Mi experiencia de 1983
Por Lidia Iris Zeballos
Convencional Metropolitano C.A.B.A. (2007-2009)
C
orría 1983 nuestro corazón sangraba, muchos hermanoshabían desaparecido por el terrorismo de estado, y muchos,muertos por una guerra absurda, declarada como manotazo deahogado de una dictadura que intentaba perpetuarse en el poder.Por fin una generación de argentinos, ya adultos, pero tratadoscomo niños, iban a elegir a sus gobernantes, la esperanza sepalpaba en el aire, y comenzaba la actividad en los partidospolíticos, una tarea que no fue fácil, pero tampoco difícil, la sociedadquería participar, sintiendo la necesidad, la urgencia de lademocracia.Recuerdo con qué emoción en el local partidario llené mi ficha deafiliación (los padrones habían desaparecido) junto a mis hijas de 4,2 y 1 año respectivamente, ellas miraban…y me pregunto ¿sedarían cuenta que con ese acto yo me comprometía a luchar por lademocracia, para que ellos crecieran respetándola para siempre?Fueron pasando los meses y la campaña seacrecentaba, se perfilaban dos candidatos fuertes,Italo Luder (PJ) y Raúl Alfonsín(UCR) el 1° se presentaba con undiscurso setentista y lleno deglorias pasadas, el 2° un discurso hacia la vida.Llego el día del cierre de campaña con una 9 de julio colmada,desbordante de alegría. La multitud coreando…
Siga, siga, siga el baile, al compás del tamboril…vamos a ser gobierno de la mano de Alfonsín…
recuerdo el Preámbulo, cuántos argentinos comenzaron adarse cuenta de lo que significaba a partir de ese momento…y lacanción de Jairo
“Venceremos”
se mezclaba con nuestra MarchaRadical.Al día siguiente en el mismo lugar hace su cierre elPJ y pasa lo “impensable” o tal vez “lo previsible”, en
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