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Fenomeno Politico

Fenomeno Politico

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1E
L FENÓMENO POLÍTICO
 Walter MontenegroE
N LÍNEAS
generales, la identificación o definición ideológica de un esquema político depende de lascaracterísticas que asume la interdependencia de tres factores: el individuo, la colectividad y el Estado.El remoto origen de esa interdependencia reside en el hecho de que, al despuntar la aurora de suexistencia sobre el planeta, el hombre, el "animal político" de que hablara Aristóteles, encontróindispensable y provechoso asociarse con sus semejantes para hacer frente a la lucha por la vida.En un constante y dinámico proceso de adaptación a sus necesidades y aspiraciones crecientes, desde losimple y rudimentario de la prehistoria hasta lo complejo del mundo contemporáneo, el hombre fuediseñando y organizando diferentes normas de convivencia dentro de las cuales surgió ineludiblementeel concepto de autoridad. Lo que da su identidad propia a un esquema político es el carácter de esasnormas: su inspiración, sus fines, el radio de acción que tienen y el papel más o menos preponderanteque en cada acontecimiento desempeñan el individuo, el Estado o la colectividad.El presente análisis está enfocado sobre el mundo moderno que empieza a tomar forma a medida quedesaparecen en Europa los últimos vestigios del sistema feudal y se sientan las bases de los Estadosnacionales.El individualismo (preponderancia del individuo en el esquema político), cuya expresióncontemporánea es la democracia liberal, tiene como finalidad, en lo filosófico, salvaguardar losllamados "derechos inherentes" a la condición humana encarnados en cada individuo: derecho a la vida,la libertad, la felicidad. En lo material, garantizar la propiedad privada, con sus complementosinseparables: la iniciativa y la empresa privadas.Dentro de este esquema, la colectividad debe estar organizada y regida de modo que permita y asegureel respeto y el ejercicio de aquellos "derechos inalienables". Sólo hay un límite para el desarrollo de laactividad individual y es aquel que demarca y protege los derechos de los demás. Los órdenes ético y jurídico y aun religioso se encargarán de asegurar la coexistencia pacífica y armónica de lasprerrogativas individuales.El Estado no hará otra cosa que supervigilar y garantizar el desenvolvimiento de la convivencia social.Tanto mejor desempeñará su papel el Estado —dice el individualismo liberal— cuanto menor sea suintromisión en el libre juego de las llamadas "leyes naturales" en la filosofía, o "leyes del mercado" enla economía. El Estado es una especie de "gendarme" necesario, pero incómodo cuya presencia debereducirse al mínimo estrictamente indispensable.El individuo es, pues, el protagonista y objetivo final de este orden político-económico. La colectividadlo sirve; el Estado lo protege.
(Ver Liberalismo.)
Una forma extrema de individualismo es el anarquismo individualista que propugna la prescindencia, ladesaparición total del Estado y apenas admite la "necesidad limitada" de la actividad colectiva parafines de carácter material tales como la producción cooperativa, en pequeña escala, de los artículos desubsistencia. (Ver
 Anarquismo.)
Dentro de la concepción colectivista (con preponderancia de la colectividad), que engloba a lasdiversas formas del socialismo, el individuo deja de ser un fin en sí mismo; lo es, solamente, en lamedida en que forma parte de la colectividad. La meta de la felicidad individual queda sustituida por lade la felicidad colectiva. Al hacerse evidente que, en la práctica, las prerrogativas individuales no sedesenvuelven y desarrollan solamente dentro de sus límites sino que tienden a invadir las prerrogativasajenas y a servirse de ellas para beneficio propio, surge el nuevo concepto: quien debe servir no es lacolectividad al individuo sino éste a aquélla. Y, al contribuir a la felicidad colectiva, el individuo sehace acreedor a la justa parte de felicidad que, como miembro integrante de la colectividad, le
 
2corresponde. A eso y nada más; queda entendido, por supuesto, que la distribución de los beneficioscolectivos, tanto morales y jurídicos como materiales debe ser igualitaria sin que quepa ninguna formade privilegio.La propiedad privada pierde —en este esquema— la aureola casi sagrada que le asignan las teoríasindividualistas. Y, del plano de preeminencia al que había sido elevada, desciende bruscamente albanquillo del acusado. No solamente los socialistas marxistas sino hasta los utopistas, los másbenignos, le atribuyen la mayor parte de los males que engendra la sociedad individualista.La única propiedad respetable, por consiguiente, es la que "cumple una función social". La propiedadde las fuentes de riqueza (o instrumentos de producción) debe ser transferida a la colectividad, demanera que la riqueza producida pase a ser colectiva en vez de individual. Es natural que en el nuevosistema, en el que se reparan las injusticias del anterior, se acentúe el sentido de protección a los gruposeconómico-sociales que habían sido menos favorecidos.Las diferentes teorías socialistas asignan papeles también diferentes al Estado. De acuerdo con unas (elMarxismo y sus derivados), el Estado fue un simple cómplice (gendarme corrupto, sobornado) de laacumulación de privilegios en un sector minoritario de la sociedad. Puede redimirse, empero, si pasa aservir temporalmente los intereses de la colectividad, instrumento de la dictadura del proletariado, paramorir después, cuando su presencia sea innecesaria. Otras (Socialismo de Estado), propugnan laexistencia permanente del Estado, a condición de que cumpla funciones activas y directamentereguladoras del orden, no sólo jurídico y político de la colectividad, sino también —y principalmente—del económico. Si es necesario, debe competir con el individuo e inclusive sustituirlo totalmente, paracrear y mantener el equilibrio social.Ha desaparecido el individuo como héroe del drama social, y también desaparecen los grupos oconjuntos de individuos que, por razón de su desigual participación en los fenómenos de la produccióny la distribución de la riqueza, acabaron por dividir a la sociedad en "clases"; clase de poseedores launa y desposeída la otra, con escasa graduación intermedia.La colectividad entera ocupa el primer plano. El planteamiento ideológico y la lucha política que sedesarrollan desde este punto de vista, tienden, especialmente, a igualar la condición de los desposeídoscon la de los poseedores, elevando a la primera y despojando a la segunda de los privilegios injustosque le permitieron convertirse en explotadora. El individuo y el Estado sirven a la colectividad sinreservas, desempeñando funciones coadyuvantes. Si, para los fines de este servicio, debe en unmomento dado desaparecer el Estado, éste desaparecerá. Si para realizar los fines supremos de lacolectividad el individuo debe sacrificar temporal o permanentemente parte de sus prerrogativas o latotalidad de ellas y aun la vida misma (eso depende del tipo de socialismo que se propugne), se pensaráque "el fin justifica los medios".Pero no sólo el individuo o la colectividad protagonizan en un momento determinado la escena delideario político moderno. El Estado tiene también su turno.Pasemos por alto las monarquías absolutas que identificaban al Estado con su soberano —resabio delas primitivas teocracias— para referirnos a la época en que entra en función el nuevo concepto jurídico-político del Estado, cuando el liberalismo señalaba rumbos al pensamiento, en medio de latempestad económico-social creada por la Revolución Industrial.Poco a poco y a medida que el individualismo liberal sin freno demuestra su incapacidad para encararlos problemas que plantea el complejo desarrollo de la sociedad moderna, el intervencionismo estatalgana terreno. No se lo desea, pero tampoco se lo puede evitar. Ya se había hecho indispensable elEstado como autoridad reguladora del orden social, y su avance en el campo de la actividad económicaes más un producto de la necesidad que de la doctrina. Al sobrevenir las depresiones o crisis queperiódicamente marcan el curso del desarrollo capitalista, el Estado tiene que desempeñar una función
 
3cada vez más activa. Llega, inclusive, a crear fuentes de trabajo en gran escala, cuando la desocupaciónamenaza con el hambre a millones de personas. El ejemplo típico en esta materia es la política del
 New Deal
del Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Franklin D. Roosevelt, falsamenteinterpretada como un paso deliberado hacia el socialismo, cuando en realidad fue un recurso extremopara salvar al capitalismo norteamericano después de la crisis iniciada en 1929.Aun superadas las situaciones de emergencia, el Estado ya no puede excluirse de las relacionesnormales del capital con el trabajo y entra a regular el mercado laboral forzando la ley de la oferta y lademanda o dirigiendo con su autoridad los conflictos creados por las exigencias de los obreros en buscade mejores salarios y beneficios marginales. El "Mal" de la intervención del Estado es preferible a losque ocasionaría una guerra de huelgas y
lockouts
(cierres de fábricas y otras fuentes de trabajo). Concriterio preventivo respecto de estos problemas, el Estado legisla en materia social señalando, porejemplo, salarios mínimos o estableciendo un sistema más o menos completo, según los casos, demedidas de protección para los trabajadores.Por supuesto, la guerra moderna, que se libra tanto en los campos de producción como en los debatalla, impone la categórica intervención del Estado tanto en éstos como en aquéllos.Ni uno solo de estos pasos deja de ser objetado por los obcecados partidarios del liberalismo puro;particularmente por los representantes del capitalismo que ven en el Estado un intruso agresivo quetiende a despojarlos de sus prerrogativas y privilegios. Lo que esos liberales no ven o no quieren ver esque el Estado ("el Estado burgués" como lo llamaría Marx), no hace sino liberarlos de conflictosmayores y, en último análisis, de la ruina. Cegados por el fantasma del Estado, enemigo teórico de lalibre empresa, no reconocen al Estado como aliado en la práctica.Hay, empero, un punto en que este género de intervencionismo estatal más o menos indirecto esinsuficiente, y se piensa en otro Estado que ya no se limite a desempeñar funciones de supervigilancia,de mediación, regulación y de rescate, en último trance, respecto al individuo. Y es entonces cuandonace la idea del Estado socialista. Dicho de una vez, el Estado que ya no servirá al individuo sino a lacolectividad.Se estatizan los instrumentos de producción. Dependiendo esto del grado de avance del socialismo ennombre del cual actúe el Estado; la estatización abarca solamente a las grandes fuentes de producción ose aplica con carácter más o menos general. Este proceso se inicia con las minas y los yacimientos depetróleo (recursos naturales agotables), pasa por la industria siderúrgica (de valor estratégico) y llega alos ferrocarriles y otros medios de transporte para llegar eventualmente a la industria manufacturera.Suecia constituye uno de los ejemplos típicos del socialismo de Estado, con la circunstancia curiosa ydigna de anotarse, de que ese hecho económico no afecta al sistema político, que se mantiene dentrodel marco de la democracia representativa y la monarquía constitucional. Sólo en condicionesanormales, como las derivadas de una guerra, la intervención del Estado llega, en estos esquemaspolíticos, a regular por bastante tiempo la distribución y consumo de artículos, mediante elracionamiento y las "congelaciones" de precios, salarios, alquileres de vivienda, etcétera. A veces, aungobiernos no estatistas como el de los Estados Unidos, aplican estas medidas con carácter deemergencia, como reguladores transitorios de la economía y de la estabilidad monetaria (principios dela década de 1970).Queda más allá, otro tipo de Estado: el que con vigencia temporal propugna el comunismo, paraponerlo en manos de la "dictadura del proletariado", como instrumento de poder político destinado arealizar la transición de la sociedad burguesa a la sociedad comunista, sin clases, del futuro. Lo que, enconcepto de los comunistas, justifica a este Estado absorbente y dictatorial es su necesidad"transitoria", ya que, en la otra sociedad hipotética, del futuro, el Estado habrá desaparecido también, junto con las clases, total y definitivamente.

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