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Taylor Caldwell - El Gran Leon de Dios

Taylor Caldwell - El Gran Leon de Dios

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Una de las novelas historicas de Taylor Caldwell, es la edición de bolsillo, y lamentablemente esta condensada del libro original en un 50%
Una de las novelas historicas de Taylor Caldwell, es la edición de bolsillo, y lamentablemente esta condensada del libro original en un 50%

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10/01/2013

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Introducción Largos años de intensos estudios han fructificado en esta novela cuyoprotagonista es el s apasionado, inteligente y docto de los Apóstoles delcristianismo primitivo: Saulo de Tarsich o, para nombrarlo a la manera romana, Pablode Tarso, fariseo de vastos conocimientos, versado en leyes, teólogo y merecedor deltítulo de Apóstol de los gentiles.Saulo ha influido mucho más de lo que generalmente se admite no sólo en elconjunto de la cristiandad, sino en todo el mundo occidental, pues el judeo-cristianismo que incansablemente propagaba constituye la base, firme como una roca,de la moral y de la filosofía de Occidente. Su irradiación espiritual, actuando através de dos mil años, fue transformando las estructuras sociales al paso quecontribuía de manera decisiva al progreso de la causa de la libertad. Si Moisés fueel primero que proclaque todos los pobladores de la Tierra eran libres pornaturaleza, Saulo de Tarso, reanudándolo, predicaba con su habitual vehemencia que lalibertad espiritual, mental y corporal es necesaria al hombre, conceptos entoncescompletamente nuevos. No puede, por consiguiente, sorprendemos que los enemigos de lalibertad persigan una religión que ha pretendido liberar a los hombres.Los problemas con los cuales tenemos actualmente que enfrentarnos sontodavía los mismos que afectaban al mundo de Saulo. Ciertamente podemos sentimosgozosos al comprobar que la fuerza indomable del hombre es capaz de derribar las másferoces tiranías y de sobrevivirlas; pero entristece el ánimo pensar en lo pocoprovechosa que acostumbra a ser la experiencia: ya decía Aristóteles que los pueblosque no aprenden las lecciones de la historia están condenados a repetir sus errores.y he aquí que esto es lo que actualmente nos sucede.En los días de Saulo de Tarso el imperio romano empezaba a desmoronarse, talcomo hoy en día declinan países tan poderosos como Estados Unidos. y por idénticosmotivos: relajación social, inmoralidad, guerras interminables, impuestosconfiscatorios, destrucción implacable de las clases medias, el cínico desprecio delas virtudes éticas y principios humanos establecidos, el desmesurado afán deriquezas materiales, el abandono de la religión, la venalidad de los políticos quehalagan a las masas para obtener sus votos, la inflación, el desequilibrio delsistema monetario, los sobornos, la criminalidad, los incendios, los disturbios ydemostraciones callejeras, la liberación de criminales con el fin de crear el terrory provocar el caos que justifiquen la implantación de la dictadura en nombre del"estado de emergencia", el amortiguamiento de la virilidad, las costumbresafeminadas, los escándalos en el gobierno, el saqueo del erario, las deudas, latolerancia de la injusticia y de la explotación, la burocracia y los burócratas quepromulgan constantemente reglamentos favorables a sus conveniencias, por nefastos quesean, la centralización del gobierno, el desprecio público de los hombres honrados y,sobre todo, la filosoa de que "Dios ha muerto y de que el hombre es el sersupremo".Con todo esto se enfrentó Saulo de Tarso en su tiempo, en el cual la palabramoderno iba de boca en boca. Se cree generalmente que en la Iglesia primitiva elfervor y la unanimidad eran absolutos. Sucedía todo lo contrario. Apenas habíatranscurrido dos años después de la resurrección de Cristo, que las disensiones ycismas estuvieron a punto de destruir la nueva Iglesia. Lo advertía Saulo conamargura: "Hasta los más insignificantes obispos y diáconos en lejanas y polvorientasaldeas establecen y definen sus dogmas". Estos hombres contaban también con multitudde seguidores vehementemente en desacuerdo, que se peleaban con los otros cristianos,y la enemistad era intensa. Durante muchos años existió también esa enemistad entreSan Pedro y San Pablo, y casi destruyó a la Iglesia. Cómo se reconciliaron, es unahistoria divertida en sí misma... ¡pero nunca se quisieron realmente! En resumen,eran demasiado humanos, y todos podemos comprenderlos, pero, del mismo modo que lahumanidad siempre se encuentra adorable, también podemos hallar adorables a aquellosdos ardorosos y decididos contendientes.
 
 Existe también el error de creer que todos los primeros cristianos fueron"santos mártires" en un mundo malvado, y tan puros y pacientes como corderos. ¡Alcontrario también! A menudo eran insufribles, e intolerantes con el mundo que losrodeaba, y provocaban deliberadamente a "los paganos", y en ocasiones se hacíanodiosos. No fueron perseguidos, como se ha supuesto casi siempre, "por su fe", puesel mundo romano era cínico y totalmente tolerante con todas las religiones, aunqueninguna le inspirara devoción. Pero los primeros cristianos llamaron peligrosamentela atención de las autoridades gobernantes en Roma y en Israel, dominado por Roma,por sus ruidosas y repetidas objeciones a casi todo, incluidos los templos "paganos".Eran también culpables de invadir esos templos durante las ceremonias religiosas,lanzando amenazas y derribando las imágenes, para atacar luego desde el púlpito a lasautoridades gubernamentales y al gobierno establecido ... y ¿dónde hemos oído eso,desde entonces? Por otra parte, la Fe era extendida no por estos militantes, quepensaban que Nuestro Señor estaba a punto de volver a la hora siguiente, o al díasiguiente para exaltarlos y hacerlos absolutos gobernantes del mundo, sino porhombres devotos, inteligentes y pacíficos, que trabajaban a menudo en la soledad y laoración; los cristianos militantes -que casi destruyeron a la Iglesia, recién nacida,con sus disensiones, protestas y beligerancia- habían olvidado que Nuestro Señordijo: "No he venido a dividir a los hombres; mi reino no es de este mundo" y "Dad alCésar lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". ¡Ay! como tantos millones delos que hoy vivimos, creían que el establecimiento del Reino de Dios significaba elpoder y la riqueza material ... para ellos mismos. Es curioso que los militantesraras veces sean espirituales, y sólo se preocupen egoístamente de las ventajasmateriales y el "castigo" de los "enemigos ".La naturaleza del hombre sólo puede cambiar por el poder de Dios y lareligión. Ninguna "educación" ni exhortación seculares conseguirán civilizar alhombre.Muchas novelas y libros sobre San Pablo han referido, con toda suerte dedetalles, lo que él hizo y llevó a cabo en su vida y viajes misioneros. Se hanpreocupado, sobre todo, del Apóstol. Contrariamente, en este trabajo, además delintrépido santo, he tratado de reflejar al hombre tal como fue: un hombre comonosotros, con nuestras angustias, dudas, ansiedades, cóleras e intolerancias, y conlas "concupiscencias de la carne". Asimismo, me han interesado las diversascircunstancias que influyeron en la juventud de este ciudadano romano, judío fariseode gran erudición, enorme inteligencia y fe inquebrantable. Por esto me he detenidoen su última partida de su amado país, Israel. Todos conocemos sus viajes posterioresy su martirio en Roma, pero creo que la última visión de su amado país da fin a lanovela con una nota conmovedora. La muerte no es peor para un hombre que la visiónfinal de su país y su pueblo, que abandona para siempre.Si con este libro pudiera influir tan sólo en diez personas para que siganel consejo de Nuestro Señor de "estudiar las Escrituras ", tanto el Antiguo como elNuevo Testamento, creería haber tenido éxito. Por tanto, dedico este libro "Urbi etOrbi".

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