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Via Shadhilita de René Guénon

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 Via Shâdhilita de René Guénon
‘Abd al-Wâhid Yahya (al-Shâdhili) René Guénon
Por Oscar Freire
bísmil-lâhi r-rahmâni r-rahîm
Con el Nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo
El Señor del oriente y del occidente,no hay dios sino El; tomadlo como Protector”.Corán LXXIII, 8.
 Según cualificados sabios musulmanes, la obra de René Guénon, por su doctrina central, lade la Unidad del Ser, Wahdat al Wujûd y por la realidad y exigencia que comporta, debeconsiderársela no sólo más allá de cualquier sentido literario, sino también ornada de lasmismas cualidades que posee todo legado documental que provenga de un Sheykh auténticoversado en los conocimientos esenciales, ma’ârif wa ma‘ânî. Es decir, primariamente, talcomo una operación teórica del Tawhîd (Unidad) de la cual, por estar adornada de la verdadque se dice, de la veracidad de quien habla y por la eficacia del método que se aplica, nodeja de desprenderse una influencia que puede llegar, por “acción concordante” a producirciertas “resonancias” en los espíritus dotados de predisposición, cuales luego, deberíanasumir las responsabilidades personales de eventuales requerimientos posteriores.La asociación no es fortuita ya que, la realización de dicha obra implica no solamenteconocimientos previos (transmisiones orales y de otros ordenes) además de un compromisosolemne (‘aqd), sino también, resume dignidades y cualidades de anciano, guía, sabio ygnóstico (Sheykh, imâm, ‘âlim y ‘ârif), precisamente, las cuales se hallan en perfectaequivalencia con los cuatro grados y las tres modalidades tradicionales del Tawhîd en lastradiciones islámicas (afirmación, shariyah, doctrina, tarîqah y realización, haqîqah);incluyendo la rigurosa distinción que necesariamente debe efectuarse entre “sufismo” ytaçawwuf tal como veremos en el curso de nuestro comentario.Otra posible asociación, de acuerdo a los métodos de la isâra (sentido espiritual o anagógico)se desprende del conocido nombre islámico de René Guénon: ‘Abd al- Wâhid Yahya (Servidordel Único) en perfecta coincidencia con las consideraciones de nuestro parágrafo anterior.Por sólo mencionar uno de los aspectos de dicho compuesto patronímico, el de su términocentral (al-Wahid) observamos que deriva en la nota cualitativa de acción (wahhada) quecomporta la significación de “hacer único” o “afirmar como único” de donde la “afirmación dela Unidad divina”, sean cuales fueren las efusiones (ya que trata de su esencia) se erigecomo la primera modalidad en las funciones de todo auténtico mutaçawwuf.Asimismo, en lo que sigue, además de ciertas apreciaciones relacionadas y como motivocentral de nuestra anotación, sumaremos brevemente algunos significados derivados de lavoz Shâdhiliyya que, entre tantos aspectos inagotables, representan el método (tarîqah) y lafiliación espiritual seguidos por René Guénon dentro de la ancha vía muhammadiana.
Observaciones generales
Antes de desarrollar el punto central podríamos mencionar, al menos sea de paso, una deesas notables falacias que consiste en revestir la obra de Guénon con el mote de “guenonismo”, es decir, aquello sugerente como el producto sistemático de una creaciónindividual relegada al campo de las iniciativas particulares haciendo abstracción de lo que elmismo ha repetido en numerosas ocasiones en aquel sentido de no haber expuesto nunca nisistemática (no se debe confundir método con sistema) ni enteramente aquella doctrinadonde Guénon se ubicaba como adaptador, expositor e intérprete en tanto en cuanto unaactitud de aludir y atenerse metódica y lo mas exhaustivamente posible a lo que, en modo
 
providencial, ya se hallaba establecido, refiriéndose a lo olvidado en nuestra época: ladimensión trascendente de las diversas formas tradicionales derivadas de un acervouniversal.Aparte de esto, no entraremos a discutir las variadas valoraciones que pudieran extraerse delas diversas biografías y semblanzas históricas que, por distintos canales de edición, handevenido al conocimiento público hasta el día de hoy. Del mismo modo, no hemos deincursionar en un discernimiento en cuanto a la calidad y pluralidad de los niveles de lecturao de interpretación que han venido expresando sobre su vasta obra aquellos múltiplesseguidores volcados al estudio de su doctrina. Si bien, han surgido excelentes trabajos, otrosparecen haber naufragado ante la problemática de los errores de comprensión, enmarcadosdentro de las reglas respectivas a la teoría de la significación moderna, y aunqueconsideremos que se hace necesario el hecho de cotejar las corrientes de pensamiento conlas que frecuentemente aparece asociada la figura de nuestro autor, no ha de ser, en estaoportunidad, el motivo principal que nos convoca.Tampoco abordaremos, al menos literalmente, aquellas cuestiones planteadas a resultantesdel inevitable requerimiento de precisiones y preguntas que de uno u otro modo muchos desus seguidores se han hecho sobre ¿cómo, donde y ante quienes René Guénon pudo hallarlas herramientas para efectuar tal magistral síntesis?. Y aún cuando se halle bastanteestablecido el hecho de haber recibido tempranas enseñanzas orales por parte derepresentantes del esoterismo de las tradiciones hindúes, chinas e islámicas, creemos queestas cuestiones (en sus aspectos internos) salvo valiosas excepciones no han despertadotodo el interés que podría esperarse de ello ya que, lamentablemente, en no pocas ocasionesy al modo de “información literal” han sido utilizadas para abonar algunas de las fantasíasenraizadas en el imaginario occidental moderno respecto de los métodos del Orienteintelectual (1). Podríamos añadir, desde otro punto de vista de la misma cuestión que,debido a sus condiciones de actualidad, el mismo Guénon se ha encargado de acentuar laimportancia de los métodos orientales en las cuestiones de alta intelectualidad y, al mismotiempo, dar parte de las respectivas respuestas a dichos interrogantes las cuales se hallantaxativamente expuestas y diseminadas a lo largo de su propio legado escriturario,especialmente, en su “Oriente y Occidente” (1924) donde reiteradamente enunciabapalabras como estas: “ Finalmente, aprovecharemos esta ocasión para agregar que nos inclinamos mas que nuncaa considerar que el espíritu tradicional, en cuanto todo aquello que está todavía vivo,permanece intacto únicamente en sus formas orientales. Si Occidente posee todavía en sí mismo los medios de regresar a su tradición y de restaurarla plenamente, es a él a quienpertenece probarlo. En la espera, estamos obligados a declarar que hasta aquí no hemospercibido el menor indicio que nos autorice a suponer que Occidente, librado a sí mismo, searealmente capaz de llevar a cabo esta tarea, con la fuerza que impone la idea de sunecesidad”(Addendum).Evidentemente, después de las consideraciones de Guénon si bien se ha desarrollado lo queel mismo ha fundado al modo de una nueva y providencial perspectiva denominada como “Estudios tradicionales” seguida de una formidable bibliografía de calidad y de un cada vezmás creciente interés general sobre los aspectos intelectuales que conciernen con ciertaimportancia al Oriente, Sin embargo, no podemos dejar de notar últimamente que, estomismo, corre serios riesgos de convertirse cada vez más en una suerte de “género literario” con muy diversas aristas al uso profano y moderno; y al que no pocos parecen dedicarse sinpoder encarar o encontrar debida y efectivamente los diversos métodos disponibles quepermitirían algún acceso por el lado interior de las expresiones y salvar, de algún modo, losserios obstáculos que siempre representan en los contextos elaborados solo literariamente (a “pura forma”) o como persistentes filtraciones de las interpretaciones literales (definida porla voz árabe rams - delimitación o “contorno”- en oposición al sentido superior). Esto puedeconcernir de alguna manera a quienes como lectores de Guénon han dedicado sus esfuerzosa otra cosa en lugar de la impostergable consideración de poder tomar contacto efectivo conel mismo centro intelectual de las fuentes orientales a efectos de alcanzar comprensiva yefectivamente el ma’nâ, la realidad inteligible, en este caso, el sentido espiritual de laspalabras lo cual, entre otras cosas, no hubiera dejado de contribuir en atenuar aquello quepalmariamente se ha venido agravando aún más en los términos generales del Occidentemoderno(2).
 
De tal manera, sobre Guénon, creemos que hacen falta aún más de aquellos trabajos almargen del canon literario moderno a los efectos de intentar evitar ciertas deformaciones desu imagen que contribuyen no sólo a torcer el sentido de su obra, sino también, a olvidar loque subyace en ella: el discernimiento entre su estado y sus funciones con relación a dichasfuentes.Por lo tanto, nos dedicaremos, al menos brevemente, sólo a considerar unas pocas aristasque corresponden, en este caso, al compromiso personal que sufragara Guénon con unaparte de dichas fuentes orientales, es decir, a su completa integración en la tradiciónislámica. Puntualicemos que, para llevar a cabo una comprensión en tal sentido sobre lostrabajos de Guénon demandaría de una extensa puesta a punto cuya labor, si bien ya se haemprendido, numerosos e importantes puntos se encuentran aún pendientes de tratar (3).De tal modo, consideramos que siempre ha de resultar imprescindible abordar no solamenteel rol de musulmán de quien, al mismo tiempo, perteneciera a los estrados reservados deuna de las ramas mas elevadas de la intelectualidad islámica, si no también, de laimportancia de algunos aspectos que esta circunstancia comporta en su trayectoriaintelectual, ya que ellos se nos han de presentar como altamente reveladores, no solamentede su dignidad (el Shaykh al-Islâm ) y de sus atributos como defensor de la Tradiciónortodoxa (nâsir as-sunnah) o como impugnador de toda novedad profana (bid’ah), sinotambién de su método (tarîqah), su ciencia (‘ilm), su estado (hâl), y su vida (sîrah).Curiosamente, el hecho de haberse acogido al Islam promediando su juventud (4), salvovarias de las buenas referencias abordadas por personas allegadas y otros cualificadosautores (5) no parece ser un tema lo suficientemente tratado por parte de los estudiososoccidentales quienes en sus contextos de orden general le han dedicado sólo la referenciahistórica de rigor acompañada por escuetos comentarios. También es verdad que haycorrientes de pensamiento que adoptando la figura de Guénon han desestimando totalmentela importancia y la influencia de la tradición islámica sobre su vida y su obra. De todosmodos, es probable que, en el caso de la mayoría, no se deba esta circunstancia a la malafe, sino a la ausencia de datos exhaustivos sobre ello; y por la reconocida reserva quemantenía Guénon sobre las cuestiones de intimidad o de índole personal que han rodeado suvida.
Shaykh ‘Abd al-Wâhid Yahya
Por consiguiente, centremos nuestra atención en un par de lineamientos que intentan operaral menos parcialmente en el sentido de algunas claves que permitan examinar ciertosaspectos inherentes a la atribución musulmana de “shâdhilita” (6) que, como se sabe, hacaracterizado la principal filiación espiritual dentro del Islam de quien ha sido reconocidocomo el Shaykh ‘Abd al-Wâhid Yahya (Juan, Siervo del Único) un significativo apelativotradicional dado a conocer a la vertiente exterior o aquello correspondiente a la shariyah (7)y que, seguramente, debido a un alto grado de realización, ha cumplido en este caso lafunción de encubrir, análogamente, otros posibles nombres simbólicos en coincidencia con elrango obtenido por el lado interior o aquello correspondiente a la haqîqah (8).Es importante aclarar que, así como los patronímicos árabes se relacionan a las cualidadesdivinas, del mismo modo, los nombres “designativos” de las cofradías expresan los diversosgrados de la travesía espiritual alcanzados por su respectivo mentor o Shaykh, además derevelar frecuentemente, por identificación, la meta o aquel núcleo resumido en una realidadque es completamente suficiente y, por tanto, ya en Esencia, nada tendría que ver con elsentido precursor, útil e inevitable, de las denominaciones parciales o de la ontología de lascosas ni con una particular teología de las cualidades divinas sólo necesarias en cuantoconcierne técnicamente a las obligatorias normas de la shariyah o en otro nivel, a lo que esdesignado como turuq o vía (9). En cuanto a esto concierne, las estaciones son modos deidentificación provisorios en carácter de simbolizar en diversos grados a la IdentidadSuprema (10). Un motivo fundamental por el cual precisamente no debe olvidarse laprincipal referencia inversa para quienes avanzan profunda y efectivamente en ello cuandoseñala a su vez que, tal Identidad, en Sí, no es símbolo de nada en especial hallándose másallá de cualquier formalidad particular.Estas observaciones puntuales nos permiten abordar el tema sorteando los efectos de latendencia “nominalista” moderna proclive a conferir nombres al modo de etiquetas, más alas voces de otros idiomas, sobretodo, a las que corresponden a los giros orientales con los

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