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Participación ciudadana y movimientos sociales

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Participación ciudadana y movimientos sociales
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Por Sergio Tamayo
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INTRODUCCIÓN
:No siempre la participación se ha asociado a los movimientos sociales. La visióndominante se refiere a la participación institucional restringida al voto y articulada alsistema político. La acción de los movimientos sociales se colocaría, por así decir, en unespacio no-institucional. En este trabajo explico las formas institucionales y no-institucionales de la participación ciudadana y los movimientos sociales, referidos a laexperiencia derivada de los últimos quince años en América Latina y México.La Región está inserta en un contexto complejo y hegemónico de globalización,y de una visión unívoca de democracia. En este sentido, el tema de la participación se haconvertido en el propósito de múltiples grupos sociales y políticos de diversasideologías, tanto como de gobiernos instituidos en toda América Latina. Las corrientesneoliberales hegemónicas sostienen, por un lado, que la participación es el medioidóneo para garantizar estabilidad y gobernabilidad en la región. Aunque, una vertientecrítica liberal al liberalismo tradicional, considera que las condiciones de modernizacióny desarrollo económico ameritan un tipo de participación distinto que no puede yareflejar los términos habituales de la relación Estado-sociedad civil, sino que debeampliar las formas de acción hacia el reconocimiento de la diferencia y la reinvencióndel activismo político. Por otro lado, la izquierda radical aún no ha podido asimilar elhecho que la subversión a partir de la participación de ciudadanos puede existir. Criticaaún el concepto de participación como una categoría burguesa de integración ysometimiento. No acepta que la diferencia depende, en todo caso, de los contenidos delas formas de acción ciudadana.No obstante lo anterior, tendríamos que reconocer, que desde el derrumbe delbloque soviético, se ha observado una consolidación y expansión de las democraciasliberales a nivel mundial, específicamente en América Latina, en lo que se ha llamado la
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Agradezco el espacio generado en el seminario permanente del Centro de Estudios de la Ciudad, de laUniversidad Autónoma de la Ciudad de México, organizado en 2005 por la Dra. Ana Helena Treviño,lugar que abrió una amplia discusión sobre ciudadanía, participación y movimientos sociales. Asimismovaya un fraternal reconocimiento a mis alumnos de los seminarios sobre Democratización,Gobernabilidad, y Movimientos Sociales del eje curricular en sociología política de la UAMAzcapotzalco, por sus críticas, reflexiones y comentarios a este tema, en especial a Melissa Hernández ySergio Velarde. Por las últimas lecturas críticas al manuscrito agradezco a Guadalupe Olivier y FrancisMestries.
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Profesor-investigador del Grupo de Análisis Político, Departamento de Sociología, UniversidadAutónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco., sergiotamayo1@prodigy.net.mx
 
2tercera ola de la democratización. Más aún, el referente que se ha tenido hoy sobre losdistintos bloques geopolíticos, a diferencia del pasado, no ha diferenciado a lassociedades entre las que conforman el primero o tercer mundos; o entre paísesdesarrollados y subdesarrollados; o centrales y periféricos. Se habla ahora de países condistintos grados de consolidación de sus regímenes
“democráticos”, esto es:
democracias consolidadas, democracias emergentes, democracias inestables, etcétera(Norris, 1999). De hecho, según el informe 2000-2001 de
Freedom House
, de las 35naciones en América, son 33 las
consideradas “democracias electorales”. De estas 33,sólo 23 son “Estados libres” y 10 “parcialmente libres”.
Lo
s países “no libres”
, según laclasificación, son los dos restantes: Cuba y Haití (
Cf 
. Norris 2002). Sin embargo, estosprocesos de democratización han experimentado, en México y otros países de la región,graves problemas sociales y políticos, como: la pérdida de fórmulas de gobernabilidad,la constatación de democracias inestables, la emergencia de actores estratégicos notradicionales y la incapacidad del sistema para incluirlos institucionalmente; elsurgimiento de contradicciones entre el impulso de políticas democráticas, ladisminución sistemática de recursos estatales y la fragmentación del sistema de partidos(Coppedge, 2001). Así que el asunto se convierte en un dilema: ¿Cómo garantizar lagobernabilidad? El debate se ha orientado hacia definir los adjetivos que se le impone ala democracia, es decir ¿Qué tipo de democracia debemos ejercer? ¿La moderna,representativa, parlamentaria, pluralista, constitucional, deliberativa, directa, sustantiva,etcétera? (
cf 
. Mouffe, 2003).Democracia, en su definición llana, significa poder del pueblo. Pero no puedeexistir el poder del pueblo, si los miembros de esa comunidad no lo ejercen,participando activamente en la argumentación y solución de los problemas públicos. Deahí que el término participación tiene una relación intrínseca con el de democracia.Partamos de un acuerdo: tanto la democracia como la participación son conceptosesencialmente políticos. Parafraseando a Touraine, a partir de la correspondencia entredemocracia y ciudadanía, diría que la ciudadanía es la conciencia de pertenencia a unacolectividad política, asentada sobre la responsabilidad de los ciudadanos. El ciudadanodebe sentirse responsable de su gobierno, a partir de la representatividad de losdirigentes y de la libre elección de éstos por los dirigidos, lo que constituiría unapráctica democrática (Touraine, 1995:99).Entonces, los derechos políticos de los ciudadanos son derechos a laparticipación, como ejercicio de poder, en tanto miembros de la comunidad; también
 
3podría decirse, son derechos a la participación como parte del colectivo de electores(Opazo, 2000). La participación, aunque existen distintos significados y formas, es unadimensión central en la construcción de la ciudadanía y de la identidad ciudadana.Participar
de
la comunidad es tener la capacidad de poseer atributos o cualidades de esacomunidad; en tal sentido participar es compartir, es una condición de estar relacionadoa un todo más grande, y en consecuencia, sentirse incluido. Participación es tomar partede, o tomar una parte (equitativa y justa) de algo. Participar
en
la ciudadanía, tiene quever con la toma de decisiones, y por lo tanto directamente con el concepto dedemocracia (Sieder, 1999; Chomsky y Dieterich, 1995; Dahl, 1999). Es el lugarconsentido de la esfera pública, como espacio, como representación, y comoinevitabilidad de la política (Alejandro, 1993).Estudios sobre la participación se han dividido al menos en dos corrientes:aquella que estudia las formas de participación institucional y de la democraciarepresentativa (
Cfr 
. Villasante, 1999; García y Lukes, 1999; Crouch, 1999; Philips,1999; Somers, 1999), y aquella que examina la participación directa de la sociedad civil,contra el control social del Estado, a través de los movimientos sociales (Touraine,1995, 1994; Cohen y Arato, 2000; Turner, 1986, 1990; 1997; Barbalet, 1988; Tilly, Ch.,1995; Pamplona, 1996).La participación sin embargo no es sólo una dimensión funcional de laciudadanía. Depende del modelo de ciudadanía y de la cultura política de que se trate,en cada Estado. Dependería, en palabras de Touraine de la historicidad del conflictosocial. En palabras de Brubaker, de la experiencia histórica. El modelo de democraciaparticipativa, por ejemplo, enfatiza la dimensión activa del ciudadano y suinvolucramiento en la construcción de la sociedad; por lo tanto, le asume unpreponderante rol público. El modelo conservador, por el contrario, sobreestima losdeberes de los ciudadanos y por lo tanto sugiere una actitud de pasividad y obediencia.De ahí podemos deducir que para los conservadores, la participación es un atributo quepuede darse, pero no una obligación.Participar en la comunidad desde las instituciones representativas desarrolla untipo de organización y normatividad, formas de representatividad y niveles deregulación de la participación. Los derechos políticos para votar o para ser representantede un grupo social se ejercen dentro de los límites de la comunidad, donde la membresíase desenvuelve con cierta estabilidad. Este tipo de democracia representativa crea unadistribución peculiar de poder político, por un lado permite una igualdad en la

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