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Morir en Casa

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MORIR DIGNAMENTE EN CASA: ¿ES POSIBLE?
Vicente Madoz
INTRODUCCIÓN
Mi respuesta a la pregunta del enunciado es contundente y rotunda: un “sí” diáfano, desde lo teórico ydesde lo vivido (con pacientes, con familiares cercanos, y con mi propia mujer).Es más, me atrevo a afirmar que no sólo es posible sino deseable y aconsejable: aporta innegables beneficios y contribuye a un claro enriquecimiento, tanto de quien muere (aspecto fundamental) como dequienes le suceden (hecho no menos valorable).Al igual que decía en mi intervención anterior, existen magníficas aportaciones técnicas en el campoque nos ocupa. Ejemplos paradigmáticos son los trabajos que sobre cuidados paliativos a domicilio ha publicado la Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos.Yo pretendo, con mi aportación, subrayar el origen radical de la opción: si el morir es un procesonatural, intrínseco a la existencia humana e inseparable de ella, como el nacer; si constituye uno de suslímites esenciales; no parece razonable desnaturalizarlo, tecnificándolo, con toda la carga de artificialidadque tal hecho conlleva.La muerte, en cuanto morir personal, merece un mimo y un cuidado exquisito, el mismo trato delicadoque suscita, cuando menos, cualquier piedra preciosa única, o cualquier obra de arte irrepetible. No essensato sacarla de su contexto y de su marco natural, exponiéndola a su enajenación y alineación.
PREMISAS
Ha quedado patente en mi participación previa que el “
morir
” es una realidad antropológica dedimensiones y alcance incalculables. Me remito a lo dicho y a lo escrito en otros contextos
.
El “
dignamente
” hace referencia a otro hecho de innegable calado humano. No podemos olvidar quela dignidad de un ser humano se entiende como el “
rango o cualidad que lo coloca por encima del valor del resto de los seres vivientes y de los objetos”.
Por eso dice Eric Fromm que “
nada hay que sea superior, ni más digno, que la existencia humana
”.De ello se deriva el respeto que la misma merece, en abstracto y en su plasmación concreta en todas ycada una de las personas.Dos son los fundamentos de la dignidad de cada individuo humano: su singularidad única y su razón,que le permite autoconocerse y autogobernarse.Ambas referencias se actualizan, con más fuerza si cabe, en el proceso terminal del morir.La
casa
” implica un sin fin de aportaciones en la madeja del devenir humano: fuego vitalizador ymoldeador (recogido en el término “hogar”); lugar de asiento y vida (raíz y fuente de lo auténtico); amor,depositado en cada uno de los recuerdos (memorias del corazón) del sujeto, que ha ido configurándolo(por eso, como dice Marcel Legaut, “
 solo el recuerdo permite al hombre entrar en la comprensión de suexistencia
); encuentro con otros, compañía (pan compartido); objetivo y tarea común.
MARCO
El interrogante inicial se plantea desde un acuerdo tácito implícito: es necesario facilitar a los quemueren una “buena muerte”, en la línea de los indicadores marcados por David J. Roy, desde laOrtotanasia, reforzados y matizados por otros autores, entre ellos por el español Francisco Abel, con su pretendida Benemortasia.Básicamente, los requisitos de una muerte digna serían:
Realizarla con el suficiente silencio y en el marco de espacios precisos de soledad íntima.Vivirla con la necesaria reflexión, consciencia, y autoría.Liberarla de atontamientos farmacológicos y de anonadamientos ligados al frenesí, al engaño, o a lasdistracciones provocadas.Protagonizarla en un entorno ecológico (equilibrado) y propio, fuera de escenarios nuevos, alienantes y
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 –muchas veces– aterrorizantes.Transitarla en la compañía de los seres más significativos.Disponer de un clima humano que facilite la asunción del hecho natural de la muerte y respete la totalautonomía del moribundo.
TIEMPOS
Morir viviendo
”, apropiarse del propio acontecer de la muerte para decantar de él la síntesis y lasabiduría de lo vivido (su “sabor” y su “saber”), como aportación final a la consolidación del ser, implica –la mayoría de las veces– haber hecho antes una serie de deberes: haber reflexionado sobre la vida y lamuerte, y haber optado por ellas, al estilo del propugnado en otros momentos de la exposición (haber recorrido ya el camino de “
vivir muriendo
”).Supuesto esto, es necesario preparar la “
muerte en casa
”, desde el inicio de la enfermedad terminal yantes de que se alcance el estadío terminal de la misma. Tanto el enfermo, como sus familiares, como sussanitarios cuidadores, deben ir preparándose para la
muerte natural
”, desde una profundasensibilización y mentalización, así como desde una toma de decisiones y opciones bien definidas ydecididas. No deben dejarse llevar por los cantos de sirena de la medicina tecnocrática idolatrizada, ni crearseexpectativas o dependencias insanas (de personas o de espacios).Tienen que ser austeros en el uso de los recursos técnicos y sanitarios, sin renunciar a nada válido, perosin abocar en la fiebre del experimentalismo, ni dejarse llevar por la paralización del pánico, que les puede hacer presas fáciles de un intervensionismo alocado y salvaje por parte de profesionales pocoecuánimes. Ello implica ser extraordinariamente parcos en la utilización de la hospitalización y deterapias que interfieran con la continuidad de una vida activa y natural.“Morir en casa” es una opción activa, positiva, que no se improvisa y que, hoy en día, tampoco seregala. Hay que conquistarla y, para ello, los tiempos pretéritos son imprescindibles.
TAREAS
La
muerte en casa
facilita, extraordinariamente, que se incorporen una serie de ingredientesintrínsecos y esenciales al hecho natural de la muerte humana. Tratamos de enunciarlos, sabiendo que noofrecemos un recuento exhaustivo:
1. AYUDA AL MORIBUNDO A APROPIARSE DE SU EXISTENCIA
Los dos radicales de la existencia humana, espacio y tiempo, están íntimamente ligados al hogar y a lafamilia. Desde el despliegue del “esquema corporal”, realizado en el regazo de la madre, hasta elentramado del tejido de su existencia, sustentado en sus vivencias configurantes, el ser que muere ha idoconcadenando, en gran medida, sus lugares y sus momentos más profundos en el contexto de suscontinentes habituales.Imperceptiblemente, lo que le rodea se ha ido haciendo “parte de su vida”, como suele decirsecoloquialmente, experiencia que recoge Andrés Trapiello en su poema “Despedida”, de su libro “RamaDesnuda”:
Cuanto tiempo he vivido a vuestro lado sin saber que vivía, sin sentir que erais mi misma piel hastaesta hora que ni es hora tampoco, sino el breve minuto que precede a un largo adiós
En esta red de tiempos y de espacios familiares es en la que con más facilidad se produce la anidacióndel perdón y de la esperanza, dos ingredientes creadores de vida y constitutivos de toda la substancia de lo personal.Alejar al enfermo terminal de su domicilio supone “romperle sus esquemas” y precipitarlo en una sutile indefinible situación, real y palpable, de desorientación y de desconcierto, sin referencias en las queubicarse y reencontrarse.
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2. COMBATE Y DISMINUYE LA ANGUSTIA
Lo conocido da seguridad, lo desconocido genera fantasmas.Tanto más en un ser humano desvalido, arrojado a su destino y confrontado con el misterio de loignoto.Hay que procurar paliar los
miedos añadidos
que rodean a la angustia existencial: el temor a laseparación, a la soledad, al ridículo, a la desinformación, a las costumbres desconocidas, y a variosaspectos más. Todos ellos se eliminan cuando el enfermo permanece en su casa.Por una parte, el espacio que el paciente ha ocupado siempre le facilita unas
raíces
y le orientan, por símismo, hacia un
destino
. Por eso, hasta hace no mucho, la gran mayoría de la gente ansiaba morir en casay, aun hoy en día, cuando tienen la opción de ser preguntados, y se les garantiza el control del dolor, lamayor parte de los desahuciados eligen morir en su domicilio. El calor de lo entrañable derrite, sin duda,el frío del terror, tanto del anticipado como del vividoDe otra parte, continuar en casa evita el aislamiento y la soledad. Los “suyos” del que está en procesode morir constituyen su “
nosotros
”, la mejor garantía de hallar la tranquilidad y la felicidad honda.Incluso las visitas de los amigos resultan más cercanas en el ámbito del convite, sobre las sillasdesgastadas por los mismos cuerpos de antaño. Hay más calor, más cariño, más amor dentro de los límitesde las viejas paredes, testigos mudos de tantos secretos íntimos. Se trata de la vieja alianza del amor y lamuerte, del nacer y el perecer, tantas veces aludida, y tan bien recogida en el poema sobre la “ArañaComún” de Dulce María Loynaz:
 La araña gris de tiempo y de distancia tiende su red al mar quieto del aire, pescadora de moscas ytristezas cotidianas. Sabe que el amor tiene un solo precio que se paga pronto o tarde: la Muerte. Y  Amor y Muerte con sus hilos ata
...”Finalmente, seguir en la “
rutina
” del día a día, es otra buena razón para recomendar el hogar comoantídoto del miedo. La rutina de lo cotidiano se opone a la ruptura del desgarro y de lo nuevo, y seestablece, en el caso que nos ocupa, como la ruta abierta en el bosque de lo misterioso, “el caminoconocido” (routine) al que ceñirse y en el que recopilar confianza y seguridad.En definitiva, la casa propia ha sido, es, y puede seguir siendo para el moribundo la
sede
de su Ser-social y de su Ser-individual y privado, que contiene y cuida la sede del Ser íntimo y secreto (el cuerpo).La sede (etimológicamente) da asiento, aporta, por tanto, sosiego, y lo que sosiega, obviamente descansay restablece.
 
3. PERMITE CONTINUAR EL CRECIMIENTO PERSONAL Y PERFECCIONAR SUTERMINACIÓN
Por un lado, cuando en la casa existe un enfermo terminal se preserva el
equilibrio ecológico
y se potencia la
participación
de todos sus integrantes en la vida de grupo. Tanto más la del propio sujeto entrance de morir, que puede ejercer su protagonismo y continuar con sus papeles, prácticamente hasta elfinal. Cuando no le sea posible, él mismo podrá designar su traspaso sin renunciar a su participaciónactiva testimonial. Los planes y proyectos familiares siguen siendo tan suyos como de los demás, inclusoaquellos que se prevean para más allá de su posible existencia biológica. Del mismo modo, también podrá, todavía, ejercitar el cuidado recíproco con otros miembros de su familia.Por otro lado, estar en casa facilita el ejercicio de la
intimidad
y de la
reciprocidad
. En unosmomentos tan trascendentes para la vida del que la termina, facilitar su “decirse” y su “desvelarse”,autorizar su “darse” y su “recibir”, también en el plano de lo erótico y de lo sexual, son aportaciones de profundo alcance y de gran ayuda para ella/él, que le permiten reconducirse y avanzar.Esta existencia en marcha, diversificada y real, fermentará la
apertura de su espíritu
, no solo anecesidades sociológicas y psicológicas, sino a otras dimensiones transitivas y trascendentes, en las quequizá pueda encontrar respuesta a sus interrogantes existenciales, todavía no dilucidados.
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