informales o en una justicia más de proximidad. El caso de las pequeñas disputasescolares que antaño resolvían los maestros de forma equitativa, son ahora policializadas y, posteriormente, judicializadas, atascando en no pocos casos lasfiscalías de menores. Sin duda la crispación de la vida moderna, la sobrecarga deviolencia que padecen las sociedades de riesgos están detrás, entre otros factores, detodo ello.Cada vez es más frecuente acudir a los Tribunales ante cualquier conflicto, por pequeñoque éste sea. Es una paradoja cada vez más común que personas que viven en el mismo barrio, incluso en el mismo edificio, deleguen la gestión de sus conflictos en un juez,esperando a que éste resuelva la cuestión de un modo satisfactorio para ambos. Peroesto, a menudo, no sucede así. Hipertrofiado el carácter simbólico del Derecho penal,aunque éste se revela cada día más como poco idóneo para resolver los conflictos de las personas, porque no atiende a las necesidades actuales de las mismas, sigue siendo elúnico cauce que encuentran los ciudadanos para resolver las disputas y para satisfacer lademanda de respuesta ante la comisión de un delito.En esta situación, las estrategias de mediación penal se presentan como una alternativa aesta
única vía
. Una sociedad responsable debe tener resortes propios para la gestión delos conflictos al margen del procedimiento establecido por el Estado para canalizar los problemas más graves, esto es, el proceso penal
. Efectivamente, el respeto al principiode derecho penal mínimo ayudaría a potenciar una mayor responsabilidad personal ysocial en la gestión de los conflictos a través de los resortes existentes en el tejido socialy viceversa, una sociedad civil más involucrada en la resolución de sus problemas,ayudaría a conservar un principio como el de derecho penal mínimo, hoy día en trancede desaparecer merced a la multiplicación de tipos penales y el aumento cuantitativo delas penas.Efectivamente, el proceso penal trata de esclarecer si el hecho denunciado existió, si elimputado participó activamente en él y con qué grado de responsabilidad. Sin embargo,la mediación parte de una premisa distinta y persigue otra finalidad: el punto de partida para que tenga lugar un proceso de mediación es el reconocimiento voluntario de laexistencia del conflicto por parte de víctima e infractor. Esta distinción es muyimportante, pues dicho reconocimiento voluntario de la autoría
(y el acto deresponsabilidad que manifiesta) es el único punto de partida para la resolución delconflicto. En el caso del proceso penal rara vez existe un reconocimiento espontáneo delconflicto por parte del infractor; con lo que no se cumple el mínimo presupuestonecesario para poder resolverlo. “No puede haber diálogo si lo único que hay esinterrogatorio”.
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Esto también es válido para la llamada violencia de género. No se puede pedir que sea el derecho penalel protagonista casi exclusivo de la resolución de todo tipo de conflictos. Cf. M.A. ENCINAR DELPOZO,
Reflexiones acerca de la violencia doméstica,
en www.uc3m.es/larevistilla
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Naturalmente, el reconocimiento de la autoría, no implica que deban dejarse de valorar a la hora deestablecer la cuantía de la condena, cuantas otras circunstancias concurran para modular la antijuridicidady la culpabilidad
.
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M. CARMENA CASTRILLO
,
Posibilidad de resolución dialogada de los conflictos penales,
en IJornadas sobre Mediación penal y Drogodependencias, Madrid, Asociación Apoyo 3-4 de octubre de2002, 33. Cf. Actas de las Jornadas en www.uc3m.es/larevistilla
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