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Principito
Antoine De Saint Exupery 
 
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Antoine De Saint Exupéry
Antoine De Saint Exupéry Antoine de Saint-Exupéry, el autor de
, fue un aviador y literato francésque sólo vivió 44 años. Nació en Lyon, en 1900 y falleció en 1944. En realidad, nunca se supo que ocurrió conél. Saint-Exupéry desapareció para siempre en una misión de reconocimiento, cuando sobrevolaba la Franciaocupada por los nazis, durante la Segunda Guerra Mundial.Entre sus novelas sobresalen Vuelo Nocturno y El Correo del Sur. Pero su obra más famosa y por la que hatrascendido es el principito, un cuento largo en formato de libro.En el prncipito se encuentran algunos valores humanos como: solidaridad, bondad, entereza, tenacidad,compañerismo, entusiasmo por el conocimiento, y aquellos principios que enriquecen el espíritu y que traen pazinfinita al alma.
 
Capítulo 1
Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que setitulaba "Historias vividas", una magnífica lámina. Representaba unaserpiente boa que se tragaba a una fiera. Esta es la copia del dibujo.
 
En el libro se afirmaba: "La serpiente boa se traga su presa entera,sin masticarla. Luego ya no puede moverse y duerme durante losseis meses que dura su digestión".Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la junglay a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Midibujo número 1 era de esta manera:
 
Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si midibujo les daba miedo.-¿por qué habría de asustar un sombrero? - me respondieron.Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpienteboa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de laserpiente boa a fin de que las personas mayores pudierancomprender. Siempre estas personas tienen necesidad deexplicaciones. Mi dibujo número 2 era así:
 
Las personas mayores me aconsejaron abandonar el dibujo de serpientes boas, ya fueran abiertas o cerradas, yponer más interés en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta manera a la edad de seis añosabandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niñostener que darles una y otra vez explicaciones.Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendía pilotear aviones. He volado un poco por todo el mundo y lageografía, en efecto, me ha servido de mucho; al primer vistazo podía distinguir perfectamente la China deArizona. Esto es muy útil, sobre todo si se pierde uno durante la noche.A lo largo de mi vida he tenido multitud decontactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas mayores y las he conocido muy de cerca; peroesto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de midibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. Einvariablemente me contestaban siempre: "Es un sombrero". Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de laselva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas.Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.
 

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Angie Gamboa Noleleft a comment

angie mirella

Manuelleft a comment

"El pincipito" y la Luflwaffe JACINTO ANTÓN Barcelona Un piloto de Messerschmitt Bf-109 con apellido de siniestras resonancias (Rippert) ha anunciado que es el responsable de la muerte de Saint-Exupéry. "Lo abatí yo", ha dicho con el tono de quien reconoce que en su inconsciente adolescencia mató a un ruiseñor a pedradas. Sabíamos que el piloto escritor se había estrellado en el mar —habían aparecido los restos de su aparato en las redes de los pescadores—, pero no la causa. Acaso un infarto, problemas con la máscara de oxígeno o suicidio. Finalmente, resulta que lo cazaron. Ningún derribo puede ser tan poco honorable, tan triste. Saint-Exupéry era ya un piloto viejo, veterano de Aéropostale, de los Andes, del norte de África, cubierto de heridas: había caído tantas veces, en el Sahara en 1935, sobre las arenas doradas—por las que hubo de caminar durante días—; en Guatemala, en 1937, sobre la selva. No creía en la heroicidad de la guerra ("la guerra no es una aventura, es una enfermedad, como el tifus", decía). Su mirada a través del cristal de la carlinga no era la de uno de esos sanguinarios cazadores, young bloods, aves de presa ansiosas de pintar marcas de aviones enemigos en su fuselaje. Saint-Exupéry en misión de reconocimiento no buscaba rivales, volaba, se fijaba en el sol, en el viento, en las estrellas, en la disposición de las nubes y en las extrañas formas que éstas adoptan. Inventaba historias, soñaba. No albergaba demasiadas esperanzas sobre su futuro. Cuando el depredador alemán lo encontró sobre el Mediterráneo, no tuvo más que colocarse a su espalda y apretar el disparador de sus cañones. Una presa fácil. Súbitamente arrebatado del cielo, Saint-Exupéry cayó, su Lightining P-38, una estrella fugaz, plata ardiente siseando al encontrarse con el mar. Hay algo que nos conmueve en la caída de todo aviador —criaturas del aire desprendidas de su elemento, revelada su fragilidad: Richtofen cayó. Cayó Douglas Bader —el legendario piloto sin piernas dé la RAF. Cayó sobre su amada África Dennis Finch-Hatton, el amante de Karen Blixen, en un aeroplano Gipsy Moth igual que el del conde Almásy de El paciente inglés. Cayó sobre el ignoto Pacífico la bella Amelia Earhart —su misterio aún no ha sido desvelado. Alas efímeras, Ícaros todos. Pero ninguno como Saint-Exupéry, porque con él viajaban la poesía, los baobabs y las rosas. Y ese pequeño príncipe que le salvó una vez de las dunas, pero no pudo nada contra los crueles proyectiles de Horst Rippert y la negra sombra de la guerra y de la Luftwaffe.

Manuelleft a comment

SAINT-EXUPÉRY 080321 EL PAÍS.domingo 16 de marzo de 2008, página 34 vida & cultura OCTAVI MARTÍ / JUAN GÓMEZ París / Berlín "Yo disparé al avión de Saint-Exupéry" El piloto alemán Horst Rippert confiesa, 64 años después, que abatió al escritor con un caza Me-109 "Se puso en medio y yo disparé como era mi deber. El trasto se fue al agua, "Fue uno de mis 28 derribos. Yo nunca apunté contra personas" El 31 de julio de 1944 el avión Lightning P-38 que pilotaba Antoine Saint-Exupéry, el autor del mítico El príncipito, cayó en el Mediterráneo, no lejos de la costa, a la altura de la ciudad de Toulon. Durante años se ha especulado sobre si se trataba de un suicidio, de un accidente o del resultado de un combate aéreo. La última hipótesis parece cobrar fuerza tras las declaraciones de Horst Rippert, un alemán de 86 años que, durante la II Guerra Mundial, fue un as de la Luftwaffe. "Todo ocurrió cerca de Toulon. Él volaba 3.000 metros más alto que yo, que estaba efectuando una misión de reconocimiento. "Vi sus insignias tricolores y maniobré para instalarme a su cola y derribarle", ha explicado Rippert a los periodistas franceses Vanrell y Pradel. Éstos publicarán el próximo día 20 un libro titulado Saint-Exupéry, l'ultime secret. El misterio de la desaparición de Saint-Exupéry, que había sido aviador para los servicios de correo aéreo francés durante años, parece, pues, definitivamente aclarado. En 1998 un pescador encontró entre sus redes una pulsera de oró con el nombre del escritor grabado. Dos años más tarde se localizaron los restos del que se suponía era su aparato, suposición que quedó confirmada tres años después, cuando un submarino rescató los restos del fondo del mar y se pudo comprobar el número de serie del avión y constatar que se trataba del mismo que había despegado del aeropuerto corso de Borgo pilotado por Saint-Exupéry. El vuelo de Saint-Exupéry se producía 15 días antes del desembarco aliado en la Provenza, tras el gran desembarco en Normandía, en junio. Se trataba de una operación destinada a obligar a las tropas alemanas a emprender la retirada definitiva hacia su país, creándoles un segundo frente en territorio francés que iban a ser incapaces de resistir. El escritor tenia como misión fotografiar las defensas germanas en la zona. Ahora Rippert, tras ser localizado por los periodistas franceses, explica la situación en el aire ese día de julio de 1934. "Me dije que si no se largaba iba a derribarle. Disparé y vi cómo le alcanzaba y caía, derecho al agua". Rippert, que entonces tenía 20 años y era un piloto con muchas victorias en su palmarés, no encontró grandes dificultades para derribar el avión de su rival. El Masserchmidt ME-109 que tripulaba era más rápido y potente que el aparato del francés. Durante años Rippert ha ejercido como periodista, trabajando para la televisión pública alemana ZDF. Rippert declaró ayer en conversación telefónica que él había volado en una misión de reconocimiento el mismo día que desapareció el escritor "Se que derribé un avión como el de Exupéry. A él no lo vi. En pleno vuelo no se puede mirar en la cabina de otro avión". Recuerda que pilotaba un caza Me-109 con base en Air-en-Provence. "Era un día precioso, soleado. Despegué en una misión de reconocimiento. Debía vigilar la zona. Entonces entró Exupéry con su aparato, se puso en medio y yo disparé como era mi deber. El trasto se fue al agua, no tuve tiempo de reaccionar", relata el que fuera piloto hasta el final de la guerra y posteriormente periodista de deportes en la segunda cadena estatal de la televisión alemana. Añade, en su intento de explicar lo que ocurrió entonces, que, los disparos contra el avión del escritor se enmarcaban en una acción de guerra. "Fue uno de mis 28 derribos, nunca apunté contra personas, y le diré más: de haber sabido que Saint-Exupéry iba en ese avión, no hubiera disparado. Ya entonces había leído todos sus libros, era un escritor célebre. Pero yo no lo sabía ni siquiera hoy puedo estar del todo seguro". ________________________________ "El pincipito" y la Luflwaffe JACINTO ANTÓN Barcelona Un piloto de Messerschmitt Bf-109 con apellido de siniestras resonancias (Rippert) ha anunciado que es el responsable de la muerte de Saint-Exupéry. "Lo abatí yo", ha dicho con el tono de quien reconoce que en su inconsciente adolescencia mató a un ruiseñor a pedradas. Sabíamos que el piloto escritor se había estrellado en el mar —habían aparecido los restos de su aparato en las redes de los pescadores—, pero no la causa. Acaso un infarto, problemas con la máscara de oxígeno o suicidio. Finalmente, resulta que lo cazaron. Ningún derribo puede ser tan poco honorable, tan triste. Saint-Exupéry era ya un piloto viejo, veterano de Aéropostale, de los Andes, del norte de África, cubierto de heridas: había caído tantas veces, en el Sahara en 1