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Memorias Amalia Domingo Soler

Memorias Amalia Domingo Soler

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PRÓLOGO DICTADO DESDE EL ESPACIO POR MEDIACIÓN DE LA MÉDIUM MARÍA
Voy a daros un prólogo, y ese prólogo no tendrá otro objeto que enseñar a los
nuevos espiritistas de la manera que tienen que redimirse. La redención del hombre es muy
sencilla; sólo consiste en amar al prójimo como a sí mismo: pero dentro de esta sencillez
hay un obstáculo que levanta una muralla entre el bien y el mal, y no quiero decir que es el
mal que los terrenales veis en el hombre criminal, pues no vengo a hablaros de esos
crímenes que se cometen en la Tierra, ya que para esos infelices está la ley de los hombres
para llamarlos al orden: Dejemos toda esa escoria de ignorancia y de miseria, para
remontarnos a esos otros lugares donde el hombre penetra orgulloso, pensando que allí se
encuentra la civilización; para estos enfermos del alma, será mi humilde prólogo. Bien
podía haberlo dejado escrito en la Tierra, pero entonces, no hubiera tenido el valor que
tendrá ahora para los seres pensadores, escribiéndolo desde las alturas en que mora mi
humilde Espíritu. ¡Cuánta diferencia hay de contemplar a la humanidad en vuestra vida
terrena, a contemplarla desde el espacio!...
PRÓLOGO DICTADO DESDE EL ESPACIO POR MEDIACIÓN DE LA MÉDIUM MARÍA
Voy a daros un prólogo, y ese prólogo no tendrá otro objeto que enseñar a los
nuevos espiritistas de la manera que tienen que redimirse. La redención del hombre es muy
sencilla; sólo consiste en amar al prójimo como a sí mismo: pero dentro de esta sencillez
hay un obstáculo que levanta una muralla entre el bien y el mal, y no quiero decir que es el
mal que los terrenales veis en el hombre criminal, pues no vengo a hablaros de esos
crímenes que se cometen en la Tierra, ya que para esos infelices está la ley de los hombres
para llamarlos al orden: Dejemos toda esa escoria de ignorancia y de miseria, para
remontarnos a esos otros lugares donde el hombre penetra orgulloso, pensando que allí se
encuentra la civilización; para estos enfermos del alma, será mi humilde prólogo. Bien
podía haberlo dejado escrito en la Tierra, pero entonces, no hubiera tenido el valor que
tendrá ahora para los seres pensadores, escribiéndolo desde las alturas en que mora mi
humilde Espíritu. ¡Cuánta diferencia hay de contemplar a la humanidad en vuestra vida
terrena, a contemplarla desde el espacio!...

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Published by: Marisol Legón Perez on Mar 24, 2010
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Amalia Domingo Soler1
MEMORIAS
DE LA INSIGNE CANTORA DEL ESPIRITISMO
 AMALIA DOMINGO SOLER 
DIVIDIDA EN DOS PARTESLa primera contiene lo que escribió en vida.La segunda y el prólogo que acompaña a laobra, fueron dictadas desde el espacio porella misma.
 
MEMORIAS2
 ANTEPRÓLOGO
No está en mi ánimo, al escribir estas líneas, dotar de su correspondiente
prefacio
alas Memorias de la insigne Amalia, ni menos hacer el
juicio critico
de su obra. Amalia al igual que Cervantes, sentía gran pesar al ver que el fruto de sus trabajosiba a quedar sin quien le apadrinase y sin duda alguna, por este motivo resolvió dictar suprólogo desde el Espacio para que su obra fuera completa.Estuvo en lo cierto porque nadie mejor que ella podía hacerlo: Mas como Espírituen estado desencarnado ve, observa y comprende las cosas con la amplitud deconocimientos que no le es posible en estado encarnado, por estar sujeto a las condicionesde la evolución de la materia con quien, temporalmente, está asociado para sumanifestación, de aquí que lo que el Espíritu de nuestra querida Amalia dictó, más bien queun prólogo, resulta ser una obra completa de educación moral y progresiva al hacer lasíntesis de su progreso con el relato de las varias manifestaciones materiales de su Espírituen la Tierra. Que es cierto lo que digo, lo podéis observar, ¡Lectores hermanos! Cuando enel principio de su prólogo nos dice: Que nos lo da para que aprendamos a regenerarnos.De notar es la diferencia que existe entre los conceptos emitidos por Amalia en loque de su puño y letra escribió en su última fase de la vida y lo que su Espíritu dictó desdeel Espacio: En toda su obra lo que más resplandece es la
sinceridad
que es la lógica máscontundente para llevar el convencimiento a los ánimos, que sin prejuicios, estudien y mediten sobre todos y cada uno de los pasajes de que hace mención en su últimaencarnación.El presentimiento de nuestra Amalia, por no decir la clarividencia de su Espíritu, dela misión a cumplir en la Tierra, hizo que se presentase entre nosotros escueta como la Verdad, sin temor a ser falseada y sin necesitar del subterfugio de las falsas apariencias paraabrirse camino entre los abrojos del desamparo, ingratitudes y desengaños, que al parecer,amenazaban desgarrar con sus afiladas púas, lo que en ella era invulnerable y estabaescudado por su inquebrantable fe.La fragancia de esta violeta de los bosques neutralizaba el ponzoñoso hálito de losorgullos y su radiante túnica de la caridad le ponía a cubierto de las asechanzas que susdetractores fraguaban en la oscuridad de su egoísmo y maléficos celos.No sé qué admirar más en estas Memorias, si la sencillez en la exposición de loshechos, o la sublimidad de conceptos que en sí encierran; todo lo cual me mueve, no arecomendar la obra, que no lo necesita porque basta y sobra la firma de su Autora, sino aofrecer un testimonio más de gratitud filial a la que siempre nos llamó hijos suyos.
 
Amalia Domingo Soler3
PRÓLOGO ESPIRITUAL DEL MANUSCRITO DE DOÑA  AMALIA DOMINGO SOLER 
DICTADO DESDE EL ESPACIO POR MEDIACIÓN DE LA MÉDIUM MARÍA 
 Voy a daros un prólogo, y ese prólogo no tendrá otro objeto que enseñar a losnuevos espiritistas de la manera que tienen que redimirse. La redención del hombre es muy sencilla; sólo consiste en amar al prójimo como a sí mismo: pero dentro de esta sencillezhay un obstáculo que levanta una muralla entre el bien y el mal, y no quiero decir que es elmal que los terrenales veis en el hombre criminal, pues no vengo a hablaros de esoscrímenes que se cometen en la Tierra, ya que para esos infelices está la ley de los hombrespara llamarlos al orden: Dejemos toda esa escoria de ignorancia y de miseria, pararemontarnos a esos otros lugares donde el hombre penetra orgulloso, pensando que allí seencuentra la civilización; para estos enfermos del alma, será mi humilde prólogo. Bienpodía haberlo dejado escrito en la Tierra, pero entonces, no hubiera tenido el valor quetendrá ahora para los seres pensadores, escribiéndolo desde las alturas en que mora mihumilde Espíritu. ¡Cuánta diferencia hay de contemplar a la humanidad en vuestra vidaterrena, a contemplarla desde el espacio!...Sí hijos míos: Cuando uno penetra en la verdadera vida, comprende perfectamenteque durante el tiempo que se permanece en la Tierra, se desconoce ésta por completo. Yo, como vosotros sabéis, había procurado emplear bien el tiempo y pensaba quetodo lo que hacía era obra de mi voluntad; pero no es así. Cuando el Espíritu desciende a la Tierra y promete a esa
naturaleza divina
llamada Dios, que ya nunca más volverá a caer, sila promesa es enérgica y firme, para pasar del mal al bien le envuelven unas fuerzassuperiores a las suyas y encarna desconocedor de todo cuanto ha prometido; pero entre laspromesas y el Yo constituye una ley, y esa ley, es la que rige durante nuestro paso por la Tierra; y así es como empieza para el Espíritu una existencia de lucha y de progreso. Y como en nuestro planeta todo se ignora y lo achacamos todo a la casualidad, vamos viviendo dentro de la oscuridad y la ignorancia, sin conocer esa ley que nuestroarrepentimiento ha creado y que es la que nos conduce a puerto de salvación. Todas las religiones tienen la tendencia de inculcar al hombre el arrepentimiento y el acto de contrición; pero la equivocación de todas está en dar al hombre un plazo tancorto para arrepentirse.No, no, hijos míos, el hombre no tiene un plazo para reconciliarse, el hombre tieneuna eternidad, el hombre ha sido, el hombre es, y el hombre será. Y los mismos dardos y desengaños que va recibiendo en un sinnúmero de existencias, le van enseñando el caminode su propia regeneración. Así es, que, cuando el hombre, cansado ya de sufrir el peso desus culpas, que consciente o inconscientemente pesan en su conciencia, dice: ¡No puedomás! Entonces, sin que nadie le juzgue, sin que nadie le castigue, él solo invoca suregeneración. Cuando un Espíritu ha pasado por la Tierra lleno de adulaciones y placeres, alpenetrar en el mundo de la verdad, es tan grande su desengaño, que afluye el llanto a sualma, y éste es el Jordán de su regeneración. Así me sucedió a mí después de habermalgastado tantas y tantas existencias, después de haber mal empleado un talento, despuésde haberme mofado, en fin, de todos aquellos seres que de buena fe acudían a mí para quelos empapara con el rocío de mi inteligencia. Y no me servían de otra cosa más que dedesprecio y de burla aquellos tesoros intelectuales, que sólo se conceden a los hombres paraque hagan un buen uso de ellos. Yo, en aquella existencia lo hice todo al revés. Ya un buennúmero de encarnaciones, la poesía ha sido mi única compañera; y si de esa flor tandelicada hubiera hecho el uso que hice de ella en mi última existencia, no hubiera tenidoque penetrar tantas y tantas veces en la morada de mi padre.

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