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WODAABE

WODAABE

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Published by Oscar Alvarez
Texto de un reportaje sobre los wodaabe, etnia del Sahel. Basado en una convivencia con un grupo del norte de Dakoro, Níger.
Texto de un reportaje sobre los wodaabe, etnia del Sahel. Basado en una convivencia con un grupo del norte de Dakoro, Níger.

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Published by: Oscar Alvarez on Mar 22, 2010
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05/26/2010

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Texto y fotografías: Oscar AlvarezWODAABE,LA ROSA DEL SAHEL.EN LA SABANA SECA SUBSAHARIANA, DESDE CHAD A SENEGAL,SOBREVIVE UNO DE LOS ULTIMOS PUEBLOS DEDICADOS ALPASTOREO TRASHUMANTE. SU EXISTENCIA NOMADA, DE SOBRIEDADASCETICA, MUESTRA UN ASPECTO MUY DISTINTO DURANTE ELWORSO, FIESTA DEL FINAL DE LAS LLUVIAS EN LA QUE DESPLIEGANTODA LA SOFISTIFICACION DE SUS DANZAS GALANTES.11 de SeptiembreDespués de todo no parecen malos chicos. Ahora como se los ve, olvidados de lossubfusiles que descansan contra el mugriento muro, con las boinas rojas echadashacia atrás y los ojillos de un candor infantil pendientes de la ficha que dejo caer sobre la mesa. Tres doble y cierro. Un rápido conteo de puntos y la carcajadaalegre de Abdullah que se sabe ganador. "El bature ha vuelto a perder" anuncia conun francés difícil el sargento Idrissa mientras anota otros puntos en mi contra.A fe mía que se lo están pasando en grande con el "bature" desde que susmalencarados compañeros de la Guardia Republicana me trajeron aquí, luego deinterrogarme en la comisaría de la población. Ellos, tan solos y aburridos dentro deeste puesto mínimo en medio de una nada que se extiende por los cuatro puntoscardinales y bajo el abrasador sol de Níger. Me parece que van a lamentar la ordende obligar a subir al "blanco" al primer camión atestado de cabras, pasajeros ycachivaches que me devuelva a Tahua. Eso puede suceder en los próximos cincominutos o en las próximas cinco horas, sólo Alá que es grande lo sabe. Espero paraentonces haber aprendido a jugar al dominó...13 de Septiembre¡Menuda bronca me echó el prefecto de Tahua! Será difícil de sacar de mis pesadillas su cara gesticulante, las muecas de disgusto enfatizadas por lascicatrices tribales hausa que, partiendo de ambas comisuras de la boca, cruzaban sucara como un pentagrama. Que cómo se me había ocurrido ir a Tchin Tabaradensin el debido permiso (!) Que si no había oído hablar de la rebelión tuareg (!!) Quesi no sabía que Tchin Tabaraden es un puesto particularmente conflictivo (!!!) Que podían haberme confundido con un mercenario o un espía y... (!!!!).Explicar que mi única razón de llegar a aquel conjunto de casas de adobe perdidoa las puertas del Sáhara era contactar con los pastores wodaabe, quienes celebrabansu reunión anual en un valle relativamente cercano, no sirvió más que para
 
aumentar el disgusto del prefecto. En resumen: vuelta a Niamey a lo largo yangosto de una carretera con incontables kilómetros, anegada en tramos por unaslluvias breves pero intensas, y a bordo de los "cómodos" y siempre llenos-a-rebosar taxis colectivos. ¡Buff!30 de SeptiembreLas cosas en la capital van despacio. Por un lado el Ministro del Interior atraviesauna situación complicada (tiene un pie en la calle, para entendernos) y no estácomo para firmar permisos. De otra no puedo presentar directamente la petición,sino a través del Ministerio de Cultura y Deportes, a los que he de convencer queel reportaje tratará del pueblo wodaabe y no de cuestiones impertinentes (se diríaque me conocen).El director de un periódico local ha prometido interceder por mí. Y también me heganado la simpatía de Daniel L., un veterano periodista francés afincado en Níger desde hace años. Se mantiene siempre al borde de la ebriedad y cuenta buenashistorias. Desgraciadamente de los wodaabe no conoce mucho. Sí de los tubu delTibesti, pues está casado con una mujer de su comunidad. Pero más interesante esescuchar cómo intriga Francia para seguir controlando a sus excolonias (los ricosyacimientos de uranio, ya se sabe). Escuchar de los apoyos oficiales al gobiernocentral (esos asesores militares de la legión, los técnicos de desarrollo...) y tambiénde los mercenarios que introduce desde Chad y de las armas que proporciona a losrebeldes tuareg. Pero bueno, esto es otra historia y había prometido que.Gracias a Daniel estoy empezando a apreciar la cerveza local. Y -por iniciativa propia- a una de las camareras del bar de “el libanés”. Como no me aprueben pronto el dichoso permiso...9 de octubreDe Zinder A Tanut y de Tanut a Zinder. Tanto tiempo haciendo contactos paralocalizar a algún grupo wodaabe en la zona y mis amigos de la GuardiaRepublicana vuelven a detenerme. Justo cuando salía del mercado de Tanut con unguía y sus dromedarios. Ahí mismo les muestro el flamante permiso, que para mimala suerte no contempla a Tanut entre sus zonas toleradas. “Alors mon ami...”De vuelta a la antigua ciudad imperial hausa un cura canadiense me lleva a casade Patrik Paris, antropólogo francés que ha pasado media vida estudiando a loswodaabe. Y que me cuenta entusiasmado las danzas que acaba de presenciar enDiffa, las mejores en los últimos 5 años, según recuerda. Miro el permiso y ahíaparece autorizado Diffa. Para no deprimirme más le pregunto a Paris cual es lamejor opción que me queda. Así, salgo mañana para Maradi de donde me dirigiré aDakoro para perderme luego entre aldeas. Quizás se presente algún wodaabe delDamergú a uno de sus mercados. Me dice Paris que no hablando fulfulde, o hausaal menos, va a ser difícil entenderme con ellos. Pero que no me preocupe, son muy
 
sociables.23 de Octubre
Y
ahaya y la pequeña Biro están arrancando las hierbas marchitas del lugar dondese levantará una de las tiendas para pasar la noche. Justamente ahora; cuando elsol africano nos abrasa desde su punto más alto con tal inclemencia que hace penosa cualquier movimiento. Me he acercado a ellas con la intención de aliviar sutarea, aunque presentía que rechazarían mi ayuda. Como lo temía; Yahaya no hatardado en quitarme la herramienta de las manos y, mostrándome mis palmas, meha reprendido cariñosa, pero firmemente, por estropeármelas así. Luego unasonrisa ha dulcificado su rostro surcado de arrugas al pedirme que volviera con los jóvenes, reunidos bajo la sombra de una acacia achaparrada. Y mientras lasmujeres trabajan dejo transcurrir una mañana perezosa junto a los hombres, bebiendo té, probándonos collares de cuentas, trenzándonos los cabellos, pintándonos los ojos y mirándonos coquetamente en espejos de colores.En torno nuestro el Sahel de Níger muestra ya sus primeros rigores. Al fin de laestación de las lluvias la sabana seca subsahariana se dilata entre horizontesdesdibujados por el calor. Lo que ayer fuera un manto verde apenas hoy serecuerda en las manchas de árboles y arbustos, todos con espinas, que salpican lallanura interminable. Ocasionalmente la silueta retorcida de algún baobab subrayael carácter inhóspito de una tierra dura, la tierra de los
wodaabe
.Desde el macizo del Fouta Djalon en las fuentes del río Senegal hasta las cercaníasdel lago Chad, esta etnia recorre errática la franja esteparia que separa al Sáhara delas selvas húmedas del Golfo de Guinea. Son los
wodaabe
uno de los pueblos máscautivadores de África Occidental. Sus rasgos físicos - narices aguileñas, labiosfinos, caras ovaladas, piel clara, cuerpos esbeltos - denotan el origen semita que lesatribuyen los antropólogos. Se aventura que provienen del Sinaí prefaraónico, dedonde trajeron unos patrones culturales que, pese a haber sido enriquecidos yempobrecidos por influencias externas, conservan una esencia nacida en la nochede los tiempos. Y precisamente esta defensa de las tradiciones les diferencia delresto de la familia
 fulbe
a la que pertenecen y desprecian.Porque aquellos que viven en las ciudades, los
 fulbe süre
, han perdido su identidadtribal e incluso racial, y los llamados
 fulbe
de los matorrales, o
 fulbe ladde
,alternan la cría de animales con el cultivo del campo y, también sedentarios,habitan en chozas a las afueras de los poblados de comunidades extrañas. Todo locual está muy lejos de constituir motivo de orgullo para un nómada de corazón queencuentra en el pastoreo trashumante la única expresión de una vida en libertad.

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