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Michel Foucault, Nacimiento de la Biopolitica

Michel Foucault, Nacimiento de la Biopolitica

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Transcripción del curso en el College de France del curso Nacimiento de la Bioplítica, el año siguiente del curso Seguridad, Territorio y Poblacion. Libro completo
Transcripción del curso en el College de France del curso Nacimiento de la Bioplítica, el año siguiente del curso Seguridad, Territorio y Poblacion. Libro completo

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original

 
Nacimiento de la biopol
í 
tica
MICHEL FOUCAULT
 Archipi
é
lago, n
ú
m. 30, p
á
gs. 119-124. LA EPIDEMIA NEOLIBERAL. NACIMIENTO DE LA BIOPOL
Í
TICA [Foucault ve el liberalismo, m
á
s que como una doctrina o ideolog
í 
a con mayor o menor coherencia,como una forma de reflexi
ó
n sobre La gubernamentalidad, una modalidad de actuar que rompe conla Raz
ó
n de Estado, un instrumento de cr
í 
tica para con la realidad y una gubernamentalidad a la quese opone limitando sus interferencias. El liberalismo se distancia de la actividad gubernamentalporque no parte de la existencia del Estado, sino de la sociedad, que se convierte as
í 
en su
ú
nicoreferente.] El Curso de este a
ñ
o ha estado dedicado por entero a algo que, en principio, no iba a ser m
á
s queuna introducci
ó
n. El tema a tratar era la biopol
í 
tica, entendiendo por biopol
í 
tica el modo en que,desde el siglo XVII, la pr
á
ctica gubernamental ha intentado racionalizar aquellos fen
ó
menosplanteados por un conjunto de seres vivos constituidos en poblaci
ó
n: problemas relativos a la salud,la higiene, la natalidad, la longevidad, las razas y otros. Somos conscientes del papel cada vez m
á
simportante que desempe
ñ
aron estos problemas a partir del siglo XIX y tambi
é
n de que, desdeentonces hasta hoy, se han convertido en asuntos verdaderamente cruciales, tanto desde el punto devista pol
í 
tico como econ
ó
mico. Me parec
í 
a que los problemas de la biopol
í 
tica no pod
í 
an ser disociados del marco de racionalidadpol
í 
tica dentro del cual surgieron y adquirieron un car
á
cter apremiante. Ese marco fue elliberalismo, puesto que fue el liberalismo quien hizo que esos problemas se convirtieran enaut
é
nticos retos. ¿C
ó
mo se puede asumir el fen
ó
meno de la poblaci
ó
n, con todos sus efectosderivados y sus problemas espec
í 
ficos, en el interior de un sistema preocupado por el respeto a lossujetos de derecho y por la libertad de iniciativa de los individuos? ¿En nombre de qu
é
, y en fun-ci
ó
n de qu
é
reglas, pueden ser gestionados estos problemas? El debate que tuvo lugar en Inglaterraa mediados del siglo XIX, en
í 
ntima relaci
ó
n con la legislaci
ó
n sobre la salud p
ú
blica, puede servirmuy bien de ejemplo. ¿Qu
é
hay que entender por liberalismo? Para responder a esta pregunta me he apoyado en las
 
reflexiones avanzadas por Paul Veyne sobre los universales hist
ó
ricos y sobre la necesidad devalidar un m
é
todo nominalista en historia. A partir de una serie de opciones de m
é
todo yacontrastadas he intentado analizar el liberalismo ya no como una teor
í 
a o una ideolog
í 
a, y todav
í 
amenos, por supuesto, como una manera que tiene la sociedad de representarse a si misma, sinocomo una pr
á
ctica, es decir, como una forma de actuar orientada hacia la consecuci
ó
n de objetivosque, a su vez, se regula a si misma nutri
é
ndose de una reflexi
ó
n continuada. El liberalismo pasa as
í 
 a ser objeto de an
á
lisis en cuanto que principio y m
é
todo de racionalizaci
ó
n del ejercicio delgobierno, racionalizaci
ó
n que obedece -y en esto consiste su especificidad a la regla interna de unaeconom
í 
a de m
á
ximos. Mientras que cualquier racionalizaci
ó
n del ejercicio del gobierno tiende amaximizar sus efectos haciendo disminuir lo m
á
s posible sus costes (entendiendo el t
é
rmino costesno s
ó
lo en un sentido econ
ó
mico, sino tambi
é
n en un sentido pol
í 
tico), la racionalizaci
ó
n liberal,por el contrario, parte del postulado de que el gobierno (y aqu
í 
se trata, por supuesto, no tanto de lainstituci
ó
n gobierno, cuanto de la actividad que consiste en regir la conducta de los hombres en elmarco del Estado y con instrumentos estatales) no tendr
í 
a que ser para s
í 
mismo su propio fin. Elgobierno liberal no tendr
í 
a en s
í 
mismo su propio fin, aunque sea en las mejores condicionesposibles, ni tampoco la maximizaci
ó
n de la acci
ó
n del gobierno debe de convertirse en su principioregulador. En este sentido el liberalismo rompe con esa Raz
ó
n de Estado que, desde finales del sigloXV, hab
í 
a buscado en la existencia y el refuerzo del Estado la finalidad susceptible de justificar unagubernamentalidad creciente y de regular su desarrollo. La Polizeiwissenschaft promovida por losalemanes en el siglo XVIII -promovida, ya fuese porque Alemania carec
í 
a entonces de una granorganizaci
ó
n estatal o bien, tambi
é
n, porque los l
í 
mites impuestos por la parcelaci
ó
n territorialpermit
í 
an el acceso a unidades mucho m
á
s observables en funci
ó
n de los instrumentos t
é
cnicos yconceptuales de la
é
poca-, se articulaba siempre en torno al siguiente principio: no se presta lasuficiente y necesaria atenci
ó
n, demasiadas cosas se nos escapan,
á
mbitos demasiado numerosos ca-recen de regulaci
ó
n y de reglamentaci
ó
n, el orden y la administraci
ó
n tienen enormes lagunas, ensuma, se gobierna demasiado poco. La Polizeiwissenschafi es la forma asumida por una tecnolog
í 
agubernamental dominada por el principio de la Raz
ó
n de Estado. Y es as
í 
como, con todanaturalidad esta tecnolog
í 
a de gobierno se hace cargo de los problemas de la poblaci
ó
n, unapoblaci
ó
n que en raz
ó
n de la fuerza del Estado debe de ser lo m
á
s numerosa y lo m
á
s activa posible:salud, natalidad, higiene, encuentran por tanto en este marco, sin dificultad, un espacio importante. El liberalismo, por el contrario, se caracteriza por el principio de que se gobierna demasiado, o, almenos, de que es necesario sospechar en todo momento que se gobierna demasiado. Lagubernamentalidad no se debe ejercer sin una cr
í 
tica, algo que es, si cabe, m
á
s radical que unaprueba de optimizaci
ó
n. La gubernamentalidad no debe de plantearse
ú
nicamente cuales son losmejores medios para conseguir sus efectos (o al menos los menos costosos), sino que debe decuestionar la propia posibilidad y legitimidad de su proyecto de alcanzar sus objetivos. La sospecha de que siempre se corre el riesgo de gobernar demasiado est
á
relacionada con lacuesti
ó
n de por qu
é
habr
í 
a entonces que gobernar. De aqu
í 
se deriva el hecho de que el n
ú
cleo delliberalismo sean las proyecciones que haya en un gobierno, pero tambi
é
n qu
é
es lo que son suscr
í 
ticas. El liberalismo no es un sue
ñ
o que se ve confrontado a una realidad y que implicaba, paraser
ó
ptima, su maximizaci
ó
n, y esto era as
í 
en la medida en que la existencia del Estado supon
í 
ainmediatamente el ejercicio del gobierno. La reflexi
ó
n liberal, sin embargo, no parte de la existenciadel Estado, no encuentra en el gobierno el medio de alcanzar un fin que el gobierno se procura a s
í 
 mismo, sino que parte del presupuesto de que la sociedad se encuentra constantemente en una
 
relaci
ó
n compleja de exterioridad y de interioridad en relaci
ó
n con el Estado. Es la sociedad en lamedida en que es a la vez condici
ó
n y fin
ú
ltimo del gobierno, la que permite que ya no se planteela cuesti
ó
n de c
ó
mo gobernar lo m
á
s posible al menor coste, sino m
á
s bien la cuesti
ó
n de ¿por qu
é
 hay que gobernar?. Dicho de otro modo: ¿qu
é
es lo que hace necesario que exista un gobierno, yqu
é
fines debe de perseguir
é
ste en relaci
ó
n con la sociedad para justificar su existencia? La idea desociedad es lo que permite desarrollar una tecnolog
í 
a de gobierno a partir del principio de que elgobierno es en s
í 
mismo algo que est
á
por dem
á
s, en exceso, o al menos de que es algo que viene aa
ñ
adirse a modo de suplemento, un suplemento que es preciso cuestionar y al que se puede siempreplantear la pregunta de si es necesario, y en qu
é
sentido es
ú
til. En lugar de hacer de la distinci
ó
n Estado- sociedad civil un universal hist
ó
rico y pol
í 
tico a partir delcual es posible plantear interrogantes sobre todos los sistemas concretos, se puede m
á
s bien intentarver en esa distinci
ó
n una forma de esquematizaci
ó
n propia de una tecnolog
í 
a particular de gobierno. La cr
í 
tica liberal no se separa ni un
á
pice de un problema nuevo en la
é
poca, el problema de lasociedad. [...] No se puede por tanto afirmar que el liberalismo sea una utop
í 
a que nunca se ha realizado. [...] se vaa intentar saber por qu
é
es necesario que el propio liberalismo se ha visto conducido a que hay quedejar de lado, en qu
é
 
á
mbitos es posible formular acerca de sus propios an
á
lisis y de in
ú
til operjudicial que el gobierno intervenga. La racionalizaci
ó
n de la pr
á
ctica gubernamental en t
é
rminosde Raz
ó
n de Estado no puede inscribirse en ella. El liberalismo constituye -y aqu
í 
radica supolimorfismo y su car
á
cter recurrente- un instrumento cr
í 
tico de la realidad: instrumento cr
í 
tico deuna gubernamentalidad anterior al propio liberalismo de la que
é
ste se intenta distanciar;instrumento cr
í 
tico de una gubernamentalidad actual a la que pretende reformar y racionalizarrevis
á
ndola a la baja; instrumento cr
í 
tico de una gubernamentalidad a la que se opone y de la que sepretenden limitar los abusos... De este modo nos podemos encontrar con el liberalismo bajo formasdiferentes y a la vez simult
á
neas, unas veces convertido en esquema regulador de la pr
á
cticagubernamental y como tema de oposici
ó
n que en ocasiones se hace radical. El pensamiento pol
í 
ticoingl
é
s de finales del siglo XVIII y de la primera mitad del XIX caracteriza bien esos usos m
ú
ltiplesdel liberalismo, y concretamente son, si cabe, todav
í 
a m
á
s expresivas las evoluciones y lasambig
ü
edades de Bentham y los benthamistas. Es cierto que, en la cr
í 
tica liberal, han desempe
ñ
ado un papel importante el mercado como realidady la econom
í 
a pol
í 
tica como teor
í 
a. Pero, como ha confirmado el importante libro de P.Rosanvallon, el liberalismo no es ni su consecuencia ni su desarrollo.(1) El mercado ha jugado m
á
sbien en la cr
í 
tica liberal el papel de un test, de un lugar de experiencia privilegiada en donde sepueden percibir los efectos de los excesos de gubernamentalidad, e incluso dosificar su medida: elan
á
lisis de los mecanismos de la escasez o, en t
é
rminos m
á
s generales, del comercio de granos ten
í 
apor objeto, a mediados del siglo XVIII, mostrar hasta qu
é
punto gobernar era siempre gobernardemasiado. Ya se trate del Tableau de los fisi
ó
cratas o de la mano invisible de Smith, ya se trate,por tanto, de un an
á
lisis que, bajo la forma de la evidencia, tiende a hacer visible la formaci
ó
n del

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