Una nueva temporada arranca tras los peoresresultados de ventas de quads de nuestra jo-ven historia. Unos resultados que han dejadoy siguen dejando una profunda herida tantoen fabricantes y distribuidores, como en con-cesionarios y agentes.Arrancamos este número con la celebraciónde las convenciones de la mayoría de grandes
marcas de nuestro país; así, Suzuki, Yamaha
y Polaris han convocado a sus concesionariospara valorar las nuevas estrategias para unatemporada que debería, al menos, mostrar un cambio de orientación. Entre lo que todos
coinciden es en la delización del cliente, es
decir, conservar al que tenemos y dar valor añadido a la marca a través del servicio. Sinduda, algo que siempre ha sido diferencial enlos grandes y que en los últimos años de gue-rra de ventas quedó confundido y borroso.Volvemos al inicio donde la calidad tenía unprecio y marcaba la diferencia el profesionaly su servicio.Si analizamos pues las ventas del pasadoaño, a nivel global, es fácil entender nuestrasituación con una caída dramática que no hadejado espacio de maniobra al “chiringuito”ocasional y incluso haprovocado que “algu-nas” grandes marcas denuestro sector hayantirado la toalla. Sianalizamos, por períodos, vemosun poco deluz, ya queen los dosúltimos meses de 2.009 las ventas empezarona moderar su caída con pequeños repuntesal alza protagonizados especialmente por marcas consolidadas como Yamaha y Polaris.También se hace patente que los modelos quemejor aguantan son los enfocados al ociode alto nivel y al trabajo. Evidentemente lasituación no es para tirar cohetes, pero sí quedemuestra un cambio de tendencia y dibujaunas líneas de mercado que las marcas con-solidadas deberán saber interpretar y, dehecho, nos consta que ya lo han hecho. Detodas maneras, es una mejora que esperamostenga continuidad este año.Otro de nuestros problemas congénitos pasapor la legalidad, algo que, como todo lo quese mezcla con política, nos ha dejado sinapenas opciones, y lo que es peor, con undesánimo generalizado. Resulta difícil, por no decir titánico, montar un circuito y unavez hecho, montar competiciones. A su vez,también resulta complicado: circular, nuestraincomprensible forma de matricular vehículos
y encontrar ‘herramientas’ como deberían
ser las federaciones o la misma asociación defabricantes. Quizás tengan razón algunos enproponer nuestra propia federación o inclusonuestra propia asociación; el problema quizássería que nos tocaría lidiar con los políticos denuevo.Quedamos menos, pero, por supuesto, quedalo mejor. Por este motivo, nuestra opción esclara: “ir a por todas”.
Eduard Fernández
Director
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