cerca:
«Schemero... Schemero... Schemero...
»
. Son los centinelas, que intercambian el grito de alerta reglamentario, unodetrás de otro, a fin de mantenerse en contacto y despiertos.Y es que esta mansión es la de Cypros, princesa herodiana, la segunda que lleva este nombre, esposa de Antipater II,sobrino de Heredes el Grande, y su aislamiento a casi una milla romana de distancia de Tiberíades, la nueva ciudad queerige en honor del emperador Tiberio su hermanastro Heredes Antipas, tetrarca de Galilea, exige una severa vigilancia diurnay nocturna.Porque no es raro ver descender de los valles perdidos de la alta Galilea a clanes de montañeses peludos y barbudos,armados con lanzas, con las cortas
sicca y
el pequeño escudo redondo. Éstos, drogados por el
boanerges,
el «hijo deltrueno», la terrible seta alucinógena,
caen sobre las ricas residencias de la dinastía idumea y de sus más importantesoficiales, tanto por amor al pillaje y a la guerra como por odio a los «incircuncisos». Porque entre los galileos es donde serecluían principalmente aquellos a quienes los ocupantes romanos llaman
sicarii,
los griegos de la Decápolis,
zelotes,
y los judíos de las diversas sectas,
kanaim.
Por eso los arqueros nubios y los guardianes sirios que forman la pequeña guarnición de la mansión de Cypros y deAntipater (una cincuentena de hombres, a lo sumo) tienen siempre a punto la hoguera para dar la señal de alerta, que lesbastará con encender por la noche o hacer humear durante el día, a fin de avisar a la guarnición de Tiberíades, apenas sedeje oír a lo lejos el ritmo sordo y lancinante de los tamboriles de combate kanaítas.Esta noche su atención está más alerta que de costumbre, ya que se ha señalado una importante concentración zelote en laorilla sur del mar de Galilea, allá donde el Jordán reanuda su curso. Entre esos hombres, los observadores han reconocido avarios hijos de Judas el Gaulanita, y entre ellos el famoso Ieschuah. De manera que los arqueros negros de la guardiaconservan el arco a punto, con su cuerda alrededor del hombro derecho, y el carcaj de cuero a la espalda, al alcance de lamano, bien provisto de flechas de hierro dentado; de su cintura pende, además, la corta y ancha espada de reglamento. Losmercenarios sirios, por su parte, van armados de una gruesa lanza de hierro, una larga espada y un escudo de madera,recubierto de cuero de rinoceronte o de hipopótamo, pieles llegadas del alto Nilo por la ruta de las caravanas; así están aprueba de dardos y venablos. Todos llevan un casco de metal redondo, sin visera ni cimera.Pero todo parece en calma. Demetrios, el jefe de la guardia, acaba de volver de su ronda con algunos hombres y dosguepardos sujetos con correas. Y es que esta noche no es como las otras, y Demetrios, un griego de la cercana Decápolis, losabe mejor que nadie: Cypros, esposa de Antipater, va a alumbrar a un nuevo hijo. El primero fue una niña. Y si la opinión dela matrona es acertada, el acontecimiento se producirá antes del alba. Por eso Demetrios ha extendido su ronda hasta lastiendas montadas cerca del lago, donde acampan los arqueros negros y los lanceros sirios que no se hallan esta noche deservicio en la mansión. Penetremos con él en ésta.En una amplia estancia, cuya puerta está abierta de par en par sobre la terraza, lámparas de bronce provistas de aceite denafta prodigan una luz danzarina. Un trípode de plata sostiene una cazoleta de bronce con brasas rojizas sobre las que sehan echado virutas de madera de sándalo, y su azulado y aromático humo se eleva despacio y oblicuamente hacia la puertaabierta. Gruesos tapices venidos de muy lejos, unos de Catay y otros de Ecbatana, Edesa o Nyssa, están tirados al azar, losunos sobre los otros, cubriendo las anchas losas de mármol blanco. A lo largo de las paredes se alinean irregularmentecofres de maderas preciosas, con maravillosas incrustaciones de nácar o de marfil. Altos y pesados cortinajes de lino,hechos de varias telas gruesas juntas, y cuyos bordados y matices armonizan con el destino y la decoración de la estancia ala que están encarados, separan la cámara principesca de las salas colindantes.Sentadas en el suelo, sobre sus talones, algunas sirvientas judías o beduinas esperan en silencio. La matrona acaba depalpar una vez más el abdomen de la parturienta. Ésta se halla tendida, con su camisón de seda carmesí levantado hasta lasaxilas. Quizás sea hermosa, pero sus rasgos, deformados por la angustia y los primeros dolores, no permiten juzgarlo eneste momento. El lecho de bronce es alto; sus anchas tiras de cuero oloroso, que apenas unas gruesas mantas separan delos riñones de la paciente, no hacen sino acrecentar con su dureza los sufrimientos de ésta.—Uakhaiti, ¿ha regresado el señor? —pregunta en voz baja y cansada.—No, Lallah.
El señor Antipater se ha quedado en Tiberíades, al lado del Tetrarca, y hay pocas posibilidades de que estéaquí antes de que amanezca —responde la joven.La mujer suspira, luego prosigue:—Uakhaiti, toma tu laúd y cántame la canción de Débora la profetisa, el
Canto de la Victoria.
Mi madre, la reina Mariamna, lohizo cantar cuando yo nací, pues esperaba dar a luz a un hijo, y no a una hija, como asimismo lo esperaba mi padre, el reyHerodes.
Y Uakhaiti, hermana de leche de Cypros II, como indica su sobrenombre, toma su laúd y canta:
1
En arameo: «Centinelas... Centinelas...». Hasta el siglo XIX los ejércitos europeos conservaron el uso de ese grito decontrol: «¡Centinelas! ¡Estad alerta!».
2
Boanerges:
antiguo término acadio que significa «hijo del trueno» y que designa a una seta alucinógena, la
Amonitamuscaria,
que por aparecer inmediatamente después de la tormenta, fue denomina así por los pueblos primitivos deSumeria y Acadia. La utilizaban para obtener visiones. Jesús, Santiago y Juan hicieron uso de ella, como lo prueban losevangelios: Marcos, 3, 17 y 21. (Cf. JOHN M.
ALLEGRO
,
Le Champignon sacre et la Croix,
Albin Michel, París, 1971.
3
Uakhaiti:
hermanita, en árabe.
Lallah:
señora, en árabe.
4
Cypros II era judía por parte de su madre, Mariamna, e idumea por parte de su padre, Herodes el Grande.
3