El engaño
John Gray
¿Hasta qué punto permite la verdad la asimilación?He aquí el interrogante, he aquí el experimento. Nietzsche
1. En el baile de máscaras
«Yo compararía a Kant con un hombre que, tras intentar toda la noche conquistar a una belleza enmascarada en un baile, cuando ésta por fin se despoja de su máscara, descubre que setrataba de su propia mujer.» En la fábula de Schopenhauer, la esposa que se hacía pasar por una belleza desconocida era el cristianismo. En la actualidad, es el humanismo.Lo que Schopenhauer escribió acerca de Kant no es menos cierto hoy. De la forma en quese practica comúnmente, la filosofía no es más que un intento de hallar buenos motivos para lascreencias convencionales. En la época de Kant, la fe de las personas convencionales era cristiana;ahora es humanista. Y esos dos credos no difieren gran cosa el uno del otro. Durante losúltimos doscientos años, la filosofía se ha sacudido su fe cristiana. No ha abandonado, sinembargo, el error esencial del cristianismo: la creencia según la cual los seres humanos sonradicalmente distintos al resto de animales.La filosofía ha sido un baile de disfraces en el que la imagen religiosa de la humanidad seha renovado bajo la apariencia de las ideas humanistas de progreso y razón. Ni los másgrandes desenmascarado-res de la filosofía han podido evitar participar en la mascarada. Ape-nas hemos empezado a quitarnos las máscaras de nuestros rostros animales.Los demás animales nacen, se aparean, buscan comida y mueren. Eso es todo. Pero nosotros,los seres humanos, somos diferentes o, al menos, eso es lo que creemos. Somos
personas
cuyasacciones son con secuencia de nuestras
decisiones.
Los demás anímale! viven sus vidasinadvertidamente, pero nosotros somos
conscientes.
La imagen que tenemos de nosotrosmismos se forma a partir de nuestra arraigada creencia de que la
conciencia,
la
individualidad
yel
libre albedrío
nos definen como seres humanos y nos elevan por encima del resto de criaturas.En aquellos momentos en los que tomamos un mayor distanciamiento, llegamos a admitir que esa opinión sobre nosotros mismos es imperfecta. Nuestras vidas se parecen más a sueñosfragmentarios que a materializaciones de nuestro yo consciente. Controlamos muy poco deaquello que más nos importa; muchas de nuestras decisiones más fatídicas son tomadas sin quenosotros mismos lo sepamos. Y aun así, seguimos insistiendo en que la
humanidad
puede lograr aquello que a
nosotros
nos resulta imposible: el dominio consciente de su existencia. Ése es elcredo de quienes han renunciado a la creencia irracional en Dios a cambio de una fe irracionalen la humanidad. Pero ¿qué pasaría si abandonáramos las vanas esperanzas del cristianismo ydel humanismo? Si silenciamos el parloteo constante sobre Dios y la inmortalidad, y sobre el
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Tomado del libro,
Perros de paja
, Paidós, España, 2003.