El Reencantamiento del Mundo
–
Michel Maffesoli
3
relación cualitativa en la existencia donde el gasto ocupa un lugar.Curioso retorno a orígenes míticos. Actitud cuyo resorte secreto, y desde luego inconsciente comotodo fenómeno de importancia, puede ser considerado, por decirlo en términos heideggerianos, comoel "cuidado del ser". Precisemos, no la búsqueda de una
sustancia
precisa: Dios, el Estado, laInstitución, sino algo mucho más indefinido, a saber una adhesión, algo animal, a la vida en toda suambivalencia, bien-estar y mal-estar mezclados.Es precisamente esto lo que está enjuego en la asombrosa vitalidad de las tribus juveniles, laintensidad de sus acciones, la violencia de sus pasiones, el aspecto desconcertante e imprevisible deesas embestidas sucesivas que las caracterizan. La estética es el término esencial que permitecomprender
el juego de los afectos
que resume todo esto. Estética que va por supuesto a la par deesas éticas plurales que vemos en práctica en el
fanatismo
musical, en la adicción a las redesinformáticas, en las adhesiones tan intensas como provisorias a causas humanitarias u otrasacciones compasivas o caritativas, sin olvidar las agregaciones sexuales en función de los diversos"gustos" (homosexual, bisexual, transexual...).La moral general reposa sobre una concepción "ontológica" del mundo: fenómenos, situaciones,identidades intangibles y seguras de sí mismas. Estas éticas plurales son de por sí esencialmentelábiles y provisorias. Pero en vez de lamentarse frente a este costado cambiante, incierto, noinstituido de los fenómenos en cuestión, ¿no puede verse allí la expresión de un humanismoauténtico o integral, a saber una concepción de la cosa humana dinámica, explosiva, precaria perointensa? En pocas palabras, la vida en su aspecto constructor pero también destructor.Frente a ese humanismo museístico y un poco esclerosado, el de las "bellas almas", el de la buenaconciencia, el de las damas de beneficencia, el
humanismo integral
cruel y generoso de los gruposcontemporáneos recuerda el costado aventurero, incierto, trágico de toda existencia. La vida queimplica buena parte de muerte.Le guste o no a los que imparten lecciones y a otros notarios del saber, hay algo de nietzscheano enlos excesos, así como en la ritualidad de la banalidad cotidiana: "yo, bestia de enigma, yo, monstruoluminoso, yo, derrochador de toda sabiduría". El audaz pensador se consideraba al decir esto un"temerario
[casse-cou]
del espíritu". Pero precisamente semejante audacia, vivida más que pensada odicha, es la que encontramos en el mimetismo tribal y en la intensa circulación de informacionespropia de las redes informáticas. Los contactos que las mismas inducen son peligrosos, las relacionesque suscitan pueden ser también "imprudentes"
[casse-gueule]
(eco trivial del "temerario"
[casse-cou]
nietzscheano), pero expresan muy bien la inocente vitalidad del
puer aeternus,
de ese niño eternoque, sin seguridades, sin el pretil de una verdad establecida, vive día a día los diferentes enigmas dela existencia humana. Hay pudor y delicadeza en esta experiencia trágica.Atributos que pueden parecer asombrosos, pero que traducen claramente el abandono de la paranoiaque marcó a las grandes ideologías políticas propias de la modernidad. En efecto, ya no es enfunción de tal o cual sistema teórico que se elaborará la relación con el otro. De allí,
de facto,
latolerancia que prevalece frente a costumbres, maneras de ser, modas indumentarias o diferentescomportamientos que se expresan en las manifestaciones calificadas, púdicamente, como "étnicas".Éstas son, esencialmente,
homosociales,
reposan sobre un sentimiento de pertenencia muy fuerte.Pero al mismo tiempo, ya sea en la indiferencia o en el conflicto, aceptan que puedan existir otrasmaneras de ser o parecer.Este conflicto o esta indiferencia ya no se expresan en el orden de lo político, sino más bien de unmodo lúdico. Lúdico que, recordemos aquí a Caillois o a Huizinga, puede ser agonal o estar lleno deexcesivo vértigo. Tenemos aquí, todavía, una de las marcas del mito del "niño eterno" quien no tienemás que hacer calificaciones morales judicativas o normativas propias de la lógica de lo político.Retomando una expresión corriente, ser "cool" ante uno mismo, ante los otros o ante la vida en
Add a Comment