paz civil y en el contraste de opiniones la gente más fiera y rudamente libre de expresar lo que siente. Centro de estalabor fueron los seminarios antes dichos, en los que colaboran: Carlos ABRAIRA LOPEZ, Enrique ALONSOYAGÚE, Tomás BARREIRO RODRIGUEZ, Jorge BENEITO DE MORA, Jesús EVARISTO CASARIEGO, JaimeCALDEVILLA Y GARCIA DEL VILLAR, Luis CORTES ECHANOVE, Francisco ELIAS DE TEJADA SPINOLA,Carlos ESTEVE MONTAGUT, Félix FERNANDEZ MURGA, Emilio FERNANDEZ PINTADO, Pedro Paulo DEFIGUEIREDO, Rafael GAMBRA CIUDAD, Pedro GALVAO DE SOUSA, Joaquín GARCIA DE LA CONCHA, JoséITURMENDI MORALES, Félix Adolfo LAMAS, Vicente MARRERO SUAREZ, Ernesto MIRAMON, DiegoREYNA DE LA MUELA, Balbino RUBIO ROBLA, Alberto RUIZ DE GALARRETA, Luis RUIZ HERNANDEZ,José Luis SANTALO Y R. VIGURI, Emilio SERRANO VILLAFAÑE, Carlos Alberto SOARES, Eduardo TRIGO DEYARTO, Alfonso TRIVIÑO DE VILLALAIN, Jesús VALDES MENENDEZ-VALDES, Ramón VELLALON DECUARTAS, Gustavo VILLAPALOS SALAS.Mi aportación como editor o curador del libro consistió solamente en el trabajo no fácil, sino agotador -y sólosuperado porque el amor al trabajo que realiza le hace olvidar al trabajador las rozaduras y las heridas que le causa- deintroducir en el proyecto original todas las modificaciones sugeridas. En cuya labor tengo que rendir tributo de gratituda la actuación como secretario de Joaquín GARCIA DE LA CONCHA. Si él no me hubiera ayudado a desbrozar yapuntar todo lo que de interesante se produjo en las largas y tensas horas de seminario, confieso que me hubiera sidoimposible dar buen fin a la tarea. Eso no obstante, soy consciente de que, en más de un caso, alguno podrá quejarsecon razón de no haber visto bien comprendidas o reflejadas en el texto definitivo, sus enmiendas. Desde aquí, y pidiendo perdón por adelantado por estos defectos técnicos, protesto mi buena voluntad en haber querido e intentadorecoger y expresar las ideas de todos, sacrificando sin piedad, tanto las del autor del anteproyecto, como las mías propias. Lo que confieso con toda ingenuidad, por estimar que no conlleva ningún mérito. Si he procedido así, ha sido por mi convicción de que el auténtico interés de un libro como éste consiste en que sea, no el reflejo del pensamientode un solo individuo, sino del equipo colectivo y fluctuante de trabajo, o sea, del pueblo tradicionalista entero yverdadero.* * *La finalidad fundamental que hemos perseguido los miembros del Centro, al escribir el libro, ha sido exponer elnúcleo mismo del ideario carlista, actualizándolo a la hora presente con un interés exclusivamente científico ydivulgador.Exponer el núcleo mismo del ideario carlista significa responder a la necesidad, sentida por tradicionalistas y por notradicionalistas, de saber qué es exactamente el Carlismo. El Carlismo fue en la Cruzada de 1936-1939 un movimientofundamentalmente guerrero, como tenía que ser. Tras la batalla, este guerrero se dedicó a disfrutar su bien merecidoreposo. Ese reposo terminó aproximadamente hacia el año sesenta, para volver a resurgir como un movimiento político.La puesta en marcha del mismo ocasionó las típicas averías que manifiesta toda máquina que ha estado parada algúntiempo. El Centro surgió con la idea de poner los puntos doctrinales sobre las íes. He aquí ya una especie de alto en elcamino, para sacar un balance de casi un decenio de trabajos. Desde luego; se trata de un balance provisional; porque elCarlismo es historia viva y la historia no se detiene. Estimo que ser , no obstante, un excelente punto de partida, paraotros trabajos individuales, que luego volverán a ser digeridos en común. Con toda seguridad, que habrá muchos puntos que rectificar.Es que la necesidad de actualizar a cada hora del momento no se detiene nunca y siempre aprieta y constriñe con lamisma intensidad. Aquí están los puntos fundamentales: el planteamiento jurídico y político del Carlismo, su sentido y justificación histórica, los muros maestros de su contenido doctrinal: el concepto mismo de la tradición hispánica y elalcance básico de su lema: Dios, Patria, Fueros, Rey.A mi modo de ver, esta preocupación actualizadora contiene importantes logros científicos. Creo que es la primeravez, por ejemplo, que se expone de una manera sucinta y autorizada la problemática técnico-jurídica del fuero, elcuadro institucional del Estado carlista o la versión de las libertades concretas del tradicionalismo en el lenguajemoderno de la teoría de los derechos naturales. Por eso mismo, estimo también que el libro podrá ser de extraordinariautilidad para los universitarios no carlistas que quieran saber cómo se expresa la doctrina clásica en términos actuales, y para todos los carlistas que a veces sienten que vacilan sus convicciones, por no hacer la traducción de los términosclásicos a los términos actuales de una ciencia política, fuertemente influida por las nuevas realidades sociológicas.Todo lo que aquí se expresa es discutible, porque los carlistas no conocen otros dogmas que los de la ReligiónCatólica y la fe de Cristo. Pero, sin duda, que aquellos que se llamen carlistas y no "sintonicen espiritualmente " con elconjunto global de esta obra, deber n meditar muy seriamente si de verdad permanecen todavía dentro de la comunióntradicionalista, o si -sin quererlo o sin saberlo- han resbalado insensiblemente fuera de su ideario. Nadie está obligadoa ser carlista. Pero, por el respeto que debe merecer este término -que está dignificado por la sangre de muchosmártires que han testificado la tradición hispánica-, a todo el que por cualquier circunstancia se haya sentido llamado aapropiárselo, quien vea que no le conviene, que lo deje en paz. No se es carlista por tener un carnet, como no se deja deser carlista porque se lo expulse a uno de cualquier organización. Se es carlista por confesar una doctrina, y se deja deserlo por dejar de creer en ella, en el fuero interno. Pues bien, con todas las discrepancias de detalle que se quieran, en