son, al final de cuentas, las que determinan el rumbo que deben llevar lasintervenciones, sin que ello implique necesariamente que el logro del objetivoinmediato que se desea alcanzar en un punto deficitario del sistema sólo sea posiblede obtener cuando la intervención remedial tiene en el horizonte una representaciónperfecta y definitiva de lo que se debiera hacer.En tercer lugar, también dificulta la claridad y eficacia de las reformas, el hecho deque los sistemas educativos hayan dejado de ser comprendidos de una manerasimplista, como una organización lineal de estudios superpuestos en que, si bien losniveles superiores determinan la condición de ingreso desde los inferiores, cada nivelopera como una estructura cerrada y sin vínculos orgánicos con los restantes. Tantodesde el punto de vista de la formulación de los fines y contenidos curriculares comodesde el de la gestión de los establecimientos, los sistemas han devenidoactualmente en una compleja trama de agentes, actores, redes e instancias socialesy pedagógicas que, desde sus respectivas posiciones, reclaman y/o asumen tarea enla educación integral y continua de la persona. Hoy, por ejemplo, la función docentetiende a socializarse en el sentido de que las atribuciones educadoras quetradicionalmente se concentraron en las escuelas y fueron atribución exclusiva de losprofesores, han ido siendo asumidas cada vez más como derecho compartido por una gran diversidad de agentes sociales.Familia, medios de comunicación, iglesias, grupos de pares, centros de padres,gremios, sindicatos, grupos empresariales ligados a “sostenedores” deestablecimientos, servicios públicos no pedagógicos, etc., actualmente operan enparalelo con la escuela y/o penetran de manera sustantiva a las funciones de ésta,(con todo lo que ello implica en términos de orientación y responsabilidad pública).
3-
Probablemente uno de los fenómenos de orden político cultural más gravitante enel carácter de las Reformas y en las tendencias del desarrollo curricular demuestraregión, sea la crisis del Estado contemporáneo.El rol que le corresponde desempeñar al Estado en las sociedades modernasconstituye una cuestión todavía no resuelta. Los procesos sociales y culturalesabiertos por la revolución científico-tecnológica, por la interacción económica ypolítica entre las naciones y por el desarrollo social, discurren aparejados con ladecadencia de los modelos tradicionales del Estado, cualquiera que sea la filosofíaen que ellos se inspiren. Ni el liberalismo clásico, ni el marxismo, ni las versionesmás actuales de las filosofías críticas demuestran hasta hoy capacidad pararedefinirá partir de sus conceptos convencionales, las relaciones entre Sociedad Civily Estado en el tono exigido por los nuevos procesos. Se trata, claro está, de unacrisis de alcances universales en tanto esos mismos procesos contribuyen aacentuar la interdependencia entre las naciones y a planetarizar las formas de la vidamoderna. Y aunque la revisión teórica y práctica de las funciones del Estado seencuentra todavía a medio camino, en América Latina se aprecia la existencia deuna suerte de actitud social generalizada en contra del modelo de Estado dominantepor largas décadas en la región. Nos referimos a ese Estado centralizado excluyentede protagonismos sociales como no sean los propios, Hegemónico en la conducciónde los procesos del crecimiento, planificador y supervisor de la vida social. Sinembargo, no se trata solamente de esto. La actitud social anti- Estado queactualmente se percibe, también se encuentra asociada con la incapacidad de los