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PREFACIO A LA TRANSGRESION

PREFACIO A LA TRANSGRESION

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FOUCAULT
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Published by: Natalia Piza Calvache on May 15, 2008
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PREFACIO A LA TRANSGRESION
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Michel Foucault
Se cree cilmente que en la experiencia contemporánea la sexualidaddescubrió una verdad de naturaleza que habría aguardado pacientemente muchotiempo en la sombra y bajo diversos disfraces y que solo nuestra perspicacia positivanos permite hoy descifrar antes de tener el derecho de acceder finalmente a la plenaluz del lenguaje. Sin embargo la sexualidad nunca ha tenido un sentido más inmedi-atamente natural y sin duda nunca ha conocido una "felicidad de expresión" tangrande como en el mundo cristiano del pecado y los cuerpos desposeídos de lagracia divina.Lo demuestran toda una mística, toda una espiritualidad, que no podían deningún modo dividir las formas continuas del deseo, la embriaguez, la penetración, eléxtasis y la comunicación íntima que se desvanece; todos estos movimientos lossentían transcurrir sin interrupción ni límites hasta en el corazón de un amor divino delcual eran recíprocamente el último agujero y la fuente. Lo que caracteriza a lasexualidad moderna, de Sade a Freud, no es haber encontrado el lenguaje de surazón o de su naturaleza sino haber sido "desnaturalizada", y por la violencia de susdiscursos –arrojada a un espacio vacío en el que no encuentra más que la formaestrecha del límite y donde no tiene más allá y prolongación sino en el frenesí que larompe. No hemos liberado la sexualidad pero la hemos llevado exactamente al límite:límite de nuestra conciencia ya que finalmente ella dicta la única lectura posible, paranuestra conciencia, de nuestra inconsciencia; límite de la ley, ya que aparece como elúnico contenido, absolutamente universal de la prohibición; límite de nuestro lenguajepues dibuja la línea de espuma de lo que puede alcanzar completamente sobre laarena del silencio. Por consiguiente no es por la sexualidad como nos comunicamoscon el mundo ordenado y felizmente profano de los animales; ella es más bien cisura:no alrededor de nosotros para aislarnos y designarnos sino para trazar el límite ennosotros y dibujarnos a nosotros mismos como límite.Quizás se podría decir que ella reconstruye la única división que todavía seaposible en un mundo en el que ya no hay objetos ni seres ni espacios para profanar.No es que ofrezca nuevos contenidos a gestos milenarios sino porque autoriza unaprofanación sin objeto, una profanación vacía, replegada sobre misma, cuyosinstrumentos no se dirigen a nada diferente de ellos mismos. Ahora bien, unaprofanación en un mundo que ya no reconoce sentido positivo a lo sagrado -no esacaso lo que más o menos se podría llamar transgresión? Esta, en el espacio quenuestra cultura da a nuestros gestos y a nuestro lenguaje, prescribe no la única
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TRADUCCION: VICTOR FLORIAN, Profesor Titular, Departamento de Filosofía, UniversidadNacional de Colombia.
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manera de encontrar lo sagrado en su contenido inmediato sino recomponerlo en suforma vacía, en su ausencia por esto mismo convertida en centelleante. Lo que de lasexualidad puede decir un lenguaje si es riguroso no es el secreto natural del hombre,no es su tranquila verdad antropológica sino que es sin Dios; la palabra que le dimosa la sexualidad es contemporánea en tiempo y estructura con aquella por la cual nosanunciamos a nosotros mismos que Dios había muerto.El lenguaje de la sexualidad,desde que Sade pronunció las primeras palabras, hizo recorrer en un solo discursotodo el espacio del que de pronto se convertía en el soberano, nos ha subido hastauna noche en la que Dios está ausente y en la que todos nuestros gestos se dirigen aesa ausencia en una profanación que a la vez la designa, la conjura, se agota en ella,y se encuentra reducida por ella a su pureza vacía de transgresión.Hay una sexualidad moderna, es aquella que al tener sobre sí misma y en lasuperficie el discurso de una animalidad natural y sólida se dirige oscuramente a laAusencia, a esa cima en la que Bataille colocó los personajes de
Eponine
por unanoche que no logra terminarse: "En esa tensa calma, a través de los vapores de miembriaguez, me pareció que el viento caía; un largo silencio emanaba de la inmen-sidad del cielo. El sacerdote se arrodilló suavemente... cantó de un modoconsternado, lentamente como a una muerte: Miserere mei Deus, secundummisericordiam magnam tuam. Ese gemido de voluptuosa melodía era tan sospechoso!Confesaba extravagantemente la angustia ante las delicias de la desnudez. Elsacerdote debía vencernos y se negaba, y el esfuerzo mismo que hacía por liberarseera una afirmación mayor; la belleza de su canto en el silencio del cielo lo encerrabaen la soledad de un tétrico deleite... ...De esta manera yo era levantado de mi dulzor por una aclamación feliz, infinita, pero ya vecina del olvido. En el momento en que ellavio al sacerdote, saliendo visiblemente del sueño en que permanecía aturdida,Eponine se puso a reír y tan rápido que la risa la trastornó; ella se volvió e inclinadasobre la baranda parecía sacudirse como un niño. Reía con la cabeza entre lasmanos y el sacerdote que había interrumpido una risa con gritos mal acallada, con losbrazos en alto, no levantó la cabeza sino ante un trasero desnudo; el viento habíalevantado el abrigo que, en el momento en que la risa se apoderó de ella no habíapodido mantener cerrado"Quizás la importancia de la sexualidad en nuestra cultura, el hecho de quedesde Sade haya sido ligada tan frecuentemente a las decisiones más profundas denuestro lenguaje, tiene que ver justamente con ese vínculo que la liga con la muertede Dios. Muerte que de ninguna manera hay que entender como el fin de su reinohistórico ni la comprobación auténtica de su inexistencia sino como el espacio enadelante constante de nuestra experiencia. La muerte de Dios, al quitarle a nuestraexistencia el límite de lo Ilimitado, la reconduce a una experiencia en la que ya nadapuede anunciar la exterioridad del ser, por consiguiente a una experiencia interior ysoberana. Pero una experiencia semejante en la cual estalla la muerte de Dios,descubre como su secreto y su luz a su propia finitud, el reino ilimitado del límite, elvacío de ese franqueamiento en el que ella desfallece y hace falta. En este sentido laexperiencia interior es completamente experiencia de lo impo sible (siendo loimposible aquello con lo que la experiencia se hace y lo que la constituye). La muertede Dios no ha sido solamente el "acontecimiento" que suscitó la experienciacontemporánea bajo la forma en que la conocemos, ella dibuja también indefinida-mente la gran nervadura esquelética.
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Bataille sabía bien qué posibilidades de pensamiento podía abrir esa muerte ytambién con qué imposibilidad comprometía al pensamiento. En efecto, qué quieredecir la muerte de Dios sino una extraña solidaridad entre su inexistencia que estallay el gesto que lo mata? Pero qué quiere decir matar a Dios si no existe, matar a unDios que no existe? Tal vez al mismo tiempo sea matar a Dios porque no existe y paraque no exista: y esto es la risa. Matar a Dios para librar a la existencia de esaexistencia que la limita pero también para reducirla a los límites que borra esaexistencia ilimitada (el sacrificio). Matar a Dios para reducirlo a esa nada que es él ypara manifestar su existencia en el corazón de una luz que la hace resplandecer como una presencia (es el éxtasis). Matar a Dios para perder el lenguaje en unanoche ensordecedora y porque esa herida debe hacerlo sangrar hasta que brote "uninmenso aleluya perdido en el silencio sin fin" (es la comunicación). La muerte deDios no nos restituye a un mundo limitado y positivo sino a un mundo que se desataen la experiencia del límite, se hace y deshace en el exceso que lo transgrede.Indudablemente es el exceso el que descubre la sexualidad y la muerte deDios ligadas en una misma experiencia; o aún, que nos muestra como en "el másincongruente de todos los libros" que "Dios es una muchacha pública" y en estamedida se encuentran indudablemente desde Sade el pensamiento de Dios y elpensamiento de la sexualidad pero nunca en nuestros días tan ligados en una formacomún como en Bataille con tanta insistencia y dificultad. Y si fuera necesario darle unsentido preciso al erotismo, en oposición a la sexualidad, sin duda sería este: unaexperiencia de la sexualidad que por sí misma liga la superación del límite con lamuerte de Dios. "Lo que el misticismo no pudo decir (en el momento de decirlodesfallecía) lo dice el erotismo: Dios no es nada si no es la superación de Dios mismoen todos los sentidos; en el sentido del ser vulgar; en el del horror e impureza; en fin,en el sentido de nada..."Así del fondo de la sexualidad, de su movimiento que nada limita jas(porque es, desde su origen y en su totalidad, encuentro constante del límite), y deese discurso sobre Dios que Occidente ha tenido desde hace tanto tiempo, sin darsecuenta claramente de que "no podemos agregar impunemente al lenguaje la palabraque supera todas las palabras" y que por esto mismo estamos situados en los límitesde todo lenguaje posible -se perfila una experiencia singular: la de la transgresión.Quizás algún día ella aparecerá tan decisiva para nuestra cultura y tan enterrada ensu piso como lo fue no ha mucho la experiencia de la contradiccn para elpensamiento dialéctico. Pero a pesar de tantos signos dispersos, el lenguaje en elque la transgresión encontrará su espacio y su ser iluminado está casi enteramentepor nacer.Sin duda es posible encontrar en Bataille los leños calcinados, la cenizaprometedora de un tal lenguaje.***La transgresión es un gesto que concierne al límite; es ahí en esa finura de lalínea que se manifiesta el destello de su paso pero quizás también de su trayectoriatotal, su origen mismo. El trecho que cruza podría ser todo su espacio. El juego de losmites y la transgresión parece estar regido por una obstinacn simple: la
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