsciente del suceso que
acababa de verificarse, sin embargo, este acontecimiento no pudo dejar del todo de llamar laatenci
ón. Tal como la criatura saltó en el vientre de la anciana Elizabet c
uando se le acerc
ó la
 
madre del Se
ñor, así cuando apa
reci
ó Aquel que traía consigo un mundo nuevo, anticipa
ciones ypresagios de la verdad nacieron en varios de los representantes del mundo antiguo que hab
ía de
desaparecer. Aqu
í y allá, un temblor indef 
inido y apenas perceptible, conmovi
ó a almas sensibles
que estaban en espera, y las reuni
ó alrededor de la cuna del niño. ¡Ved al grupo que se juntó para
mirarle! Representa en miniatura toda su historia futura.Primero vinieron los
 pastores,
de los campos vecinos. Lo que no fue visto por los reyes ylos grandes del mundo, fue motivo que arrebat
ó a los príncipes del cielo hasta hacerles romper 
los l
ímites de la
invisibilidad con que se revisten, para expresar su gozo y explicar la signi-ficaci
ón del gran
suceso. Y buscando los corazones m
ás dignos para comunicarlo, los hallaron en
estos sencillos pastores, que pasaban una vida de contemplaci
ón y ora
ci
ón en los campos llenos
de instructivos recuerdos; en donde Jacob hab
ía guardado sus rebaños, donde Booz y
Rut secasaron, y David, el personaje m
áximo del Anti
guo Testamento, pas
ó su juventud. Allí aprendíanéstos, por el estudio de los secretos y necesidades de sus pro
pios corazones, mucho m
ás, tocante
a la naturaleza del Salvador venidero, que lo que pudiera aprender el fariseo en medio de lapompa religiosa del templo, o el escriba hurgando a ciegas en las profec
ías del Antiguo
Testamento. El
ángel los dirigió a donde estaba el Salvador, y se apresuraron a ir a la aldea para
hallarlo. Eran representantes de la gente aldeana "de coraz
ón bueno y recto" que más tarde formó
la mayor parte de sus disc
ípulos.
 Despu
és de ellos vinieron
Simeón y Ana,
representantes de los devotos e inteligentesescrutadores de las Escrituras que en aquel tiempo esperaban que apareciera el Mes
ías, y después
vinieron a ser algunos de sus m
ás fieles adherentes.
 Al octavo d
ía después de su nacimiento, el niño fue circuncidado, "conforme a la ley",
ingres
ó en el pacto y con su propia sangre escribió su nombre en la lista de la nación.
Pocodespu
és, cuando terminaron los días de la purificación de María, lo llevaron de Belén a Jerusalén
para presentarlo al Se
ñor en el templo. Era "el Señor del templo entrando al templo del Señor";
pero pocos de los que visitaban el sagrado recinto deben de haber recibido menos atenci
ón por 
parte de los sacerdotes, porque Mar
ía, en vez de ofrecer el sacrificio que era usual en semejantes
casos, s
ólo pudo ofrecer dos tórto
las, la ofrenda de los pobres.Sin embargo, hab
ía ojos que observaban, sin ser deslu
mbrados por la ostentaci
ón y el
brillo del mundo, ante los cuales la pobreza del ni
ño no lo ocultaba. Simeón, el anciano santo,
que en respuesta a sus oraciones hab
ía recibido promesa secreta de que no moriría sin que hu
-biera visto al Mes
ías, encontró a l
os padres con el ni
ño. Como un rayo pasó por su inteligencia la
idea de que
éste, por fin, era Aquél; y tomándolo en sus brazos, alabó a Dios por la venida de la
luz que iba a ser revelada a los gentiles y la gloria de su pueblo Israel.Mientras hablaba, otro testigo entr
ó en el grupo. Era Ana, viuda piadosa que literalmente
moraba en los atrios del Se
ñor y había limpiado la vista de su espíritu
con la eufrasia y la ruda dela oraci
ón y el ayuno, hasta que pudo traspasar con una mirada profética el velo de
l sentido.Agreg
ó su testimonio al del anciano, alabando a Dios y confirmando el tremendo secreto a las
otras almas que estaban en espera y en busca de la redenci
ón de Israel.
 

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