Amalia Domingo Soler3
PRÓLOGO ESPIRITUAL DEL MANUSCRITO DE DOÑA AMALIA DOMINGO SOLER
DICTADO DESDE EL ESPACIO POR MEDIACIÓN DE LA MÉDIUM MARÍA
Voy a daros un prólogo, y ese prólogo no tendrá otro objeto que enseñar a losnuevos espiritistas de la manera que tienen que redimirse. La redención del hombre es muy sencilla; sólo consiste en amar al prójimo como a sí mismo: pero dentro de esta sencillezhay un obstáculo que levanta una muralla entre el bien y el mal, y no quiero decir que es elmal que los terrenales veis en el hombre criminal, pues no vengo a hablaros de esoscrímenes que se cometen en la Tierra, ya que para esos infelices está la ley de los hombrespara llamarlos al orden: Dejemos toda esa escoria de ignorancia y de miseria, pararemontarnos a esos otros lugares donde el hombre penetra orgulloso, pensando que allí seencuentra la civilización; para estos enfermos del alma, será mi humilde prólogo. Bienpodía haberlo dejado escrito en la Tierra, pero entonces, no hubiera tenido el valor quetendrá ahora para los seres pensadores, escribiéndolo desde las alturas en que mora mihumilde Espíritu. ¡Cuánta diferencia hay de contemplar a la humanidad en vuestra vidaterrena, a contemplarla desde el espacio!...Sí hijos míos: Cuando uno penetra en la verdadera vida, comprende perfectamenteque durante el tiempo que se permanece en la Tierra, se desconoce ésta por completo. Yo, como vosotros sabéis, había procurado emplear bien el tiempo y pensaba quetodo lo que hacía era obra de mi voluntad; pero no es así. Cuando el Espíritu desciende a la Tierra y promete a esa
naturaleza divina
llamada Dios, que ya nunca más volverá a caer, sila promesa es enérgica y firme, para pasar del mal al bien le envuelven unas fuerzassuperiores a las suyas y encarna desconocedor de todo cuanto ha prometido; pero entre laspromesas y el Yo constituye una ley, y esa ley, es la que rige durante nuestro paso por la Tierra; y así es como empieza para el Espíritu una existencia de lucha y de progreso. Y como en nuestro planeta todo se ignora y lo achacamos todo a la casualidad, vamos viviendo dentro de la oscuridad y la ignorancia, sin conocer esa ley que nuestroarrepentimiento ha creado y que es la que nos conduce a puerto de salvación. Todas las religiones tienen la tendencia de inculcar al hombre el arrepentimiento y el acto de contrición; pero la equivocación de todas está en dar al hombre un plazo tancorto para arrepentirse.No, no, hijos míos, el hombre no tiene un plazo para reconciliarse, el hombre tieneuna eternidad, el hombre ha sido, el hombre es, y el hombre será. Y los mismos dardos y desengaños que va recibiendo en un sinnúmero de existencias, le van enseñando el caminode su propia regeneración. Así es, que, cuando el hombre, cansado ya de sufrir el peso desus culpas, que consciente o inconscientemente pesan en su conciencia, dice: ¡No puedomás! Entonces, sin que nadie le juzgue, sin que nadie le castigue, él solo invoca suregeneración. Cuando un Espíritu ha pasado por la Tierra lleno de adulaciones y placeres, alpenetrar en el mundo de la verdad, es tan grande su desengaño, que afluye el llanto a sualma, y éste es el Jordán de su regeneración. Así me sucedió a mí después de habermalgastado tantas y tantas existencias, después de haber mal empleado un talento, despuésde haberme mofado, en fin, de todos aquellos seres que de buena fe acudían a mí para quelos empapara con el rocío de mi inteligencia. Y no me servían de otra cosa más que dedesprecio y de burla aquellos tesoros intelectuales, que sólo se conceden a los hombres paraque hagan un buen uso de ellos. Yo, en aquella existencia lo hice todo al revés. Ya un buennúmero de encarnaciones, la poesía ha sido mi única compañera; y si de esa flor tandelicada hubiera hecho el uso que hice de ella en mi última existencia, no hubiera tenidoque penetrar tantas y tantas veces en la morada de mi padre.